Verdeseo

Cuotas de Realidad


Nada es más iluso que querer cambiar la “conciencia de la gente”. No porque haya algo en las personas que rehúya al cambio, o estemos atrapados en el fin de la historia. Sino por dos razones que lo hacen imposible. La primera y más importante es porque no hay manera lógica de atribuir conciencia a la noción de gente[1]. Cada persona piensa, pero “las personas” en su conjunto no generan pensamiento alguno. Decir que la gente piensa es como decir que los números calculan, suena correcto pero los números, como clase, no tienen ninguna capacidad de cálculo. Segundo, porque aún de ser posible identificar un efecto de alteración en la conciencia colectiva, las consecuencias del efecto son impredecibles y solo observables a posteriori. Por lo tanto, toda relación de causalidad no es más que una construcción interpretativa.

Sin embargo, lejos de ser esta una crítica que refrene el impulso rebelde, es el resultado inminente de una búsqueda más profunda. Esto requiere un cambio de actitud. Hay que tener mucho cuidado de perder la capacidad crítica, sea por cerrarse frente al cambio, o por la completa apertura hacia él. Tan peligroso como el fundamentalismo es la mera aceptación de aquellos pseudo argumentos que como sirenas guían nuestros pensamientos hacia el fracaso. Por eso se han de tomar con cautela las pasiones del espíritu innovador, del cuidado al medio ambiente, de la ecología en general. Y no hay mejor forma de partir que por el principio, es ahí que insisto en un cambio radical de las nociones fundamentales para la universalización del ambientalismo. Debemos dejar de querer cambiar a la gente.

Podríamos situarnos en la siguiente perspectiva: hemos de hackear las estructuras sociales. Uso con toda libertad el término to hack pues no sólo significa una forma de intervenir en la realidad, sino también una actitud frente al mundo. Hackear se logra mediante un flujo de trabajo colaborativo, apasionado y con un sello distintivo; comprobar que nuestros sistemas poseen fallas, y por eso mismo motivar el cambio. Se trata de encontrar aquellos puntos de acceso vulnerables de las identidades sociales, acoplarse a ellas y contagiarlas. Asegurar que cada empresa, cada familia, cada movimiento civil, cada institución educacional y cada religión se convierta en un hospedaje de esa idea, de ese principio. Se trata de ofrecerle al rico más riqueza, al hogar ser más hogareño, a la civilidad ser más civil, a la educación ser más educada y a la religión estar más religada. En último término se trata de no competir por pura negatividad, mas por la persecución conjunta de aquellos intereses fundantes de las instituciones. Aquella empresa que explota los bosques no lo hace por un gusto sádico de mutilar árboles; lo hace por dinero. Y el dinero no es malo en sí mismo. Aquella familia que deja basura repartida en las calles, playas y montañas, no lo hace por el sentido estético dadaísta que aporta al paisaje; lo hace por comodidad. Y la comodidad no es mala de por sí. Así sucesivamente el mensaje es dar cuenta del error que existe al enfrentar el mundo en lucha, porque se encontrará uno ya vencido.

Hemos visto en la historia que cuando se utiliza la negación de las creencias ajenas por el beneficio de la propias, tarde o temprano la opresión desata catástrofes que le quitan toda legitimidad a las buenas intenciones que se pudo haber tenido. Buenas intenciones mal ejecutadas son tan dañinas como las peores intenciones. Entonces, ¿cómo debemos obrar? Pues se ha de tener seguridad, confianza, incluso fe de que el camino escogido es el correcto. Ser sereno pero constante, no-violento y asertivo. ¿No es acaso esta la actitud que estamos exigiendo? Asumir la contingencia del mundo, el riesgo verdadero en cada acción que ejercemos. ¡Incluyendo la nuestra! Pues respetémosla éticamente.

Un principio de este calibre no impide las medidas de tipo coercitivas; prohibir, por ejemplo, medidas que atentan contra el medio ambiente. Pero la intensidad no es la de aquel defensor fanático que ha optado por un mundo utópico; o de tal o cual interés que se ve enfrentado al interés de otro más poderoso. La prohibición no tiene trascendencia más allá de ser la demostración tácita de la actividad de un principio de carácter valórico. Este es el plano en el que se ha de experimentar. Pues, si se enfrenta al medio ambiente con el hambre que la economía ha pretendido solucionar, o a la novedad con la tradición que predomina nuestro pensamiento, ¿cómo se ha de vencer? Lo que conviene es hacer uso del hambre y de lo ya hecho, porque nos han revelado cuales son sus intereses. Es momento de actuar ahí donde más importa. Ejercer una propaganda al modo religioso, pero actualizada. Encontrar cuáles son los eros y los thanatos de nuestra contemporaneidad; no oponerse al mundo y creer que se le esta salvando, sino aferrarse a la propia visión, la apuesta en aquella convicción entre tantas otras, y hacerla florecer como el pasto entre las grietas. A ver si algún día nuestras ciudades se cubren de enredaderas.

Quisiera poner acento en la constelación a la que pertenecemos cuando velamos por el medio ambiente: esta es la valórica. Han querido hacernos creer que existen infinidad de creencias y valores, que cada uno elige su propia verdad y se ciñe a ella como un burro a su zanahoria. El resto –dirán– son opiniones. Pero esto, que a nivel individual puede ser cierto, a un nivel agregado pareciera no serlo. Pues de la misma forma que en un baile ambos se mueven de manera independiente, siempre detrás subyace un ritmo, un estilo. Es momento de poner el ritmo, definir lo apropiado e inapropiado, entregar una ética que regule, al menos, algunos resultados. En particular defender la humildad perdida que en su ausencia ha llenado de goce y éxtasis efímero al mundo, pero ¿acaso creen que no vendrá la resaca? Y este es el cambio de actitud al que me refiero, porque hay muchas formas de generar valor, y hoy debemos optar por aquellas que nos aseguren a nosotros y los que vienen felicidad. Madurar es cuestión de responsabilidad y prudencia.

Cuidemos el medio ambiente. En serio.

José Tomás Guzmán

Sociología UC

[1] Si bien la lógica y la realidad han demostrado no tener la coincidencia que pretenden, a nivel discursivo mantiene gran importancia para la coherencia interna de cualquier iniciativa con pretensiones de durar.

  1. Danilo Jara Aguilera

    Ufff. Que buen articulo acabo de leer. Me parece que finalmente viene a resumir mucho lo que es el espiritu Verdeseante de una manera precisa y poetica al mismo tiempo. La busqueda del como luchar sin luchar, del como pelear una batalla donde no se busque destruir si no que construir, una contienda pacifica pero activa, proactiva y proponedora, que por el peso mismo de la realidad que busca desenmascarar y por la solida base valórica en la cual se asimentan sus argumentos venza de manera arrasadora aquellas visiones negativamente cesagadas de como vivir y comprender el mundo en el cual vivimos

    PD: Que bueno que consideraste las sugerencias que colo y yo te hicimos quedo muy bueno 😉

  2. Queridos amigos y compañeros en esta lucha valórica. Creo que esa esperada conciencia que esperamos de la humanidad, no llegará hasta que opere la selección natural en su máximo esplendor. La inteligencia humana es nuestra forma de sobrevivir, gracias a ella nuestra especie a llegado a ser exitosa y se a convertido en una plaga. Para que nuestra conciencia inteligencia continúe evolucionando tienen que morir unos cuantos millones de humanos, y se viene la catàstrofe climatica, y todo eso. Es natural que el planeta quiera regular esta sobrepoblaciòn humana, nosotros los humanos seremos sin duda una especie afectada ya que somos fisicamente vulnerables, dependemos de nuestras herramientas y estamos acostumbrados a una vida en condiciones óptimas. En lo personal creo que esa verdadera conciencia se lograra a nivel social, familiar, polìtico, etç, cuando nos veamos obligados a sobrevivir en condiciones mas adversas, antes no evolucionara nuestra inteligencia conciencia que es la herramienta humana para sobrevivir, eso si aunque algunos ya estan teniendo esta conciencia creo que solo el cataclismo puede generar la evoluciòn.

    A ver si despues de la ecatombe sobreviven los superhombres, u hombres nuevos como quieran llamarle (con una verdadera conciencia nueva)

    Cristian Músico.

  3. Diego R.

    me quedo con la última frase de la bajada:

    Por lo tanto, toda relación de causalidad no es más que una construcción interpretativa.

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