Ciudadano por un día


Para la mayoría de los chilenos y chilenas, la máxima expresión de nuestro derecho de ciudadanos radica en trazar una simple raya en un papel cada cierto número de años. Eso significa ser ciudadano: depositar un papelito rayado en una urna. Sin embargo, la mayoría de nosotros gasta un tiempo precioso para crear nuevas cosas o para compartir un tiempo agradable con nuestros seres queridos, por entrar en discusiones políticas acerca de las propuestas de este o aquel candidato, aun cuando esencialmente proponen lo mismo. Un voto significa muy poco. Casi nada. A lo más nos da la ilusión de que nos escuchan. Como mucho.

Henry David Thoreau, rebelde entre rebeldes, argumentó en 1853 con su propia vida que si él no creía en el gobierno de turno, tenía el derecho a no pagar impuestos. Por esa idea fue encarcelado y vituperado de igual manera por políticos de izquierda y de derecha; pues a ninguno de ellos le gustó siquiera considerar la posibilidad de que se les castigase económicamente por sus errores. Si Thoreau reviviese y postulase la misma idea en nuestro Chile contemporáneo, seguramente sería igualmente vituperado. Ya sea que uno concuerde con la idea de que cada ciudadano pague impuestos según su propio juicio del manejo del gobierno, la idea principal de Thoreau sigue siendo valiosa: uno es ciudadano a diario, y no cada cierto número de años. Uno ejerce su ciudadanía cada día, de la mejor manera posible.

Esto quiere decir que no basta con votar y aceptar el resultado para bien o para mal. Significa terminar con esta costumbre de casarse con el partido antes que con nuestra propia realidad. Significa dejar de votar por la izquierda o por la derecha, dejar de defender a Frei o a Piñera. Significa tomar un compromiso diariamente con tu vecino o con tu compañero de trabajo, con tu familia y con la de tu vecino, para mejorar, de la manera que puedas, tus condiciones de vida y la de las personas que te rodean. La mayoría de nosotros, durante los últimos meses, ha defendido a un candidato o a otro, a un partido o a otro, pero creo que pocos de nosotros nos hemos cuestionado qué está pasando en la casa de nuestro vecino o si nuestro compañero o compañera de trabajo se siente conforme con su vida o necesita ayuda. Tanta marea política no nos permite ver lo que es realmente importantes: nosotros, la gente, no los políticos.

Mi idea del voto como un señuelo y una forma de distracción no es nueva. Alvin Toffler, en su libro La Tercera Ola, ya argumentaba que el voto no servía, y que la democracia era una especie de monarquía temporal que mantenía a la gente más tranquila e inerme, porque se conformaban con la idea de esta participación representativa.  A ninguno de los candidatos presidenciales le he escuchado siquiera sugerir de manera indirecta la posibilidad de una participación más activa aparte del voto. No creo que votar esté mal en esencia, pero creo que está mal pensar que un voto en verdad nos puede representar por cinco años, y está aun más mal despreocuparnos por nuestra realidad para meditar tanto acerca de políticos a quienes poco les importa quién eres tú o quién soy yo. Ellos quieren nuestro voto, no nuestro ser.

Como opción personal yo decido no votar y doy mi opinión a quienquiera que la quiera escuchar. No voto ni lo haré porque no me voy a comprometer por cinco años ni con las ideas de un lado ni con las del otro. Mi compromiso es conmigo mismo y con mis semejantes.  Participo en actividades sociales como muchos otros votantes y no votantes, ayudo a quien puedo cuando puedo, doy lo mejor de mí en mi trabajo, e intento mantener las mejores relaciones con las personas con las que me encuentro a diario. Creo que esto es una expresión bastante más real de ciudadanía que una mera raya cada cierto tiempo y defender las ideas de un lado o de otro con pasión y recelo. Si el día de mañana sale un gobierno que robe ya sin descaro y nos deje secos, comeré el mismo polvo que el resto e intentaré saborearlo y disfrutarlo. Seguiré preocupándome de cultivar estas actividades y seguiré ignorando las discusiones políticas hasta que salga alguien que esté dispuesto a proponer una revolución a la Thoreau: algo realmente radical. Seguiré ejerciendo mi derecho a la ciudadanía a diario con mis semejantes pues prefiero ser ciudadano a mi manera, aunque algunos me consideren como un paria de la sociedad, que ser ciudadano, simplemente, por un día.

Pablo Saavedra

Licenciado en Literatura Inglesa UC

Un Comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: