Verdeseo

De Carlitos no nos podemos Liberar


www.geography.ohio-state.edu
http://www.geography.ohio-state.edu

Un señor barbón señaló hace más de un siglo que la historia era el resultado de un juego de oposiciones entre el sistema de relaciones de una sociedad con la materia y la materia misma.

Hace 28 años un personaje con alopesia y lentes de grueso marco elevó con otros juristas la intrincada carta fundamental de nuestro país. Uno de los artículos más interesantes de este escrito, proclamó el que sería uno de los elementos más característicos de nuestro modo de relacionarnos con la materia: la protección desaforada de la propiedad privada.

Partir de este modo no suena muy amable. Pero cuando la injusticia es el antivalor en cuestión, vale la pena dejar a un lado la amabilidad.

La propiedad privada ha sido fundamentada de diversas formas a lo largo de la historia. Y una de sus fórmulas canónicas es la llamada tragedia de los comunes. En simple, la tragedia de los comunes indica que lo que es de todos no es de nadie. Que si no existe propiedad sobre un bien, éste será sobreexplotado por los diversos actores para maximizar el beneficio personal. Y la salida a este modelo, según algunos economistas, pasa por la privatización. Es decir, que un grupo pierda los derechos sobre el bien en cuestión. Sin embargo, hay una pieza del puzle que se mantiene oculta, pues tras privar a un grupo del acceso, éste se le garantiza a otro. Por ende, el problema de la explotación del recurso no se soluciona.

www.geog.psu.edu
http://www.geog.psu.edu

El grupo o personaje que cuenta ahora con los derechos de propiedad, podrá hacer lo que quiera con el bien, contratando incluso a quienes fueron privados del acceso para una nueva explotación. Así, agotado el bien, con las ganancias obtenidas los dueños de la propiedad podrán adquirir otro sitio, cambiando el uso del área arrasada.

Los perjuicios, desde el punto de vista de la pérdida de acceso, son convertidos en externalidades. Todas las consecuencias de la actividad económica reciben este apelativo. Las consecuencias pueden ser sociales o ambientales, y en diferentes escalas. La salida que los economistas dan a esto, consiste en internalizar las externalidades mediante su avalúo. Ese pago, deducible de la externalidad se extrae de la ganancia generada por la explotación, y dado que muchos pagan por los frutos de ésta, dinero sobra para pagar por sus impactos.

Mencioné dos elementos conceptuales presentes en el sistema de relaciones que hay entre la sociedad y la materia: la propiedad privada y la externalidad. (La historia, como dije, puede ser vista como un juego de oposiciones, pues cuando un lado no logra contener al otro, el último se vuelve contra el primero).

En el caso de la externalidad, es absurdo tratar como factores “externos” de la actividad económica a elementos que volverán sobre ella. Así, monetarizar los efectos se vuelve un dique, pues tarde o temprano la furia de la materia acabará con toda actividad económica. ¿Un ejemplo? El cambio climático a escala global.

En el caso de la tragedia de los comunes el intento por conservar el bien se vuelve inútil, pues los actores acaban ejecutando la opción más rentable: la explotación del bien. Y como no es fácil instaurar controles sobre lo privado, dicha explotación permanecerá rentable.

www.fao.org
http://www.fao.org

El caso de Hidroaysén y sus represas es ejemplar. Mientras los derechos de agua fueron entregados hace años a perpetuidad y de manera gratuita o casi gratuita, la Constitución de 1980 avala y resguarda la propiedad sobre el recurso hídrico. En consecuencia, una práctica ambientalmente dañina como la producción de energía eléctrica con mega represas se hace factible, pues se subvalora su impacto con este laissez faire a las empresas.

Este hecho se repite a diferentes escalas en la pesca y en la tala de bosques. Dos tristes ejemplos del poco tino de quienes produjeron estas leyes y de quienes las avalan.

La propiedad privada no resuelve la tragedia de los comunes. La convierte en su propia tragedia, pues el problema central no es el acceso mismo a los recursos, sino más bien la regulación de este acceso.

La materia se vuelve sobre nuestro sistema de administración de la materia. Si no somos capaces de innovar en nuevos sistemas sin lugar a dudas el agua nos llegará más arriba del cuello.

El barboncito aquel debe seguir riéndose en su tumba mientras tantos gastan sus esfuerzos en echarle más tierra encima, antes que preocuparse de lo que nos agobia en la superficie.

Leonardo Valenzuela
Sociología UC.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: