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Lo importante y lo urgente: Una invitación a ocuparnos de aquello que subyace a lo que nos urge


Hace unos días, mientras leía una columna de Nicolás Valenzuela sobre la reconstrucción tras el terremoto, recordé, fugazmente, todo lo que había pasado hacia fines de febrero. Ahora, entre tanto sondaje, encamisado y múltiples formas de hacer que todo sume “33”, aquellos eventos parecen lejanos, tanto como de a poco la presencia de las manifestaciones mapuche igualmente se difumina de los titulares y noticiarios –programas que, por salud mental, me prohibí ver desde hoy hasta el fin de la próxima semana.

El tráfago de eventos que componen aquello que le da forma al día a día pareciera venir siempre con el sello de lo urgente: es requerido suspender todo lo demás en lo que nos encontremos ocupados para dar completa centralidad a los nuevos acontecimientos, y así todo ha de girar y sobrecargarse de la noticia con el “hype” del día. De tanta suspensión de la cotidianeidad pareciera que nos olvidamos, en parte, de lo que hemos de hacer regularmente y todas nuestras energías se reorientan hacia el contenido del nuevo titular, que encuentra su versión más “sesuda” en un par de columnas el día domingo en los diarios y que, con ello, es coronado como un evento (más) que dejó de ser relevante.

Tal parece que entre tantas cosas que aparecen como urgentes (el terremoto, la huelga de hambre mapuche, el caso Karadima, las determinaciones del CNTV, el rescate de los mineros, etc.), nos olvidamos de los componentes de base que, de algún modo, explican los eventos que nos quitan el sueño. La referida columna de Nicolás me parece relevante, pues creo que busca, justamente, sacar el foco de aquello que está en negritas para situar la problemática en lo que personalmente considero importante: cómo habitamos la ciudad y las incidencias de aquel ordenamiento. Esto es, lleva uno de los ejemplos arriba citados a un nivel de desarrollo superior, poniendo en el centro del argumento el “cuadro grande” de los problemas asociados a las políticas de reconstrucción, más allá de la “cuña” que podría buscarse a fines de discutir tales temas. Sin embargo, esto parece ser no más que un caso aislado; la reflexión de más largo aliento no tiene los mismos rendimientos mediáticos de la urgencia. El fugaz cameo en las noticias nos demanda más atención que reflexiones sobre lo que acontece en nuestro entorno.

Las dinámicas de operación con las que los medios de comunicación funcionan se comprenden, justamente, a partir de aquella referencia a lo urgente, a lo que ahora está “haciendo noticia”, pero que en unos días más desaparece y, como en “El diario a diario” de Cortázar, no pasa a ser más que un puñado de hojas de papel. ¿Es malo que los medios operen bajo aquella lógica? Probablemente no. El problema, creo, acaece cuando otros ámbitos de la sociedad comienzan a adoptar aquellos criterios y los interiorizan como propios –pienso, por ejemplo, en las “azarosas” coincidencias entre el rescate de los mineros y la agenda presidencial. Una cosa es que los medios se guíen bajo la dinámica de lo urgente, que es además efímero, y otra, muy distinta, es que concibamos a la política, o la acción de grupos sociales, bajo la misma lógica. Creo que fuera del ámbito de la prensa hemos de dejar de ocuparnos de lo urgente para comenzar a poner la atención en lo importante, en aquello que es más que una cuña o un esfuerzo pueril por el dato descriptivo, para comenzar a pensar en diagnósticos y, aún más, en orientaciones políticas  (dejemos, por favor, de tenerle el miedo a la “política”) hacia el futuro, a la forma en que nos gustaría vivir y qué haremos por ello.

¿Qué pasó con el fulgor de las manifestaciones contra la central termoeléctrica en Punta de Choros a la luz de la discusión de otros proyectos de mayor envergadura?

Quizás ya es hora de pasar de aquello que nos urge a lo que nos importa y considerar el despliegue mediático de ciertos eventos como una cuestión accesoria –un potencial “efecto no buscado”– de un trabajo más pensado. Otorguémonos el tiempo para pensar sobre lo importante y decidir a tales efectos, cambiando la orientación desde los casos particulares hacia una noción normativa explícita: preguntémonos en qué sociedad, en qué mundo y qué personas buscamos ser en aquel contexto. Es probable que una vez que tengamos aquellos puntos resueltos no nos escandalicemos de la forma en que hoy ocurren eventos como el de los mineros, quienes, finalmente, fueron capaces de superar –a fuerza de nada más que voluntad– las precarias condiciones de trabajo que, las más de las veces, se olvidan al momento de preguntarnos por qué acontecen eventos de tal orden en nuestro terruño.

Patricio Velasco Fuentes

Sociólogo

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