Verdeseo

Patagonia Eléctrica


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El verde se destiñe para los habitantes de la región de Aysén.

Vistiendo oscuros trajes por las calles de Coyhaique el pasado jueves 14 de agosto, los ambientales marcharon desde temprano ante la CONAMA de la zona mientras los ejecutivos del proyecto de HidroAysén, sociedad integrada por Endesa y Colbún, presentaban el Estudio de Impacto Ambiental de sus futuras represas.

Pese a la helada, los manifestantes eran un centenar.

Monseñor Infanti
Monseñor Infanti

La bullanga la comandó Luis Infanti de la Mora, obispo de la región, quien condimentaba la liturgia matutina con febriles acusaciones del tipo: “estos proyectos son un problema” o “se está queriendo usar el agua para un negocio”, relató a El Mercurio.

Las diez mil páginas contenidas en el EIA fueron la excusa perfecta para ameritar la algarabía. Un descontento que el Consejo de Defensa de la Patagonia, conformado por destacados ambientalistas, como Hernán Sandoval de Chile Ambiente o Sarah Larraín de Chile Sustentable, apoyó desde Santiago.

Las centrales de Aysén no son una alternativa para el desarrollo, sino imposiciones del negocio energético que busca capitalizar la energía procedente del monopolio del agua”, advirtió Larraín con profundo desencanto.

Protestas en Aysén
Protesta XI región

A través del EIA, HidroAysén dio a conocer los puntos de impacto que afectarían a la Patagonia, específicamente a los ríos Baker y Pascua, donde se elevarían las cinco represas de un proyecto que involucra no sólo a inversiones chilenas, sino también españolas e italianas.

De acuerdo al estudio, la región tendría 70 puntos de impacto negativo. Daños que sobrepasan el ámbito medioambiental, pues 14 familias de la zona deberán ser trasladadas debido a las construcciones.

Sin embargo, los mayores daños se asoman por el lado del turismo, en sectores como Villa O’Higgins, Cochrane y Tortel, adonde muchos de los bosques se verán si no mutilados, arrasados por completo.

“Casi la gran mayoría de las personas de Tortel rechaza este proyecto”, explica una emocionada Valeria Landeros, microempresaria de la región. “Llevo 37 años en la comuna. Crecí viendo esos ríos (Baker y Pascua) y es por eso que trabajamos en un turismo sustentable, pues no queremos que ningún mega proyecto atente contra nuestra naturaleza”.

Concientes de estos impactos, los ejecutivos de HidroAysén presentaron, junto al EIA, los respectivos planes de mitigación. No escatimarán en gastos, pues prometen reforestar 4.500 hectáreas y construir, entre otros paliativos, una zona de conservación de 5.770 hectáreas de bosque autóctono mediante US$ 150 millones que ya ofrecieron.

Un escenario complejo

Con la construcción de las cinco represas, HidroAysén planea sustentar el quinto de la demanda del Sistema Interconectado Central (SIC). O sea, 2.750 MW que desde Cochrane irían a parar directamente a Santiago a través de los 2.500 kilómetros de cables de transmisión. Los tendidos eléctricos más largos del mundo sobre los cuales el EIA nunca hizo referencia y que según los detractores del proyecto, representa el punto más conflictivo de éste debido a su impacto estético y ambiental.

“Sin duda que es una estrategia”, señaló Hernán Sandoval, presidente de Chile Ambiente y acérrimo opositor de Hidroaysén. “Es incomprensible presentar sólo las represas o sólo los cables cuando ambos elementos son estrictamente complementarios para este proyecto”.

Hernán Sandoval
Hernán Sandoval

Para muchos ambientalistas, como Sandoval, la apuesta de HidroAysén ha perdido legitimidad. No sólo por el debate que ha levantado en el mundo (basta recordar el editorial del The New York Times titulado Patagonia sin represas) sino también, por la osadía de presentar un EIA que omite el impacto de los tendidos eléctricos.

De aprobarse el costoso estudio de HidroAysén –US$ 12 millones y tres años de investigación—en 2009 comenzaría el primer trabajo en terreno llamado Baker 1. Aunque habrá que esperar a 2020 para ver en acción a estas cinco centrales que, paralelo a su construcción, irán acabando con 3.800 puestos de trabajo año a año, según un estudio reciente de las Universidades de Chile y Federico Santa María.

“Estas represas destruirán la Patagonia, sus modos de vida y la cultura regional. Pero Chile está en condiciones de suplir el 53% de la matriz energética del SIC al año 2025, mediante energías renovables no convencionales”, declaró en pleno el Consejo de Defensa de la Patagonia.

Carlos Oliva

Periodista UC.

Sarah Larraín en primera persona

“Hoy, las alternativas energéticas del país no van por construir estas represas. Van por otro lado. Por ejemplo, utilizar recursos renovables no convencionales como la energía eólica, la energía solar, la geotermia o pequeñas centrales hidráulicas. Sólo con la eficiencia energética se puede suministrar el 15 % de la demanda total. Lo que equivale a varios Ralcos. No confundamos. Aquí estamos frente a un proyecto que corresponde al negocio energético, del lucro y no a la mejor alternativa para su desarrollo. Un proyecto que está planteado en lugares que no conocemos desde la perspectiva de su funcionamiento ambiental (hay terremotos y erupciones). Y tenemos una línea de 2.500 km que no está en el estudio. O sea, no se está evaluando completamente el proyecto, con el cual el país completo quedaría en un eventual BlackOut en términos de su sistema eléctrico”.

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