Verdeseo

TELECONSUMO


CTV

La caja electrónica vibra y casi escucho como me dice: “abre los ojos, ábrelos ciegamente, traga ya todas estas imágenes, no tienes suficiente, no eres suficiente. Compra, compra, consume todo lo que puedas y para lo demás no te preocupes, puedes pagarlos en una sucesión eterna de pequeñitas cuotas. Compra, consume, compra, compra”.

La caja electrónica vibra y casi escucho como me dice: “abre los ojos, ábrelos ciegamente, traga ya todas estas imágenes, no tienes suficiente, no eres suficiente. Compra, compra, consume todo lo que puedas y para lo demás no te preocupes, puedes pagarlos en una sucesión eterna de pequeñitas cuotas. Compra, consume, compra, compra.”  Me quedo mirando el aparato incrédula, miro a la jovencita y a su silicona, ella sigue bailando, meneando aquello que la cámara enfoca. ¿Que viene primero mi idiotez o la idiotez de la caja? ¿Hago yo esto de la caja o la caja hace esto de mí? Dejo latir estas preguntas por las habitaciones de mi cabeza.

Con todas las posibilidades y los medios que tenemos como país, la televisión se ha convertido un híbrido: mitad supermercado, mitad  prostíbulo. No siempre fue así, en los ochenta y noventas la televisión todavía ofrecía bastante cultura. Es cierto, no lo contradigo, hay buenos y buenísimos programas, pero son tristes excepciones que confirman la regla. Incluso gran parte de la buena televisión estira sus tentáculos hasta nuestras billeteras.

Las series y películas gringas, son un ejemplo. Éstas, aunque pocas veces hacen de la mujer un objeto transable en el mercado como la TV chilena,  comúnmente promueven el consumo irresponsable como forma de vida. Pensemos en “Sex and the City”. La serie tiene un buen guión, promueve el respeto a la diversidad; es entretenida, sin ser del todo idiota. Sin embargo, muestra a mujeres obsesionadas por el consumo de bienes secundarios como cosa normal y aceptable. Cada mujer de la serie está obsesionada por las marcas y en gastar fortunas en objetos meramente ornamentales como joyas, ropa de diseñadores, zapatos sumamente incómodos e incluso un cojín. Con todo esto las mujeres de la serie se generan una imagen, construyen su individualidad y su autoestima.

Este es sólo un ejemplo, entre millones de series y programas que despiden este tipo mensajes, los cuales, suavemente se nos cuelan debajo de la piel y nos tienen preocupados de idioteces tales como la moda. ¡Qué invento más necio y dañino que la moda! Desvaloriza aquello que se tiene en favor de lo que no se tiene. Empuja a la población a nuevos y luego nuevos horizontes de consumo en que no hay satisfacción posible y, a toda escala, hay una constante sensación de carencia.

Un sin número de carteles nos venden supuestas recetas para la felicidad, nos venden la idea de que necesitamos aquellos luminosos objetos. Pero no somos nunca suficientemente felices, ni suficientemente bellos, siempre podríamos consumir más, parecernos más a los modelos perfectos que brillan en todas las esquinas. No, no somos más felices y definitivamente no somos más libres por ir al mall dos veces por semana. Está más que claro que necesitamos cierto consumo para vivir bien, pero pasado cierto límite el consumo empieza a satisfacernos cada vez menos. Por ejemplo, si no se tiene una casa o ropa para vestir un aumento en la capacidad de consumo puede ser muy determinante para la felicidad de la persona. Lo mismo no pasa con la posibilidad de comprar el sexto pantalón de la temporada o el último modelo descapotable para tirar pinta. Nos dejamos manipular por todo tipo de publicidad; nos construimos, igual que los personajes de la TV, desde afuera hacia adentro, sintiéndonos bien o mal con nosotros mismos según lo que podemos o no podemos comprar. Pero esta no es la vía de nada bueno, necesitamos una autoestima resistente a las crisis económicas, necesitamos saber quiénes somos con  independencia de qué compramos y de qué nos ponemos encima.

La oda al consumismo en los medios de comunicación nacionales e internacionales está, completamente desencajada con el momento histórico que estamos viviendo. El calentamiento global  ha roto el pedestal del consumo haciendo bajar al laissez-faire del Olimpo. Todos, independientemente de nuestras posturas políticas, podemos ver que el planeta es un espacio limitado con recursos finitos. El consumo irresponsable ya no es ni si quiera posible como forma de vida. Si le seguimos dando rienda suelta, en algún momento no demasiado lejano, será imposible todo tipo de consumo. Dada la crítica situación ambiental en la que nos encontramos, la televisión y su continuo empuje publicitario resultan dañinos, nos cierran los ojos a grandes peligros. Debemos exigir que los programas fomenten formas más concientes de vida, que representen sueños viables y menos egoístas. ¡Basta ya de teleconsumo, busquemos recobrar la televisión!  Y si no es posible, si el mercado no lo permite y no se puede financiar una televisión medianamente ética, apaguemos ya este funesto aparato.

Xaviera Ringeling

Filosofía UC

  1. Bellaco

    Estoy de acuerdo con lo que dice este artículo, pero me parece que se cayó en un discurso repetido hasta el cansancio y con un mensaje archiconocido (sin querer ofender a la autora), esperaba leer una opinión que hilara más fino.

    La causa de que la TV abierta se vuelque a la propaganda por el consumismo, no es tan evidente como parece. Sus bases vienen de algo que apunta a algo más sencillo, como lo es que el negocio de tv masiva no se puede sustentar mediante tv cultural, ya que es la misma población la que sueña con modelos a veces inalcanzables, tal como ejemplificas con Sex and the City y sus absurdas compras, lo cual viene a mi parecer de un ritmo de vida moderno que abandona actividades que te cultiven como persona, por lo cual caes vertiginosamente en adquisiciones rápidas y “felicidades” fugaces.

    Salu2

    • Xaviera Ringeling

      Bellaco:

      Muchas gracias por tu comentario. Creo que tienes toda la razón en cuanto a lo de que el artículo es un discurso ultra conocido y repetido, no digo nada nuevo ni original cuando digo que la tele es mala.
      Independientemente de eso, creo que por mucho que seamos nosotros los que soñamos con el consumismo que vemos en la TV debemos construir nuevos sueños que sean más factibles dada la situación ambiental de hoy en día. Lo que traté de comunicar no fue simplemente que la tele es mala, sino que es mala para el medio ambiente. Creo que eso puede cambiar para mejor sin pasar a tener una programación cultural que venda cero y sea una lata. Podrían mostrarse series del mismo estilo, en las cuales los personajes en vez de comprar todo el día reciclaran de vez en cuando. Esto puede parecer un detalle tonto, pero creo que puede tener un efecto importante. Algo parecido a lo que se hizo en EEUU con el cigarro, al dejar de mostrar a los héroes de las películas fumando constantemente, se deja de fomentar esta conducta nociva.

      Saludos,

      Xaviera

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