Verdeseo

Memo desde La Legua


El juego de la mano invisible

No sólo en el mundo la crisis está cambiando los hábitos de las personas. También en la población La Legua, donde las familias combaten el huracán económico a punta de rifas y negocios callejeros.

Desde hace rato que un jueguito de manos se tomó el cuadrangular de la población La Legua. Por un lado, la mano que aprieta. La mano policial que vigila el paisaje de las narco familias. Y por el otro, la mano invisible de la crisis bursátil.

Hasta hace poco, los parroquianos apenas cuestionaban los familiares agarrones de esa mano intangible. De hecho, crecieron con sus caricias al igual que los mexicanos con el estigma de la Malinche. Sin embargo, el ultraje mundial de esa mano endiablada que creían su amiga, aquí también entró.

Doña Raquel vive en la calle Toro Zambrano y hace tiempo que hizo de su casa un horno casual de empanadas de pino. Bordea los ochenta y como casi todos los octogenarios de acá, enterró los pilares de esta Arcadia nueva cuando llegó desde el norte por allá por los ‘60. Es bajita y de tez morena. Casi nunca le faltan clientes y quizá por eso que, desde hace un mes, le saca partido a su trato cordial con anuncios de ofertas variadas. Doña Raquel ya no sólo vende empanadas sino también detergentes, servilletas y jabones. Como su vecina de calle Industria, quien ofrece por una ventana mínima desde cigarros hasta bebidas, elude el IVA de papá Fisco.

En Legua York, como le llaman los sub-20 a esta tierra de forajidos, la plata escasea. Y no porque 19 pandillas fueran devastadas por un golpe policial en 2007. Las narco familias no han tenido drama en cambiar facturas de estupefacientes por boletas de contrabando armado para seguir con sus negocios. Ejemplo claro son los lujosos sedanes y chaquetas Highfilger que aún rodean las esquinas. La plata escasea aquí desde el inicio del verano, cuando el puño sicológico de la crisis económica arribó con artificio y petardos mediáticos.

Hoy más que nunca en la población, el olor a pescado frito o los juegos de lotería se huelen y se oyen en las noches de luna hostil. Muchas familias del cordón de Toro y Zambrano sacan mesas a las calles durante los fines de semana para ofrecer un menú nocturno por la suma de dos mil pesos. Y si tienen contactos, los clubes deportivos como el mítico Legua Juniors o el Vasas de Los Copihues aperran con sus locales y sus bolas de lotería. Cualquier trabajo sirve para ganarse los porotos. Y así lo hizo la familia de Zenén, dibujante que poco a poco se hace conocido por un comercial de VTR. Su familia, al verse sin plata y con un kilo de deudas, golpeó la puerta del Legua Junior, eterno hacedor de bingos, en busca de cartones numéricos para costear la operación de una nieta.

La mano invisible regula y modela a su antojo los estilos de vida en tiempos de crisis. Será pasajero, advierte La Moneda y habrá que creerle. Mientras tanto, la feria libre de La Legua, la famosa feria de Jorge Canning, se ramifica en calles nimias con ropa usada en las cunetas y baratijas electrodomésticas. A veces hay discusiones. Como los puestos nuevos no tienen patentes, la gente apela a la antigüedad o a la hora de llegada para granjearse un espacio digno. Vaya que golpea la crisis en este ring de la periferia. Si hasta el cura de la Santa Cristina, parroquia aledaña a Av. Salvador Allende, se queja de las cuentas de luz. “Ahorren, hermanos, ahorren y sean concientes”, dijo desde el púlpito el penúltimo domingo de abril antes de pedir donaciones para la rifa de julio que llenará las arcas de su comunidad.

Esta imagen no es nueva. Bien lo saben quienes vivieron la Crisis Asiática en el gobierno de Frei o subsistieron a los golpes económicos del general Pinochet, cuando el persa Bíobío carecía de legalidad y muchos pobladores caminaban sus buenos kilómetros en busca de liquidez y combos institucionales.

En La Legua, como en el mundo, la crisis económica refrenda con avidez la certeza de sus embates cíclicos. La certeza del eterno retorno que sólo un nihilista como Nietszche y nosotros, hijos colaterales de su filosofía, creemos a pie juntillas.

Carlos Oliva Vega

Periodista UC

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