Me han robado


Hace algunos días se hizo público el “hurto” y distribución de los datos personales de más de seis millones de habitantes de este terruño a través de Internet. Muchos podrán decir que aquello no tiene relación alguna con una perspectiva ecológica, en lo que sigue pretendo mostrar una visión alternativa a la cuestión.

Si hemos de asumir una postura “ecológica” creo debemos hacerlo desde las múltiples interacciones no sólo entre seres humanos y su entorno natural sino, igualmente, en aquel ámbito técnico que muchas veces se nos aparece como aproblemático. Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC´s en adelante) forman una parte tan importante de nuestras vidas contemporáneas como lo es nuestro entorno natural, con una cuestión que sin embargo valúo como diferencial: las TIC´s -a diferencia de lo que sucede con la ecología que pone el foco acentuando los peligros asociados a la explotación natural- muy pocas veces nos aparecen como peligrosas y, por el contrario, cotidianamente nos encontramos con un discurso que en aras del progreso tecnológico y las ventajas de los nuevos desarrollos no señala aquello que, cada vez más, comenzará a aparecer como digno de discusión, a saber: las múltiples y no sólo positivas implicancias de la “convivencia” con nuevas tecnologías.

Nuestros datos personales disponibles en la Web, la instalación de miles de cámaras en Londres con fines de vigilancia, el rastreo de nuestras acciones en -el cada vez más popular- Facebook son sólo algunas de las múltiples instancias en las que nos vemos casi desnudos frente a flujos de información que nos atraviesan y nos vuelven disponibles (ahora) a casas comerciales y ofertas de viajes o, bajo el argumento de la “seguridad”, nos identifican a diario. Más, ¿qué es este identificar? Sin duda es un “poner a disposición” de otros aquello que nos permite ser caracterizados y categorizados para los fines de quien acceda a tal información. Así podemos ser un “target” de una campaña publicitaria, política, de seguridad nacional, etc. En este contexto la cuestión recae sobre las maneras en las que hemos de habitar en una sociedad en la que cada vez es posible saber más sobre el otro, porque él o ella lo vuelven posible o porque, maliciosamente, se ha obtenido su información.

Evidentemente hemos de plantearnos aquí una pregunta fundamental, la del respeto por quienes conviven con nosotros y he ahí, creo, la aproximación ecológica al problema. Nuestro foco no ha de estar sólo en las variantes tradicionales de la pregunta ecológica, las TIC´s forman ya parte de nuestro “ecosistema” social y hemos de estar conscientes no sólo de las ventajas que comportan sino que igualmente de sus peligros. Lo ocurrido hace unas semanas -la filtración de datos personales- es sólo una luz de alerta que, por su magnitud, logró poner el tema sobre el tapete más, de igual forma, son muchas las transgresiones que no son develadas sin mayores aspavientos.

Ciertamente es posible discutir lo arriba señalado en razón del criterio último de indisponibilidad del que gozaríamos como seres humanos, desde una vertiente de una profundidad filosófica mucho mayor a la que aspiro; mas aquí la cuestión no es de aquel orden, sino solamente destinada a señalar la importancia de tomar razón de las múltiples dimensiones en las que se articula la vida contemporánea y la complejidad asociada a la mutua convivencia entre ellas. Aún cuando no se nos haya “robado” nuestra identidad personal y, en estricto rigor, sólo se hayan puesto a disposición una serie de dígitos binarios en una red de más ceros y unos, es necesario conceder que aquellos dígitos tienen incidencia real, y muy efectiva, en nuestras vidas, y por ende en los hechos que ayudan a conformar aquella identidad en cuestión.

Algunos autores han planteado que la aparición de la “cuestión ecológica” comporta la problematización del criterio de disposición en el conocer que habría caracterizado a la Modernidad y a su prototípico sujeto. Esta visión puede ser adoptada y ampliada aún más al considerar que aquellos elementos con los interactuamos cotidianamente fácilmente podrían llevar a aquel sujeto a la más plena sujeción del mismo en sus propias trampas.

Patricio Velasco F.
Sociología UC.

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