Espacio Público para la Democracia



Los espacios públicos funcionan como uno de los más importantes elementos democratizadores o de reparto de la riqueza y el bienestar. El espacio público o conjunto de espacios libres está conformado por las zonas donde el individuo puede acceder y desarrollar sus actividades en espacios comunes de acceso libre. (…) como el paradigma del espacio público democratizador, por su enorme capacidad de albergar todo tipo de equipamientos y actividades así como gran cantidad de usuarios de toda clase y condición.

El espacio público nos presenta un escenario posible y cotidiano para la experimentación de un proyecto-ciudad sustentable y socialmente feliz, donde la libertad constituye la condición fundamental de la interacción entre los distintos actores de la ciudad. En lo público, es posible establecer relaciones interpersonales directas a través de la posibilidad de ser el otro: la alteridad. Los espacios privados, en cambio, al interponer obstáculos a la accesibilidad, reproducen en el territorio la estructura convencional de jerarquías sociales basada en los ingresos, la riqueza y el poder; donde la clase controla la interacción.

El intercambio y la comunicación desencadenan procesos complejos de organización que se dirigen hacia la creación de los organismos de poder. Permitiendo así a la sociedad civil, el grupo formado por los vecinos de la ciudad que pertenecen al Estado llano, el acceso al poder público a través de la conciencia ciudadana y la capacidad de ejercer presión. Este poder se refiere a la capacidad de decidir o de influir en las decisiones y se construye en instancias múltiples y sencillas de intercambio de información. La posibilidad de una sociedad civil organizada desde lo público provoca inestabilidad en la alianza tradicional  de poder -autoridad y dinero- que no escatima esfuerzos para resguardarse.

La comunicación dentro o desde los sistemas urbanos permite a la ciudadanía ampliar y precisar los conocimientos que posee, dando origen a distintos enfoques sobre la vida cívica, los cuales pueden estar ajustados al derecho o a la moral -en la normativa  y en la costumbre, respectivamente-. Podemos observar que la discusión sobre lo público ha abarcado distintas dimensiones que son interesantes de analizar durante un proceso de comprobación de la dinámica conceptual de la ciudad y los alcances o restricciones que pesan sobre la construcción de una definición de espacio público. Creemos que una noción consensuada resulta fundamental para que los ciudadanos formulen y hagan propio un ideal, en el cual tome valor y ejercicio la democracia. Por nuestra parte, utilizaremos el estudio de definiciones de espacio público que sigue a continuación para elaborar una base de interpretación en torno a los componentes del espacio público y sus conflictos.

Los espacios públicos urbanos existen en la medida en que sean capaces de ser epicentro de las relaciones sociales, de la identidad y con ello de la pertenencia. Por lo tanto, la accesibilidad es una condición fundamental ya que engloba distintas dimensiones -físicas, sociales, políticas y culturales- permitiendo el contacto social y la construcción de identidad a partir de la posibilidad de la expresión y del reconocimiento. Aceptando lo antes dicho, otros autores precisan aún más el concepto. Por ejemplo, Isaac Joseph lo hace enfatizando su capacidad de ser escenario para la acción. Dentro del contexto urbano, el espacio público “es un dispositivo de dramatización  de la inter subjetividad práctica”, o en palabras más simples, es el lugar que complejiza las relaciones sociales fomentando con ello el aprendizaje del otro, tanto en tolerancia como en la proyección de sí mismo: la alteridad. “La calidad del espacio público se podrá evaluar sobre todo por la intensidad y el tipo de relaciones sociales que facilita, por su capacidad de acoger y mezclar distintos grupos y comportamientos, y por su capacidad de estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural”. Por otro lado, Habermas  lo reconoce como el lugar en que la ciudadanía puede asociarse para negociar y enfrentarse al Estado, poniendo al servicio de los intereses comunes su autoridad. De esta forma, amplía la definición hacia la esfera pública (donde se incluyen clubes, cines, cafés, partidos políticos, etc.) y reconoce a ésta como un espacio de libertad. ¿Libertad para quién? Foucault  dice que es para el accionar controlador de los grupos dominantes que usan el espacio público como herramienta del “poder disciplinario” sobre la población -usando el diseño como una forma de control-.

Podemos ver a través de estos autores como el espacio público va tomando la forma de un lugar para el aprendizaje, el ejercicio de la libertad o el despliegue de mecanismos de control.

Gonzalo Valderrama

Arquitecto U. de Chile

Un Comentario

  1. Interesante artículo, me gustó mucho el comienzo; creo sería interesante deplegar en mayor detalle las distintas formas del espacio público que al final se señalan, intentando comprender cómo estas se conforman y qué tan (efectivamente) públicas pueden llegar a ser.

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