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El ojo parcial: De Tasmania a la Patagonia


Los dejamos con dos excelentes publicaciones de Alejandra Mancilla en “El ojo parcial”, una interesante iniciativa que recomendamos visitar.

22/05/10 De Tasmania a la Patagonia (Parte I)

24 Mayo, 2010 por alejandramancilla

La fotografía dejaba sin palabras: un río de aguas esmeralda baja tranquilo por una garganta rocosa, sobre la que se elevan árboles milenarios, medio escondidos en la niebla del amanecer. “¿Votaría por un partido que quiere destruir esto?”, aparecía la pregunta más abajo. Pocos se habrían atrevido a decir que sí.


Morning Mist, Rock River Bend, Peter Dombrovskis®.

El aviso, que fue a toda página en los principales diarios de Australia en 1983, antes de las elecciones federales, fue decisivo para evitar la construcción de la polémica represa Franklin en Tasmania, la pequeña isla-estado al sur de ese país. Mientras el gobierno liberal local apoyaba el proyecto, que buscaba reactivar la economía a costa de inundar una zona declarada patrimonio mundial por la Unesco, los laboristas triunfantes en las elecciones del gobierno federal unieron fuerzas con los detractores, generando la mayor campaña ambiental en la historia australiana; una que no habría podido tener éxito de no haber sido por la organización, persistencia y habilidad estratégica de sus dirigentes.

Tras cinco años de marchas masivas, protestas y bloqueo pacífico, los opositores a la represa lograron convencer finalmente al Tribunal Supremo de que era inconstitucional, porque violaba tanto leyes nacionales como tratados internacionales suscritos por Australia. El fallo, conocido como “Tasmania versus Commonwealth”, se convirtió en un clásico del derecho ambiental.

No puedo dejar de comparar este caso con el proyecto de construcción de cinco mega-represas en la Patagonia, que pretenden generar 2.750 MW (¡15 veces más que la represa Franklin!) para saciar la sed energética del Norte. Si en Tasmania al menos la energía producida iba a ser para consumo local, aquí el plan sería acarrearla 2.300 kilómetros, por una de las más largas líneas de transmisión de nuestro planeta. Creo que los chilenos deberíamos hacernos conocidos por otros récords.

En este sentido, la campaña “Patagonia ¡Sin represas!” del Consejo de Defensa de la Patagonia Chilena, me parece bien encaminada. Son más de 30 agrupaciones chilenas y extranjeras las que están trabajando para salvar un ecosistema único de morir inundado… o atravesado por cables de alta tensión. Los argumentos sobran: que la opción más barata hoy será a mediano y largo plazo la más cara (e irreversible); que no es la única alternativa, porque tenemos sol, geotermia y viento en abundancia; que si beneficia a alguien, no es a los locales; y que un número creciente de estudios científicos muestran que las grandes represas no son la energía limpia que claman ser.

Está claro, sin embargo –y aquí el ejemplo de Tasmania es decisivo–, que en estas batallas los argumentos no son lo único que importa. Las espectaculares fotografías de Peter Dombrovskis que se usaron en esa campaña, el jingle “Deja fluir al río Franklin” que sonaba en todas las radios y la pasión de los manifestantes (que en un momento repletaron las cárceles del estado), fueron todos símbolos poderosos a la hora de formar e informar a la opinión pública. Por estas y otras razones –que dejo para la próxima– una mirada a este caso histórico es iluminadora para quienes queremos una Patagonia sin Represas.

Más información en:
National Geographic: Patagonia to be drowned by dams?
Patagonia Sin Represas, página principal

06/06/10 De Tasmania a la Patagonia (Parte II)

8 Junio, 2010 por alejandramancilla

Hace 27 años tuvo lugar el histórico fallo “Tasmania versus Commonwealth”, por el cual el Tribunal Supremo de Australia prohibió la construcción de la represa del río Franklin, que prometía reactivar la economía de ese estado-isla a costa de inundar un biosistema único, declarado patrimonio natural de la humanidad. La tasa de desempleo era de 10 por ciento, la más alta del país, y se convirtió en una de las principales razones esgrimidas –principalmente por grandes industriales y empresarios– para justificar la construcción de la represa. Contra ellos, los miembros del naciente Partido Verde y de la Wilderness Society (Sociedad para la Protección de la Vida Silvestre), junto a una serie de grupos comunitarios y ciudadanos independientes, propusieron otro modelo de crecimiento: uno basado en el cuidado de sus paisajes naturales, con énfasis en la industria de servicios. Desde la distancia, la elección fue acertada. Hoy, junto con la minería, el turismo es la principal actividad económica de medio millón de tasmanos, generando mil millones de dólares anuales (la mitad de los ingresos totales de la industria turística chilena) y atrayendo a casi un millón de visitantes (Chile recibe algo más de dos millones por año).

¿Cómo pudieron persuadir a la gente y a las autoridades de que ésta era la opción viable? ¿Y qué podría aprender de ello el movimiento “Patagonia sin represas”? Tres puntos son dignos de mención.

Primero, gracias a una sólida campaña de comunicaciones, el movimiento de “No a las represas en Tasmania” logró pasar de ser un grupo reducido hasta sobrepasar las fronteras de Australia. Con frecuentes encuestas de opinión mostraron cómo, a medida que se conocían sus implicancias, crecía la oposición al proyecto. Y demostraciones masivas concientizaron a quienes primero no se sentían identificados con el tema. Segundo, los opositores llevaron su lucha a la arena política, más allá de la mera “decisión técnica”. Tercero, lo que ya mencioné en una columna anterior, se sirvieron del arte para difundir su mensaje no sólo con argumentos, sino también con imágenes poderosas.

El Consejo para la Defensa de la Patagonia Chilena ha logrado generar vía internet una campaña extendida y potente. Pero llevarla in situ a todos los rincones del país ayudaría sin duda a que quienes se sienten lejanos al proyecto se involucraran más y no lo sintieran como ocurriendo “al fin del mundo”. Que la decisión es política y no técnica lo dejó claro el bando contrario cuando Enel, dueña mayoritaria de Endesa, mandó a su director ejecutivo Fulvio Conti a conversar con Piñera, a comienzos de este año. Al revés, la gira europea del Consejo ha servido para que los políticos de esos países –con quienes Chile mantiene acuerdos comerciales– se informen y pidan explicaciones al Estado chileno (como ya lo hizo en marzo pasado la Comisión para la Cooperación Ambiental de Canadá). Por último, un documental pronto a aparecer, “Patagonia rising” (Patagonia Levantándose) podría capturar la atención de las masas. Así como una imagen vale más que mil palabras, al fin, una Patagonia vale más que mil represas.

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3 comments

  1. LUIS

    me parece muy bien el ejemplo de Tasmania un pasid esarrollado como Australia se hizo un gran lucha para detener la destrucción del ecosistema lo que falta a los ecologistas es meter mas el asunto en la ciudadania en todo el país la destrucción que va a generara las lienasde transmisión con una energia que solo va a beneficiar a las transnacionales y al centralismos de santiago.

    Ej luche contra Ralco en los 90 y el mismo argumento del desarrollo en el alto Bio-Bio existian comunidades que no tenian electricidad al lado de las grandes represas insolito , comprobando que al energia de la s grandes represas va hacia la capital.

    Y lo que frenara el desarrollo una gran falacia Chile nunca sera desarrollado porqueeste concepto es mas amplio que grandes corporaciones en el sector oriente de la capital , es la forma como hacemos las cosas, el reparto equitativo de la riqueza y la igualdad de oportunidades que en Chile no existen y dudo que existiran

    Un pais tan chico como el nuestro y con tantos recursos deberia ser muy rico y no pagarse sueldos miserables todo es producto del modelo neoliberal el cual es el depredardor del medio ambiente.

    atentamente

    LUIS

  2. Pingback: El falso discurso de Hidroaysén y el agua – Sentidos Comunes

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