Editorial


Siempre suponemos que hay algo al final del camino, tesoro del arcoíris, Mago de Oz, salvación, zanahoria o éxito. Convertimos todo a una lógica lineal, esperamos recompensas y nos olvidamos de los procesos. De este modo las cosas son como deben ser y lo que hacemos aunque no nos guste lo hacemos por algo que supuestamente será mejor que aquello por lo que empezamos. Suena confuso, pero cuantas veces realmente recordamos como todo partió, que fue lo que nos llevo a donde estamos o por qué simplemente seguimos haciendo las cosas de un particular modo.

Un ejemplo de esto es el tiempo, originado en la necesidad de coordinar las acciones. El tiempo es una de tantas tecnologías generadas por la necesidad de vivir juntos. Tal como un mapa, el tiempo permite establecer los momentos de las fiestas y las cosechas. El tiempo además de permitirnos vivir juntos nos permitía, y permite, establecer ciertos niveles de control sobre los acontecimientos de nuestro entorno. Así, quienes controlaban el calendario eran poseedores de uno de los sistemas de información más valioso, puesto que podían predecir eventos naturales y orientar conciencias. La magia era cosa del día a día, puesto que el mundo nos quedaba grande.

En la medida que la población ha aumentado, la técnica se ha hecho más compleja, las mentes se han diversificado en orientaciones, las necesidades se han elevado y el poder ha ido perdiendo su centro. El mundo ha perdido la magia, todo tiene su nombre y acontece en medidas más o menos regulares, en unidades mínimas como las del reloj. Todos tienen un calendario en su casa y algún tipo de reloj a cuestas. Medimos y tratamos de optimizar al máximo posible, buscando sacar las mejores posibilidades con los elementos dados.

Cada vez parece más necesario el contar con más de una vida para poder cumplir con todas las posibilidades que ofrece el mundo contemporáneo. O al menos poder teletransportarse, o convertirnos en algo que no somos, para poder estar siempre dentro y jamás ser dejado atrás. La magia perdida está ahora puesta adelante, siempre al final del camino, y pensamos que yendo más rápido podremos alcanzarla antes. Ese es el fundamento del progreso, la ideología del crecimiento. No importa lo que suceda hoy, no importa cuánto me mate trabajando, porque así puedo conseguir un ascenso a un mejor trabajo, donde también me tenga que matar trabajando; no importa si todos morimos en una guerra si mañana habrá democracia; no importa cuantas represas construyamos hoy si mañana vamos a ser un país desarrollado, donde la gente tendrá aletas y Bernardo Matte sea el rey de nuestra flamante monarquía. El caramelo al final del camino no suele ser tan dulce y a veces ni siquiera hay tal caramelo.

Como VerDeseo nuestra visión es recomponer las relaciones, cuestionarnos los lugares sobre los que estamos parad@s. Vemos en la vida junt@s un motivo de felicidad y creemos que el futuro sí puede ser feliz si la vida de hoy es feliz. No necesitamos centrales hidroeléctricas, autos más caros o televisores más grandes. Saber que podemos ser felices y conservar esa felicidad es un bien más valioso que correr eternamente desperdiciando nuestra existencia, aplastando y dilapidando lo que esté a nuestro paso, en pos de algo que nunca llegará.

  1. majílter

    El orden lineal del tiempo hará imposible nuestra felicidad, aunque podamos experimentar de ella alguna degustación en nuestro presente. ¿Por qué? Porque la novedad de lo nuevo nos asalta de sorpresa; por más repetitiva que sea siempre promete ser distinta a la de ayer. La frustración generada en el delta de promesas cada vez más elevadas y realidades cada día más pencas debe ser orientada a la lucha por invertir totalmente el orden existente, y volver al tiempo mítico de una sociedad de hermanos.

  2. pablo

    Buen articulo………. es impresionante que ese concepto, de no disfrutar la vida ahora y matarse por algo…. nos coarta, nos hace infelices….

  3. maite

    Cometemos el error de vivir en el futuro y no el ahora. Pensamos siempre en mañana, gastando nuestros esfuerzos en un día que quizas no llege y esperando cosas que tal vez no existen.

  4. Danilo

    Creo yo, no debemos perder la perspectiva al respecto. Sin proyecciones no podemos vivir en una sociedad sustentable. Pensemos en el caso de los paises “mas desarrollados”. En aquellos lugares, las problematicas se piensan a muchos años, con plazos mayores a los recomendados desde una perspectiva de viabilidad economica. Sin embargo, el tema creo yo, es como enfrentamos el dilema de encontrarnos antes informacion que podria aterrarnos, el como afrontamos el hecho de que nuestra existencia es finita y por tanto el tiempo con el que contamos para cumplir nuestros sueños tambien lo es.
    Creo yo que no debemos perder la perspectiva a como nuestras vidas deben ser llevadas, siguiendo tres caminos paralelos e igual de importantes y digo, IGUAL DE IMPORTANTES: El corto, el mediano y el largo plazo. Todos ellos deben ser considerados. El problema es que nos preocupamos de los dos ultimos y postergamos el primero. No nos damos cuenta que al postergar este, en realidad estamos postergando los sueños que tuvimos en el pasado y haremos lo mismo con los sueños que tenemos para el futuro..en su momento. Un circulo visicio, estupido y sin fin.

    No seamos tontos inconcientes que viven en el ahora, pero tampoco estupidos proyectistas que solo viven en los planes para el mañana.

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