Verdeseo

Ideas subcutáneas


Cuando se discuten problemas de índole global tales como injusticia social y crisis ambiental, suele invadirme un temor que va más allá del tema superficial, más que sólo percatarme del abuso al que nos sometemos unos a otros gracias a las diferencias dadas por el peso del bolsillo, o la mediocridad de los políticos para enfrentar la crisis. Mi temor es subcutáneo, casi una sensación de inseguridad, el instinto me dice que algo mucho peor se oculta bajo esta maraña de problemas que convulsiona mi desorientado cerebro. Claro que tengo cierta idea de qué se trata, pero la complejidad del tema me obliga muchas veces a obviarlo a la hora de la discusión. Hoy, preparando este artículo, siento que el temor usual se expande y transforma en una certeza que deseo negar.

Me he dedicado a estudiar la historia de Nauru, un pequeño país del Pacífico ubicado en las cercanías de Australia, cuya superficie equivale a un centésimo de la superficie de Santiago y es habitado por poco más de 13.000 habitantes. Su historia, si bien corta, dista de ser trivial. En menos de cien años fue colonia de Alemania, Australia y Japón. Este último la utilizó como base militar aérea durante la Segunda Guerra Mundial, momento en el cual 1.200 de sus habitantes fueron deportados y esclavizados en una isla vecina, 463 fallecieron. Al terminar la guerra Nauru fue recuperada por el gobierno australiano, el cual conjuntamente con privados británicos continuó con la única actividad comercial existente, la extracción de fosfato. En 1964 Nauru obtuvo su independencia política y económica tras comprar el activo de los Comisionados de Fosfato británicos, y en junio de 1970 tomaron el control de los depósitos de la zona creando la Corporación de Fosfato de Nauru. Los desproporcionados ingresos recibidos gracias a este recurso permitieron que la población de Nauru contara con uno de los mejores estándares de vida en la zona; educación gratuita y salud cubierta por el estado ejemplifican tal situación. Teniendo en cuenta las limitaciones obvias del recurso, se administró de modo que parte del dinero ganado fuera destinado a un fondo de reserva e inversiones, destacando inversiones inmobiliarias en Australia y otras islas de Micronesia. En la última década, los isleños han visto mermar sus reservas debido a graves problemas de corrupción nacional e internacional, así como a mala gestión. Esta merma en los recursos ha ocasionado tal inestabilidad política y social que desde 1980 a la fecha han tomado lugar más de 17 cambios en la administración. Actualmente se habla de 44 millones de dólares en déficit cada año frente a unas reservas que no sobrepasan los 100 millones, por lo que si se continúa en el mismo camino, no restan más que un par de años para la quiebra oficial.

Las comparaciones son dramáticas, en menos de veinte años se ha pasado de un sistema de salud gratuito, a uno casi inexistente, debido a que los tratos con hospitales australianos se han terminado por no pago. Un aspecto inusual vinculado a la salud es la alta tasa de diabetes en la población debida a la desequilibrada nutrición. Más del 90% de la población tiene sobrepeso u obesidad. La diabetes debilita el sistema inmunológico del ser humano, derivando en este caso en muertes debido a simples infecciones que unos pocos años atrás se hubieran solucionado rápidamente. En cuanto a la educación, si bien continúa siendo gratuita, muchos días los niños se quedan en sus hogares debido a que no hay agua potable en el colegio.

Uno de losaspectos más críticos en la isla es deterioro del medio ambiente. La intensa extracción del fosfato devastó el ecosistema interior de la isla anulando alternativas económicas como la agricultura, y perjudicando el turismo en la zona por la destrucción del paisaje natural.

La crisis por la cual pasa Nauru es consecuencia de diversos factores, muchos de ellos externos, pero aquellos que me asustan más tienen que ver con la incapacidad de sus propios habitantes para reaccionar frente a una crisis en apariencia tan obvia, como era la debacle socioambiental de su nación. Llevados de forma hipnótica por los beneficios transitorios del dinero, desatendieron el futuro. Este era inmediato, solo un par de décadas y aun así irresponsablemente lo obviaron. Si tan pequeño país no fue capaz de reaccionar frente a una crisis tan simple en comparación a la global, ¿que resta para nuestro mundo? ¿Seremos capaces de hacernos cargo de un futuro que vemos más lejano y ajeno que aquel percibido por los habitantes de Nauru? Mi miedo vive entre estas líneas, en la desconfianza frente a una humanidad que está llegando al fin de su fosfato y que aun no parece preocuparse por su propio futuro.

Francisco Urquiza.

Ingeniería UC.

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