La derecha y el cuoteo político: chocando contra los propios demonios


Los dejamos con este iluminador artículo de Patricio Segura publicado en el Diario El Divisadero.

La derecha y el cuoteo político: chocando contra los propios demonios

Fue la definición sobre los cargos designados a nivel regional el momento en que aparecieron en la Coalición por el Cambio las primeras (por lo menos públicas) diferencias respecto de lo que dicho sector entiende por conducción política versus administrativa de un país, una región, una provincia. La eterna discusión respecto de privilegiar lo político por sobre lo técnico y que también se relaciona con la forma de definir los roles públicos en un conglomerado gobernante.

Fue con la designación de la intendenta Pilar Cuevas y con la demora en la definición de los gobernadores -recién el jueves pasado nominados-, seremis y directores de servicios cuando dos líderes de la Derecha nuestra, el senador RN Antonio Horvath y el diputado UDI David Sandoval, hicieron pública su divergencia sobre el motivo de los extensos plazos que se está tomando el Ejecutivo para suplir las plazas de confianza. Uno dijo que era por el tira y afloja de los partidos en el interés de instalar a los propios militantes o simpatizantes, el otro, porque se estaban dando el tiempo necesario para elegir a los y las mejores. En ambos casos, con un dejo de crítica a la posibilidad de que los partidos políticos gobernantes definan los cargos de confianza sobre la base de sus sensibilidades partidarias.

De esta forma la Coalición por el Cambio se está enfrentando a lo que tanto cuestionó durante los 20 años de gobiernos de la Concertación. Juicio que venía de más atrás, con una Dictadura siempre crítica de los políticos y de la política. Tanto ninguneo a una acción legítima (y necesaria) le está pasando la cuenta.

Bajo la anodina consigna de que gobernarán los mejores, la Derecha instaló en cierto sector de la sociedad la concepción de que en un Gobierno los y las mejores podían venir de cualquier parte. Que daba lo mismo su opción política. Como si gobernar fuera igual a coser un pantalón donde la visión personal daría lo mismo, en circunstancias de que incluso en esta actividad, lo que pasa por la mente y alma del costurero cuenta. Quizás se note menos que en la acción de gobernar, pero cuenta de todas formas.

Fueron años en que cuestionó la política, su quehacer. En el fondo, todo lo que a sus neutrales sensibilidades le oliera a tal. Y ensalzó lo técnico, muchas veces más vinculado a lo técnico-económico. Su premisa llevada al extremo debía hacer innecesario elegir representantes populares. Porque con un buen concurso público podríamos tener managers comunales en vez de alcaldes, administradores legislativos en vez de parlamentarios y gerentes de la República en vez de presidentes. Para qué elegir, para qué votar, si una buena consultora internacional nos podría conseguir el mejor administrador, donde daría lo mismo la filiación política, la edad e incluso la nacionalidad, total sólo tendría que administrar.

Y por eso, porque el cuoteo le sonaba a política por excelencia, a politiquería, también lo cuestionó. Criticó duramente a la Concertación. Esto, en circunstancias que el cuoteo -que es la distribución de cargos públicos de confianza sobre la base de criterios de cuotas de representación política de determinada coalición gobernante- tiene un origen profundamente democrático.

Veamos.

Si el universo electoral de Sebastián Piñera -poco más de tres millones y medio de votos- está representado en determinados porcentajes por ciudadanos con sensibilidad RN, UDI e incluso independiente de centro derecha, es un tema de legitimidad que dichas visiones estén plasmadas en el Poder Ejecutivo que es de su atribución conformar. Y tales proporciones es dable definirlas por encuestas en el caso de la elección Presidencial (instrumento útil dado que es muy difícil saber a ciencia cierta el origen ideológico del mundo que apoya a determinado candidato) o acudir a la representación en la Cámara de Diputados, que en el caso de Chile corresponde al mismo universo de votantes que define la elección de Presidente. La fórmula es compleja (y nunca puede ser matemática), porque debe mezclar también criterios territoriales, en el caso de las regiones, y de poder relativo o simbólico. Pero eso es la política, una sensibilidad, una visión de sociedad. Y es justo que dichas sensibilidades estén representadas en el Gobierno que ayudaron a elegir.

Por cierto que la Concertación extremó el concepto, con muchos que nunca entendieron el fundamento democrático de éste. Ya no sólo los ministros, directores de servicios, intendentes, gobernadores, seremis y ciertos cargos de confianza a nivel de asesorías de corte técnico-político eran definidos por la cercanía con el partido o por la Concertación, donde incluso tampoco se requería dar muestras de entender el ideario del partido o la coalición gobernante.

Fueron los años en que muchas veces, más que en su sentido democrático se manejó el cuoteo de la misma forma en que se reparte un botín. Hubo cargos de la menor relevancia política que fueron destinados a militantes obedientes y disciplinados. Una práctica que por cierto es prima hermana del pituto, el compadrazgo, en el fondo, de la corrupción.

Es probable que por eso tanto odio le tiene la Coalición por el Cambio al cuoteo político. Y lo niegan y lo niegan, cuando está claro que es lo que está ocurriendo hoy. Los mejores en los cargos ejecutivos sí, pero que vean el mundo como lo ve el conglomerado que gobierna. Es lógico y legítimo. Es lo que supongo querrían sus electores.

Al final, esta discusión ocurre porque aún nos falta como país entender el origen de muchos de los procedimientos que fundamentan nuestra democracia. Y porque, demasiadas veces, los hemos pervertido tanto que casi nada queda de su función original.

Será éste el camino que deberá seguir la Coalición por el Cambio para entender lo que significa, en un país como Chile, gobernar y no gerenciar. Y la Concertación, de paso, para aprender a no desaprovechar las oportunidades que su electorado le da.
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Martes 16 de marzo de 2010
Por Patricio Segura Ortiz
Periodista

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