De lo global a lo local: Valorando lo nuestro


Hace más de 400 años, los pueblos originarios del territorio chileno dependían plenamente de sus recursos locales. Al igual que el clima, la flora y fauna cambian a lo largo del territorio, como también lo hacían las costumbres de sus habitantes. Estos pueblos, que tenían un fuerte acople con su tierra, conocían muy bien los elementos de su entorno. No solo tenían nombres los animales, sino que mitos y leyendas. Las plantas eran igual de conocidas, junto con sus propiedades alimenticias, medicinales o para la utilización de las fibras.

Hoy en día dependemos de los recursos locales de una forma completamente distinta. Si bien muchos conocen la importancia (de cierta forma abstracta) de algunos recursos, también desconocen la relación que tiene la propia vida con ellos. La mayoría de los chilenos sabe de la importancia del cobre para la economía del país, pero creo que muchos (sobre todo los que viven en grandes ciudades), no saben de la magnitud del problema de la erosión de suelos y de cómo esta afecta nuestras vidas. Algo mucho más lejano del conocimiento popular, así como mucho menos evidente, quizás a primera vista, es el peligro de extinción de ciertas especies de animales y plantas nativas, lo más probable es que ni siquiera se sepa la existencia de dichas especies. Si bien a nivel científico son conocidas y se está investigando la importancia de éstas para el buen funcionamiento de los ecosistemas, de los cuales dependemos, para el cuidado de estas especies y recursos naturales no basta el conocimiento científico. Este tiene que ser una base para la toma de decisiones, la que estará influenciada por factores culturales, socio-económicos y políticos. Al conocer lo que tenemos podemos valorarlo, y este es el primer paso para proteger nuestra cultura, ambiente y recursos locales. Pero el nivel de desconocimiento es muy grande. En el colegio rara vez nos hablan de fauna nativa, para muchos ejemplos (o cuentos) se usa el elefante, el león, el lobo, entre otros. También, por ejemplo, hay un programa de televisión, llamado “Animal Nocturno”, cuyo símbolo es un lobo, animal que no se encuentra en Chile. Para muchos, el desierto es asociado a palmeras y camellos, cuando podríamos pensar en chañares y vicuñas.

Estos conocimientos son importantes para la mantención de nuestra identidad. Cuando vemos a un compañero de colegio, después de 40 años, aún lo podemos reconocer, aunque haya cambiado mucho con la edad, ya que tiene una identidad. El territorio y la cultura (afectando el uno a la otra, y viceversa), también van cambiando con los años, pero puede mantenerse la identidad de éstos, que es lo que los hace únicos. Debemos valorar las cosas únicas que tenemos y apreciar lo nuestro, que nos diferencia de otras culturas y territorios. Me parece acertada aquí la frase de Marcus Garvey: “Un pueblo sin el conocimiento de su historia, origen y cultura es como un árbol sin raíces”.

Robert Petitpas.

Ingeniería Forestal UC.

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