Pequeña economía cotidiana para una Ecología Política de la Felicidad


Hoy en día para llegar a un acuerdo muy frecuentemente recurrimos a la economía. Sin embargo, los acuerdos suelen estar resueltos desde antes, la objetividad de la estabilidad macroeconómica o la indiscutible necesidad de crecimiento anulan de antemano toda discusión posterior. En estas pocas líneas pretendo interrumpir esos argumentos objetivos por unos minutos para introducir algunos elementos que me parecen fundamentales para lograr los acuerdos del futuro, acuerdos que den lugar a la Sustentabilidad.

Desde la economía observamos tres sectores productivos: materias primas, industria y servicios. Nuestro acercamiento a estos sectores es jerárquico, en función de la complejidad de las lógicas involucradas. De este modo el sector de materias primas se asume básico, con mínimas complejidades y asociado a países poco desarrollados o a una vida de campo.

El sector de manufactura lo valoramos un poco más arriba por los usos de tecnología, pero lo vemos como actividades estandarizadas y automáticas. A este sector se le percibe como el más necesario, puesto que se le relaciona con progreso, capital y trabajo.

Finalmente está el sector de servicios, que trabaja con información y lógicas más complejas y flexibles. Es este el sector que caracteriza lo que hoy en día es comprendido como la economía global. El sector terciario define el grado de avance de un país, puesto que es propio de sociedades urbanas y asume relaciones más igualitarias entre los involucrados que las que se dan al interior de una fábrica o en un predio agrícola.

Es posible apreciar una cierta linealidad histórica en el desarrollo de las lógicas de estos sectores, desde la recolección y caza de subsistencia, pasando por las cadenas de producción del siglo XX hasta las fantasías más complejas de los programadores del Silicon Valley.

Estas lógicas han reflejado modos de relacionarnos como humanidad, pero al mismo tiempo modos de relacionarnos con la naturaleza. Así podemos ver como la baja valoración del trabajo en los procesos primarios se condice con una valoración de la naturaleza como simple proveedora de recursos, un saco sin fondo desde el cual podemos sacar todo lo que necesitemos y del cual se abusa tal como se hace con los trabajadores subcontratados del sector agrícola.

Cuando esto lo vemos desde los procesos industriales, nos encontramos con que esas cadenas de producción de obreros capacitados para cumplir labores altamente específicas van a la par con el rol obrero de los recursos naturales; ejemplos de lo anterior es el uso de los ríos como productores de electricidad en las centrales hidroeléctricas. La lógica industrial de la hidroeléctrica es muy similar a la de las fábricas de zapatillas en Camboya o Indonesia, para producir electricidad acabamos extensas áreas de una importantísima biodiversidad y alteramos por consecuencia la actividad ecosistémica de una zona aún mayor alrededor del proyecto, costos que no están asumidos ni en los derechos de aguan, ni en la cuenta de la luz.

En Camboya, para producir las zapatillas demandadas por el “mercado global”, trabajan obligados niños de muy corta edad, los cuales no pueden ir a la escuela y son sometidos a condiciones laborales abusivas. Estas relaciones abusivas son naturalizadas y aceptadas en pos del progreso de la nación, pero tienen como consecuencia la reproducción de modelos de injusticia y el estanque total de todo posible desarrollo humano. Demás está decir que 1 o 2 dólares diarios por niño están lejos de compensar el costo antes descrito.

La economía de la información y los servicios pretende ciertos niveles de simetría entre las partes involucradas, asumimos que ciertos tipos de prestaciones no las podemos realizar por motivos de tiempo, costos, conocimiento o falta de control y recurrimos a los prestadores de servicios para que suplan nuestra deficiencia. De este modo un programador me dará un software para administrar mi inventario, los aseadores dejarán los baños de mis edificios limpios, los bosques me darán aire puro, los ríos me darán agua, y el suelo me dará alimentos, y yo responderé a todos estos servicios con el pago justo. Pero las condiciones de trabajo de los vendedores de grandes tiendas o los aseadores subcontratados distan mucho de ser justas y, en vez de mejorar estas situaciones, sostenemos ideales como la flexibilidad que apuntan a hacer más intocable el marco de lo injusto, olvidándonos del valor de sus servicios. También nos olvidamos de los servicios de los ríos, suelos y bosques y lejos de darles el pago justo, que es tan simple como el respeto por sus ciclos, los esclavizamos y explotamos hasta el punto de la extinción. Y tal como nuestro modelo reclama flexibilidad laboral, también reclama flexibilidad total para disponer de los recursos y realizar proyectos que atenten contra quienes son el soporte de nuestra vida.

Claramente el futuro de una sociedad que no respeta ni a sus trabajadores ni a su entorno está lejos de ser prometedor. Sin embargo, hay lógicas que si las incorporamos a nuestra vida cotidiana pueden ayudar en el esfuerzo de conservar la humanidad. El primero de estos conceptos es la equidad intergeneracional, trabajar por un futuro donde las condiciones sociales y naturales donde nuestros hijos habiten sean iguales o mejores que aquellas que tenemos hoy en día. El siguiente concepto es el principio de precautoriedad que sirve como guía del primero, y consiste en abstenerse de tomar decisiones cuyos resultados puedan ser inciertos para cualquier tipo de vida (que la incertidumbre no sea argumento para frenar la conservación), es decir, orientarnos a buscar siempre las mejores condiciones y dejar de trabajar con la idea del mal menor. Y finalmente, el concepto que engloba a los anteriores es el de Sustentabilidad. Con ella me refiero a un modelo ecológico-político y por consecuencia también económico, un modelo que propicie la conservación de la vida. Como seres humanos esto implica también aspirar a la mejor de las vidas posibles, lejos de las tristes ofertas del neoliberalismo, aspirar a la Felicidad.

Leonardo Valenzuela
Sociología UC.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: