Liderazgo Democrático para la Post Transición


Llevamos varios años esperando por promesas de un Chile para todas y todos. Seguimos esperando mientras nuestros representantes se han conformado por arbitrar un partido con reglas injustas. El conservadurismo es un mal profundo que por décadas ha tenido al país comiendo sopa de calcetín. Lo que el país necesita hoy es un líder que, con las herramientas de la Democracia, sea capaz de meter el gol que nos saque del letargo agobiante y desencantado.

La política durante la dictadura de Pinochet fue convertida a un juego de transacciones, donde las ideas y argumentos quedaron reducidos a su más mínima expresión pública. En último término la fuente principal del poder político estaba en la fuerza pura, si no había acuerdo sobraban los palos. Quién más palos pudiese pegar controlaría el rumbo de las fuerzas de cambio o conservación del ordenamiento público.

Esta concepción perversa de la política fue estabilizada a través de la Constitución de 1980, documento que reclama privilegios para grupos particulares. Estos privilegios fueron empleados como fundamento de la negociación que dio forma a la Transición. De este modo el retorno a la Democracia nunca fue pensado bajo las condiciones de una Democracia pura, sino más bien como un híbrido, sometido a los caprichos de quienes no se sienten cómodos teniendo que discutir, luego de haberse habituado por mucho rato a imponer.

Los gobiernos que dirigieron el retorno a la democracia nunca fueron modelos de liderazgo político, más bien se convirtieron en una especie de árbitro entre las demandas de las mayorías democráticas y los requerimientos de las minorías poderosas. Los gobiernos de Transición conservaron el tamaño que los herederos de la dictadura se adjudicaban y les dieron en el gusto hasta el borde del ridículo.

No es vano recordar que la Concertación nace de la asociación entre partidos socialdemócratas, más una Democracia Cristiana que participó de la orquestación de la dictadura y en bastantes casos siguió tocando los vientos mientras se favorecieron de las medidas de ese período. Y esta lealtad a grandes intereses de la elite no se detiene en el poder económico, sino también en su sumisión frente a los requerimientos y condicionamientos de la Iglesia Católica.

Sin lugar a dudas el gobierno de Transición más parecido a la dictadura que hemos experimentado fue el de Eduardo Frei. Llegó al poder de la mano de fuerzas democráticas, pero su rol se restringió a la administración gerencial de los recursos del país en beneficio de grupos económicos de gran poder. Frei siempre fue un defensor intenso del chorreo como la más genial política económica que podría desarrollar una nación. El desarrollo cultural del período fue bastante reducido y más bien insípido, mientras que las discusiones pendientes fueron dejadas en pendiente.

Ricardo Lagos era la promesa de un país que aspiraba a la madurez, sin embargo, de la mano de una personalidad autoritaria nos vimos forzados a soportar el descaro de sus volteretas. Lagos fue abandonado por sus pares políticos, para salvarse no encontró nada mejor que cambiar su agenda de cambios políticos por la agenda de inversiones del empresariado. Lagos infantilizó a Chile y sus promesas de crecimiento y equidad fueron patéticamente confrontadas al terminar su período con indicadores que sólo mostraban inmovilismo y una reforma constitucional con sabor a sopa de calcetín.

Michelle Bachelet prometió participación ciudadana, la oportunidad para que voces múltiples se hicieran públicas. Sin embargo, esto no ha sido efectivo, puesto que su gobierno ha sido un carnaval de expertos y patriarcas. Bachelet no ha puesto nuevos temas, sólo ha re agendado la seguridad social con una marca exitosa. La protección social de Bachelet también tiene sabor a sopa de calcetín, puesto que es sólo una campaña descafeinada que elude los cambios tributarios o los arreglos laborales que son necesarios para alcanzar una protección social sustentable.

La elección de este año nos pone frente a nuevas disyuntivas frente a la posibilidad de superar el inmovilismo conservador que ha caracterizado los últimos 20 años de experimento democrático. Hoy en día ya no es tolerable la idea de que quien se quiera convertir en el líder del país pose de árbitro. Francamente creo que no hay personaje más conservador que la figura del árbitro, quien no hace ni deshace las leyes, sólo las interpreta “arbitrariamente” y vela por su cumplimiento.

Claramente el rol que pretende asumir Eduardo Frei en esta segunda candidatura presidencial es la de un árbitro. Frei no pone temas, sólo recoge las sobras de uno que otro focus group. Frei no establece posiciones con claridad, sólo recurre a la ambigüedad protegiéndose en las voces de terceros. Frei señala que en su gobierno se discutirán una serie de asuntos, sin embargo no revela su postura frente a esos asuntos, suprimiendo las garantías que entregaría saber cuál es el posible marco de discusión. Aún peor, cuando Frei señala que todos los temas se discutirán no explica dónde; él nunca estuvo disponible para discutir nada y se ha caracterizado por las negociaciones silenciosas y los acuerdos tras bambalinas.

Un árbitro no da emoción ni alegrías, sólo cumple con un libreto. Bien sabemos que un mal árbitro puede echar a perder un partido, no hay peor partido que aquellos que te obligan a estar pendiente del árbitro. Chile debe darse la oportunidad de superar estas lógicas medianas y mediocres que han caracterizado gran parte de la política de los últimos años, abriéndose a liderazgos auténticamente democráticos, en lugar de optar por quienes restringen los espacios a los líderes.

Seriamente debemos superar la exclusión, pero al decir eso no me refiero al tipo de exclusión que tanta propaganda le hace la Concertación y el PC. Superar la exclusión a mi entender  tiene que ver con la posibilidad de que los derechos de todas las personas sean considerados de modo equivalente. Dejar atrás las concepciones esencialistas que detienen la discusión abierta y le ponen trancas ficticias. Aspiro a un país donde el reconocimiento reemplace a toda forma de exclusión y la libertad sea liberada a su sentido más amplio, desatando la creatividad de una nación que lleva casi cuatro décadas obedeciendo con la cabeza gacha a quienes saben mejor que ella misma lo que es más conveniente para su felicidad.

Leonardo Valenzuela

Sociólogo UC

  1. Damián

    Gracias a Dios existe el sector consevador.
    De lo contrario, el destino de este pais se habría ido a la mierda hace varios años.
    Las minorías de opinión son eso, minorías. Deben ganarse su lugar convenciendo a los demás, no basta con creerse tan poseedores de la verdad solo por pensar que la tienen, e imponerla por decreto.

  2. prifuix

    Partiendo desde el final, justamente el título del artículo señala el interés por que el liderazgo que permita democratizar el espacio político sea democrático. La imposición de normas por decreto fue la práctica que garantizó superpoderes a una minoría con más odio que argumentos.

    Respecto al valor de los espacio democráticos que permitan la argumentación, por supuesto que es un presupuesto de lo más valorable, pero el espacio democrático en Chile parte de un montón de asimetrías que lo deslegitiman. Muchas de las políticas a las que me refiero tienen una base ética que apela a los axiomas que sustentan a la democracia liberal, si no se cumple con los pisos que garanticen el reconocimiento y el pleno ejercicio de derechos a todos los grupos e individuos, nos encontramos frente a algo que no es una democracia.

    Si el sector conservador se sostuviera en sus propios argumentos me parecería que das en el blanco, pero el conservadurismo en Chile se sostiene sobre bases que poco tienen que ver con prácticas democráticas legítimas.

  3. Angel Candia

    Chile, para salvarse como sociedad, necesita un urgente viraje a la derecha para detener la devbacle valórico social que ha impuesto alegremente la Concertacion socialista

    • prifuix

      Estimado Ángel,

      A qué te refieres con sociedad?, de qué debe salvarse?, por qué un viraje a la derecha representaría ese mesianismo?, a qué debacle valórico-social haces referencia?, qué entiende por socialismo y dónde lo ves en la Concertación?

  4. Leonardo:

    me sorprende primero que la que gente que opina sea la misma que sólo se preocupa por su bienestar y el de su familia, y que, por lo mismo, su nivel de empatía y argumentación racional es escaso. Al parecer este canal no llega mucho al público que debería llegar.

    En fin, te cuento que me gusto mucho tu artículo; lo encontre claro, simple y con muy buena información. Te escribo para proponerte su publicación en la revista contra cultura Anagénesis, la cual tiene como finalidad devolver la conciencia política, social y democrática a los chilenos. Le puedes echar un vistazo aquí: http://www.anagenesis.cl ; y respondeme a este mail que te parece la propuesta: anagenesis.chile@gmail.com.

    un abrazo

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