Verdeseo

Mundo vegetal como comunidad moral


Todo lo vivo, incluso aquello que no tiene neuronas, tiene, en relación a sus funciones de vida, un bien y un mal propios, tiene un interés. Ese interés debe ser tomado en consideración en la actividad humana.

En mi último artículo desarrollé un argumento a favor de ampliar nuestra visión de comunidad moral para incluir a otros seres sintientes aparte de los humanos. No obstante, tras ese argumento latía una pregunta que hoy trataré de responder: ¿Por qué parar ahí? ¿Por qué no incluir otros seres vivos no sintientes dentro de la comunidad moral? Creo que no hay buenos motivos para esto y que nuestra noción de comunidad moral debe ser ampliada una vez más.

Supongamos que Juanita tiene un bosque en el cual no vive ningún animal y está suficientemente alejado del resto de la humanidad para no interesarle a nadie más que a ella. Bajo el supuesto de que ningún ser vivo a parte de las plantas que viven en el bosque se vea afectado, ¿está justificada Juanita en quemar el bosque simplemente por que se le da la gana? ¿Vamos a aceptar la destrucción gratuita del reino vegetal como moralmente aceptable? Mi intuición es que Juanita estaría justificada en quemar su bosque sólo si tiene buenas razones para ello, razones que pesen más que el mal conferido a aquellos seres vivos.

Aquí ya empezamos a pisar un terreno peligroso. Acabo de decir que es posible causar un mal a una planta. Esto nos llevaría inmediatamente a ver las plantas como pacientes morales y a incluirlas en la comunidad moral. ¿En qué sentido una planta puede tener un bien y un mal propios? Bueno, no suena tan raro decir que la luz solar es un bien para las plantas y que la quema por fuego o la escasez total de agua es un mal. No obstante, como bien explica Frederik A. Kaufman en su guía de ética ambiental, aquí estaríamos atribuyendo relevancia moral con independencia de los estados mentales. Los animales, a diferencia de las plantas, tienen un sistema nervioso que les permite tener conciencia de placer o dolor físico. Nadie hasta ahora ha descubierto que las plantas tengan un sistema nervioso como éste. Las plantas, por ende, no pueden tener ninguna conciencia de intereses. La planta quemada no es conciente de su propia quema y tampoco puede tener ningún deseo a favor ni en contra. ¿Podemos decir que la quema es un mal para la planta? Para responder a esto el autor recién mencionado presenta un interesante argumento. Es posible que los seres tengan intereses, que tengan bienes o males asociados a ellos, por mucho que no los deseen. Así, todo ser humano tiene interés en no fumar (pues este es un bien para su salud), pero puede perfectamente desear fumar. Mas allá de esto, podemos tener un interés del cual ni si quiera estemos concientes: siempre ha estado en nuestro interés consumir vitamina B, pero no hemos estado siempre concientes de ello.

Aquí nos hemos metido en un problema más grande aún. Si vamos aceptar la idea de que todo ser con un bien y un mal propio es un paciente moral, entonces debemos enfrentar la objeción de la máquina. Pareciera que para ciertas máquinas complejas también podríamos divisar un bien y un mal propios. Tomemos el ejemplo de un auto. Llenar el estanque con manjar dañaría su motor y ya no podría cumplir su función como medio de transporte. El manjar en el estanque puede parecer fácilmente un mal para el auto. Además, podemos pensar en máquinas altamente más complejas que claramente pueden ser dañadas en sus mecanismos tal como una planta puede ser dañada en los suyos. ¿Le debemos entonces respeto a estas maquinas? Hemos llegado a un absurdo. Es evidente (por lo menos para los que no somos locos fanáticos) que no tenemos deberes morales para con un auto o un computador o un refrigerador.

Debemos entonces dar con la diferencia entre una máquina altamente compleja y una planta. ¿Qué tiene la segunda que no tenga la primera? Lo primero es que la planta tiene funciones vitales autónomas que no han sido programadas por el ser humano. Esas funciones buscar perdurar la vida en el tiempo con independencia de la utilidad que nosotros podamos darles. Es cierto que tratamos de manipular la vida vegetal de diversas maneras, pero no podemos cambiar su función principal de perdurar su propia vida. Si lo hiciéramos ya no tendríamos frente a nosotros un ser vivo. No podemos decir lo mismo de las máquinas. Estas tienen las funciones que los seres humanos les confieren. Además, siendo las maquinas herramientas de los hombres sus funciones pueden ser redefinidas según el uso que les demos y no hay ninguna que sea inalterable como la función vital en los seres vivos. Volvamos al ejemplo del auto. Si tu objetivo fuera esconder el manjar para que nadie sepa donde está, meterlo en el estanque del auto podría ser una interesante estrategia. Aquí redefinirías la función del auto la cual pasaría de ser un medio de transporte a la de ser un medio de escondite. Dada esta nueva función, ya no podemos decir que el manjar en el estanque es un mal para el auto. En cambio siempre se podría decir que la falta de nutrientes es dañina para una planta.

A esto se suma una diferencia importante que nota Scheler en su libro “El puesto del hombre en el cosmos”. Para él las plantas tienen una unidad ontológica de la cual las cosas materiales carecen. Las cosas según él carecen de “todo cetro que les pertenezca de modo ontológico”. Cuando hablamos de unidad en el mundo de los objetos hacemos divisiones que dependen de nuestra manera de ver el mundo. Los objetos en general tienen una unidad que es meramente puesta por nosotros. No hay ninguna unidad necesaria en el mundo de los objetos. Podemos hablar de la casa o del microondas, de la casa o del montón de materiales eléctricos o del metal o de los átomos. En verdad depende sólo a qué nivel queramos observar la realidad. El microondas puede tener un bien según su función, pero esa función se la damos nosotros y nosotros decidimos si vemos un microondas o un montón de materia de diverso tipo ensamblada. Nosotros hacemos las divisiones en el mundo material, pero en este no hay ninguna unidad absolutamente necesaria (aparte, tal vez, de alguna diminuta fracción del átomo). Dónde empieza y termina una maquina lo decidimos nosotros y de acuerdo a eso definimos nosotros su función. Pero no hay tal cosa como intereses de una máquina, son nuestros intereses los que vemos en relación a éstas y dependen del uso que decidamos darle a ciertos objetos. Esta situación es bien distinta a la que se describió con relación a las plantas, las cuales tienen como principal función la conservación de su vida y de acuerdo a esto, un bien y un mal propios; un interés del todo indiferente a la definición a la invención humana. A ese interés le debemos respeto, le debemos consideración, pues tememos genuinamente el poder de dañarlo. Lo justo es considerar en nuestros cálculos éticos el daño a la vida vegetal por sí mismo, más allá de su relación con la vida animal.

Ahora, no nos confundamos, la idea no es que nos muramos de hambre por miedo a arrancar una lechuga. No todos los individuos de la comunidad moral deben ser respetados y valorados de igual manera. Hay una diferencia entre alimentarse de papas y alimentarse de infantes humanos. Debemos de todas maneras adoptar una escala de valores. Lo que se busca con este escrito es mostrar que al perturbar la vida vegetal, se perturba algo que tiene valor en sí mismo, más allá de la utilidad que nos reporte. Nos es imposible vivir sin perturbar en algún sentido la vida animal y sobre todo la vegetal, pero no lo hagamos en vano. A la hora de cortar un árbol o arrancar una lechuga que sea por un bien mayor, un bien noble como la vivienda o la alimentación. Sobre todo dejemos de pensar que el ser humano es lo único que posee valor en sí y el resto de la existencia está sólo para servirle. Seamos sensatos, todo ser vivo existente está para servirse a sí mismo y de manera secundaria al resto del ecosistema. No tomemos indiscriminadamente de la naturaleza, respetémosla. Adoptemos un Biocentrismo sobre el Antropocentrismo que nos ha llevado a relacionarnos tan injusta y torpemente con la naturaleza.

Xaviera Ringeling

Filosofía UC

  1. Karina Nazal

    Estoy totalmente de acuerdo con Xaviera, no todo gira alrededor del ser humano! Dejemos de sentirnos los dueños de la naturaleza y reconoscámosnos como una parte de la unidad. Esa es la única manera de relacionarnos sanamente con el planeta y con toda la vida que hay en él.
    Otra cosa, aunque no se haya probado que las plantas puedan sentir placer o dolor si es verdad que responden a cómo las tratemos, por ejemplo, está probado que si uno les habla cariñosamente a las plantas estas crecen mucho más bellas y fuertes. Y por otro lado, con el agua también pasa lo mismo, los átomos de esta responden positiva o negativamente a los tonos de voz, las palabras o la música que se le ponga, si no pregúntenle al Sr. Emoto que fue el que hizo unos experimentos increíbles con el agua.

  2. Una sóla duda respecto al punto de la constitución de la escala de valores. Contando con que, efectivamente, podría llegar a ser necesario el establecimiento de una escala de valores que establezca ciertas bases prioritarias de coordinación, en términos morales, me cabe dudar respecto de un punto particular: ¿en la conformación de aquella escala, que creo seria lo correcta en razón de una correcta inclusión en la comunidad moral, podrían participar las plantas en cuanto tales? Lo anterior me parece, al menos dudoso, y temo podría llevar a replicar (en una nueva forma) el esquema antropocentrista -si ese fuera el enemigo- pues ¿cómo es posible conformar aquella escala sino en “razón” del “logos”?

    Saludos,

  3. Saludos Amigos!
    Yo también les hablo a las plantas, aunque tampoco les hago reverencias como a las nueces de las películas de Hayao Miyazaki.
    Lo que si opino, y aquí es mi crítica constructiva recurrente a Danilo, es que desarrollen una sección de prácticas o ejemplos, como hacen mis fellow commentaristos. Muy interesante lo de Emoto, sin duda tan shinto como Miyazaki. Volvámosnos más pop amigos de Verdeseo, pero un poco menos que veoverde.

  4. buena! las películas de hayao miyazaki son lo mejor .. justamente el sábado vi la princesa mononoke .. impresionante.

    es una forma muy interesante de pensar.. me encanta y si ves mi link sabrás que también planteo que nos movamos del antropocentrismo al biocentrismo .. pero creo que aún hay antropocentrismo ..

    por ejemplo, cuando dices que las plantas no pueden tener deseos a favor o en contra. esto es absolutamente cierto desde el punto de vista humano, nosotros mostramos deseos y actuamos en consecuentcia. pero las plantas son seres vivos que a pesar de no presentar deseos -en el sentido humano de la palabra- si actúan en cosecuencia, a deseos? no creo, pero si a “algointernodelasplantas” que no podremos ver desde el cerebro humano.

    si tu dejas una planta en condiciones favorables, la planta se multiplicará, podemos decir que su deseo es reproducirse? seguramente no, entonces qué es ese ímpetu, ese motor, ese “como instinto” que hace a la planta no quedarse en si misma y crear otras nuevas? por qué si plantas una semilla de un árbol al sol y otra a la sombra, la planta de la sombra mostrará un crecimiento mucho mayor al principio? como mostrando que desea luz solar? quisás, quisás no … algo tiene la planta, que no es pensamiento y que no podemos entender que termina siendo consecuente con “la programación” que tu dices ..

    entonces, podemos decir que la quema es un mal para la planta? bueno, pues observemos a una planta y veamos si presenta combustión espontánea… la verdad es que a menos de que sea un chagual, no veremos esa combustión, esa quema… entonces .. la quema es algo que la planta no genera por si sola ..

    podríamos usar el mismo argumento con regar. las plantas se riegan? no en el sentido humano de regar, pues ellas mismas son las que se “riegan solas” haciendo crecer sus raices ..

    me entiendes? es una sutileza a estas alturas .. en fin .. tratar de ver la vida desde lo más lejano al antropocentrismo se puede convertir en un buen vicio ..

    saludos .. artículo notable, me gustó mucho además lo de los bienes nobles .. nunca lo había escuchado, y eso que estudio economía…

  5. Andres

    @Karina.
    Una pequeña aclaración sobre un par de cosas que dijiste.
    Las plantas reaccionan a las ondas sonoras, es por eso que hablarles hace que crezcan mas. Pero no es necesario hablarles cariñosa, ni afectivamente. De hecho, mientras mas grave sea el sonido, o mas fuerte, mas grande crecerán.
    En un experimento pucieron 3 plantas, una con musica clasica, otra con rock pesado y una ultima sin ninguna estimulacion. La que creció mas fue la que tenia rock, la q no tuvo estimulación apenas crecio.
    Con respecto a los experimentos del agua. No está probado que hablarle cambie su estructura molecular. Los experimentos realizados por el cientifico japones (no me acuerdo de su nombre :p), no se han podido replicar.
    Y cuando le han pedido que los realize para estudiarlos, este se ha negado.
    Es por esto que esos experimentos no estan verificados aun.
    Saludos

  6. J

    El final del articulo salvo un poco la situacion… analizar una planta en si misma es ridiculo, imaginarse un bosque que posee solo plantas, mas ridiculo aun (siempre hay micromamiferos, insectos etc dando vueltas).
    Para juzgar si nuestras actividades diarias son positivas o negativas o como tu dices “bien o mal” debe hacerse desde un punto de vista ecosistemico ya que cada ser, humano, vegetal o material forman parte. Hasta una maquina como un auto, una lavadora, una bolsa plastica lo afectan enormemente… asi que no por ser algo creado por el hombre debe dejarse de lado…
    Para saber donde estan parados analicen su propia huella ecologica.

    • Xaviera Ringeling

      Estimada Jennifer:

      Antes que nada, gracias por tu comentario. Ahora, a modo de respuesta, te cuento que en filosofía muchas veces nos imaginamos situaciones imposibles. Este es un recurso metodológico que se llama “experimento mental”. Los experimentos mentales son muy útiles porque nos permiten llevar al extremo nuestras posturas y ver si todavía son coherentes. A si que no te preocupes, no es que postulemos que tal cosa como un bosque de puras plantas pueda realmente existir, lo que estamos buscando averiguar es si las plantas por sí mismas debieran importarnos.
      En cuanto a lo de juzgar nuestras acciones desde el punto de vista de efecto que podemos tener sobre los ecosistemas mas allá de los individuos que lo componen, me parece una postura interesante y bastante coherente. De hecho, estaba pensando escribir mi próximo artículo sobre ésta. Entonces analizaré los pro y contra de esa postura.
      Respecto a lo de la huella ecológica me parece muy atinada tu preocupación y te cuento que como Verdeseo la compartimos. De hecho hicimos todo un estudio de la huella ecológica de las campañas para la elección del centro de alumnos en la Universidad Católica. Te invito a revisar este estudio. Te aseguro que encontrarás todo el realismo y las cifras exactas que te interesan como científica.
      Cariños,

      Xaviera Ringeling

  7. prifuix

    Xaviera, en Empirismo y Subjetividad de Deleuze me encontré esta cita que me encantó y que creo que es súper atingente para una formulación moral no esencialista. Una que no se funde en principios de linaje o taxonomía, como suele pasar con la idea del “Hombre” como comunidad moral (es interesante que por mucho tiempo la mujer no formó parte de la comunidad moral y estaba más bien en el polo naturaleza, como argumento para descalificar la validez “moral” de los principios de organización).

    “El problema moral es el del esquematismo, es decir, del acto por el cual se refieren los intereses naturales a la categoría política del conjunto o de la totalidad, que no está dada en la naturaleza. El mundo moral es la totalidad artificial en la que se integran y adicionan los fines particulares; o bien es, lo que equivale a lo mismo, el sistema de medios que les permiten tanto a mi interés particular como al de otro satisfacerse y realizarse. La moralidad puede ser igualmente pensada como un todo con respecto a partes, como con un medio con respecto a fines. En una palabra, la conciencia moral es conciencia política: la verdadera moral es la política, como el verdadero moralista es el legislador. O bien, la conciencia moral es una determinación de la conciencia psicológica, es la conciencia psicológica exclusivamente captada bajo el aspecto de su poder inventivo. El problema moral es un problema de conjunto y un problema de medios. Las legislaciones son las grandes invenciones; los verdaderos inventores no son los técnicos, sino los legisladores. No son Esculapio y Baco, sino Rómulo y Teseo.” (GIlles Deleuze, Empirismo y Subjetividad. p35 Gedisa 2007)

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