Marcando la Diferencia


Aquí estamos otra vez, las novedades abundan aún cuando puedan ser leídas de formas muy diversas. Ha pasado un año entero donde Chile, sin lugar a dudas, dio muestras de haber cambiado en muchos sentidos, aún cuando faltó un trecho para superar las inercias de tan larga data. Luego de la elección del pasado domingo llega la hora de reflexionar sobre los siguientes pasos del proceso electoral, cuyo ingrediente principal será poder interpretar qué significó el 20% que a pesar de los vapuleos y las descalificaciones marcó por un país posible, más grande y más justo.

El domingo pasado, luego de un día arduo, me senté en un sofá a pensar por un rato en aquello que estaba ocurriendo a un par de pasos. Ya con el segundo cómputo del Ministerio del Interior se terminaba de sellar la suerte de la candidatura por la que durante un buen rato estuve agitando banderas, sin embargo, algo se gestaba en ese salón que nada tenía que ver con el ánimo que una derrota presupondría. El centenar de personas que expectantes se agolpaban para escuchar las palabras de Marco, para mi sin lugar muy buenas personas, se dispusieron luego del shock a rescatar la épica que durante los últimos meses los había unido, recordando los abusos que los habían unido finalmente en semejante arranque de deseo creativo.

Marco realizó un giro lleno de contradicciones para develar las contradicciones que vician a nuestro modelo político. Su candidatura fue muy efectiva en disolver al disciplinado votante de la Concertación que se denomina a si mismo experto en política, puesto que es capaz de declamar sin repetir ni equivocarse el discurso oficialista. Ese “ciudadano-progresista-moralmente-superior-de-centro-izquierda ” que hace propios los miedos y las tesis que les sean propuestas por sus sabios mayores; ese sector de la ciudadanía que defiende a ultranza la democracia pero que hace de este un concepto cargado y asimétrico, desgastando su valor y encargándose de humillar a quienes quieran entrar al juego; ese personaje que si le dicen que es un inmaduro inconsciente e ignorante, asiente sin chistar con la cabeza y luego comenta que los Chilenos no pueden elegir a sus autoridades regionales porque según la voz divina de los partidos no están preparados; ese sujeto que perdona todas las atrocidades de sus representantes porque finalmente las ansias de poder son más fuertes que las convicciones morales o las garantías éticas.

La jibarización de ese monstruo café con negro es una de las mejores noticias de esta elección, puesto que abre las puertas para el replanteamiento de las posiciones de un sector al que las ideas se le están secando, obligándolo a tener que bajar las revoluciones con su pedantería. De pronto la Concertación se ha visto enfrentada a uno de sus miedo mayores, puesto que el ritmo de la política dejó de estar bajo su control, moviéndose el eje a que paradójicamente quienes ellos pretenden representar les estén gritando en la cara cómo los deben representar mientras ellos siguen resistiendo, rogándoles ser sus representantes con un programa que no los represente.

El gran error que aceleró el proceso que terminó en el fracaso electoral de la Concertación en la última elección, fue la imposición mediante burdas maquinaciones de un candidato conservador que representaba lo totalmente opuesto al proceso que se venía desarrollando con anterioridad. Quisieron legitimar una negociación a puertas cerrada, pero finalmente sólo terminaron firmando su ruta al fracaso.

Hoy se abre la posibilidad de que las cúpulas de la Concertación abran las ventanas de su rancio cuartel, de que tengan la habilidad de capitalizar el llamado de atención que ese 20% significa, en términos de la dirección que un amplio sector demanda para la política. Una dirección que no causa daño a nadie más que a los poderosos, y un daño que ni siquiera es una brutalidad mal pensada, sino que tan sólo una apelación a la justicia. Marco llamó a hacer una serie de reformas que podrían cambiarle la cara a Chile, especialmente una reforma tributaria que permitiera diseñar planes más consistentes de desarrollo social de modo sustentable y una reforma política que facilitara el acceso de la mayor cantidad de actores posibles, reforma a la que la Concertación teme y rehuye reiteradamente. Muy probablemente por sus convicciones bañadas en testosterona la Concertación no asumirá estas demandas quedándose en un puro juego de imágenes, simbolismos y efectos que le llevarán directo a la derrota. Frei señaló reiteradamente que el no se arrepiente de nada, hoy su campaña vuelve a dar muestras de la misma posición, muy probablemente la posición que le llevará al fracaso en un par de semanas.

Es muy inusual que en mis escritos me refiera a la Derecha, pero como nota aclaratoria debo señalar que me gusta escribir hacia donde pueda tener eco y siento que con las derechas de hoy es poco lo que se puede lograr en ese sentido. La Derecha en Chile es un mundo aparte con el que poco es posible conversar, aunque no puedo ocultar la tremenda impresión que me deja el constatar que incluso ese sector está más dispuesto a cambiar y escuchar que la misma Concertación. Si hoy la Derecha tiene a la Concertación con una llave firme y boca abajo, es claramente por los errores no forzados de esta última. Muchas veces se sugirió que Marco le hacía el juego a la Derecha o que sus adherentes eran unos traidores que le darían el triunfo a Piñera, pero lo que queda de la ola es que si hay motivos para la condición patológica de la Concertación, ellos deben ser localizados al interior del monstruo y su incompetencia.

Con Marco muchas cosas cambiaron, aunque probablemente ni la mitad de ellas se deban a la persona, un tipo con miles de defectos que afortunadamente fue capaz de reconocerlos abiertamente y estuvo dispuesto a trabajar por superarlos. El nuevo lenguaje que adoptaron incluso los políticos de las derechas tiene mucho que ver con lo que Marco le mostró a los políticos de ayer, los pasos temblorosos que los candidatos dan hoy para tratar de captar los votos que les faltan tienen mucho que ver con que ellos siguen siendo los mismos pero el terreno ha cambiado brutalmente.

Más allá de la consolidación del nuevo referente que se está gestando a partir de las ansias y esfuerzos de miles de personas, gran parte del trabajo ya está hecho. Chile cambió y mientras tanto muchos otros cambios se tendrán que forzadamente seguir dando para que podamos recuperar el gustito gracioso del vivir juntos. Mientras tanto en el corto plazo queda aguardar por el candidato que sea capaz de desatar su osadía y levantar lo que Marco les sirvió en bandeja, haciendo propio un programa beneficioso que denuncia con fuerza la injusticia y le opone los medios para construir un Chile justo. Un candidato que se haga cargo de lo que está ocurriendo en Copenhague, mostrando una mirada de grandes ligas y no una mera sumisión pastoral. Un candidato que se atreva a gritar Patagonia Sin Represas porque tiene una política energética de futuro y la convicción de que podemos ser todos juntos un país de excelencia.

Leonardo Valenzuela

Sociólogo UC

Un Comentario

  1. Si bien el comentario viene demasiado de cerca, me gustó muchísimo el artículo. Me representa totalmente y me parece un muy buen análisis de la situación y que mira un poquito más allá. Pensemos en Copenhague, pensemos en la Patagonia…

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