¿Energía nuclear y qué más?


Desde el año 2004, cuando Argentina comenzó con el abrupto e inesperado corte del suministro de gas, en Chile ha estado en el tapete la discusión sobre la energía. Factores como la popularización de la “problemática ambiental y el calentamiento global” como tema de sobremesa y de pasada como noticia del último tiempo, han causado que el pensar en el futuro en materias de energía “sustentable” pase de ser una mera chuchería y una novedad, a un tema de suma importancia y de gran prioridad. Mientras los chilenos ocupamos más el PC y cambiamos la tetera por el “desconsiderado” hervidor eléctrico, la pregunta del cómo suplir esta demanda se vuelve prioritaria y trascendental.

Como es habitual, lo primero que hacemos ante un peligro, amenaza o posible desastre que llega de improviso es alarmarnos, comenzar a hablar como locos y publicar cuanta idea se nos venga a la cabeza por todas partes y si es posible, armar mucho revuelo y escándalo en el proceso. El impulso y la necesidad de hacer “algo” se vuelven temas populares, sin importar si en verdad ese algo es “algo realmente” o si tan sólo es simple relleno . Comenzamos a mirar hacia afuera en búsqueda de soluciones, propuestas e ideas aprobadas por sociedades “más desarrolladas” que nosotros y, si podemos, nos abanderamos con una de estas grandiosas propuestas y tratamos de concretizarla a como de lugar. Y que quede claro: solo nos ponemos la camiseta con esta idea solitaria y triste que nos gustó tanto y ni siquiera nos preocupamos de los aditivos y preservantes. Como dirían por ahí, nos lanzamos a cantar a capela y sin miramientos. Es de esta forma que hay algunos que salen por aquí defendiendo las benéficas represas hidráulicas, otros por allá que abogan por los siempre beatos y límpidos molinos eólicos, y algunos que de frentón se lanzan por audaces y escandalosas propuestas como la energía nuclear (Dios nos salve), exceso varietal en la viña del señor dicen por ahí. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿realmente nos hemos puesto a pensar seriamente cuál es nuestro problema y cómo debemos resolverlo? Muchas veces, entre tanto alboroto y debate, no queda tiempo para hacernos esta “pequeña” pregunta.

Hoy por hoy existe una necesidad y un problema que cada vez se vuelven más evidente. Nuestra sociedad comienza a necesitar más y más energía utilizable, comenzamos a ya no depender de tan sólo esta energía, sino que también de la percepción que viviendo en un régimen de consumo energético en aumento estimulamos el crecimiento, nos volvemos más desarrollados y por tanto apuntamos a una vida mejor. Para nuestro pesar, sin embargo, el problema no es tan simple como proponer una nueva tecnología de generación y -previos algunos estudios de rutina y cortesía- plantarla en alguna parte del país, dejando a la masa de irreflexivos consumidores derrochando a destajo y sin límite, contribuyendo así, como dicen algunos, al famoso crecimiento del país.

La problemática ambiental es grave (créanme, MUY GRAVE) y pensar en que seguiremos quemando combustibles fósiles y que una demanda creciente de energía es un buen indicador, es algo que simplemente nos llevará a la ruina. Un cambio de tecnología se hace apremiante. Una tecnología de transición que cumpla con las necesidades y expectativas ambientales del momento, que nos permita detener la reacción en cadena que hemos desatado, comprando así el tiempo que necesitemos para poder seguir siendo una especiesobre el planeta y no convertirnos en un simple recuerdo paleontológico, se vuelve un objetivo primordial para nosotros. Bien podría ser que esta candidata sea la energía nuclear: no ensucia el aire, no contribuye al calentamiento global, sus precios son estables, su suficiencia muy constante, y el potencial económico asociado a ella es tentador. Si bien tenemos el grave y aún no resuelto problema de los desechos radioactivos, podríamos decir que es algo con lo cual podríamos lidiar por un tiempo, todo a cambio de detener la vertiginosa y nociva emisión de contaminación fósil a nuestra biósfera. La energía nuclear se convertiría en una buena “tecnología de transición”, hasta que encontremos algo mejor y más sustentable. Más si pretendemos mirar hacia afuera, realizar un vil “copy paste” y en unos años instalar una “inofensiva y productiva” planta nuclear, creo que mi expresión (más que de felicidad y emoción) seria de espanto y desesperación.

Imagínense si hoy nuestras autoridades dieran el vamos a un programa de energía nuclear, abogando por sus virtudes y gracias, expresando su intensión de generar la institucionalidad y cultura necesaria para su correcta implementación y exclamando sobre el esplendoroso futuro que le espera a nuestro país. ¿Qué deberíamos pensar? Considerando el cómoestos temas han sido tratados hasta ahora, ¿realmente creeríamos que Chile ha alcanzado la panacea y se ha encaminado a lo que sería un hermoso futuro en materia de energía? Seamos sinceros, sólo serian unas plantas por aquí y por allá pensadas para alimentar a un monstruo iletrado y con malos modales (ambientalmente hablando), con los mismos problemas de sustentabilidad que antes y más encima con una bomba que podría explotar en cualquier momento.

¿Energía nuclear y qué más? ¿Políticas públicas eficientes en la materia? ¿Una legislación adecuada? ¿Implementación de tecnologías energéticamente eficientes? ¿La tan esperada y poco conocida educación efectiva de la población? Al final la pregunta central no versa sobre la energía nuclear (o la energía hidráulica, eólica, solar, etc.), sino que sobre el “¿y qué más?”. Sobre el camino que necesitamos andar, sobre la perspectiva que debemos adoptar, sobre lo que es importante y lo que no. Antes de eso, guardémonos “los átomos” en el bolsillo y dejémoslo como un posible (y tentador) futuro y realmente actuemos, ya que el tiempo se acaba y el reloj cuenta en nuestra contra sin parar, tic tac, tic tac.

Danilo Jara Aguilera
Ingeniería Civil UC.

Un Comentario

  1. Pingback: Energía nuclear « VerDeseo

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