Verdeseo

La voz de la gente de la tierra


Poesía mapuche

La voz de la gente de la tierra

Adriana Pinda es mapuche, pese a su tez blanca y fina contextura. Es profesora de castellano en una escuelita de Osorno. Escribe desde niña y actualmente, a sus 40 años, escribe poemas donde la influencia de la tierra, de su abuela y de su madre ya fallecidas, forman parte importante  de su inspiración.


La influencia de la tierra, la memoria de los antepasados y la lucha por la identidad son, en esencia, el alimento del que se nutren los poetas del mapudungun. Sin embargo, esta estética originaria se ha dejado modelar por elementos compartidos de la tradición occidental, tales como el verso blanco de Walt Whitman, el ego reaccionario de Georg Trakl y el collage lírico de T. S. Eliot.  A juicio del académico y poeta Federico Schopf, la actual poesía mapuche encarna en sus representantes “no sólo la conexión con un pasado reaccionario, sino también da cuenta de una experiencia del presente con una conexión intercultural”, comenta.

Mapudunguwelaymi Am?

¿Acaso ya no hablas mapudungun?

La actual poesía mapuche se enmarca en un híbrido entre el mapudungun y el español –“el español me raptó desde niña”, dice Adriana Pinda –.  Una mezcla que ha llegado a ser la forma más usada por los vates nativos. Con un número cercano a 60 poetas, en su mayoría, estos cantores no nacieron hablando mapudungun y muchos de ellos, como Adriana, lo han ido aprendiendo con los años.

Según el Censo 2002, unas 602.677 personas se identificaron como mapuches, de las cuales sólo un 16% decía hablar mapudungun. O sea, unos 90 mil indígenas hablan esta lengua, cifra que disminuye a 55, según el CEP, para quienes la dominan mejor que el castellano.

La profesora de mapudungun, Clara Antinao, afirma que estas cifran reflejan la realidad que la cultura mapuche tiene en nuestro país. “Una realidad marginal, abandonada por el propio Gobierno, por los libros de historia que sólo acentúan el carácter combativo de nuestro pueblo, más allá de su riqueza”, dice Antinao.

Así, todo apunta a que la realidad de esta lengua, minoritaria desde todo punto vista, está siendo abandonada por un número importante de mapuches. Un estado “decisivo”, según el CEP, cuya sobreviviencia se barajará en los próximos veinte años.

Pero ahora y más que nunca en la historia del pueblo austral, la poesía mapuche contemporánea se ha levantado como un instrumento de resistencia no sólo contra los atropellos territoriales, sino también contra la amenaza de una lengua en extinción que se resiste al olvido que acabó con el yámana y el selknam.

“Hay una gran variedad, una gran hibridez de poesía mapuche en estos momentos. Hay poetas maduros, poetas en proceso de madurez, como yo, y poetas recientes. Es una poseía que se está consolidando no solamente porque tiene el tema de la resistencia, de la denuncia, de la recuperación ancestral, sino también porque es una poesía que se sitúa a nivel de la mejor poesía que se ha escrito en el país”, dice Adriana Pinda.

Pero el que esté posicionada en una mejor categoría, no significa que esta lírica sea un fenómeno central en el tema cultural y literario de Chile. “Sigue siendo un fenómeno marginal”, según Pinda, “pues para un poeta, y más para una poeta mapuche, es muy complicado publicar. Las editoriales no se interesan”, afirma.

De hecho, Clara Antinao, con su propósito de hacer más profundo el conocimiento del mapudungun en nuestras aulas, llevó hasta los recintos de la editorial Santillana un texto pedagógico de su autoría para la instrucción de esta lengua, pero fue rechazado. “Mi texto no tenía valor comercial, dijeron. ¿Pero cómo lo va a tener, me pregunto, si ni siquiera se da la posibilidad para que lo tenga?”, pregunta Antinao serenamente, casi con resignación.

Kuifimelmu o hace muchos pasos atrás

La mayor parte de la poesía mapuche de los últimos diez años ha sido publicada por la revista Petunkun, del Instituto de Estudios Indígenas de la Universidad de la Frontera. Petunkun es una de las revistas más importante de poesía mapuche en la actualidad junto con Pewma, Literatura y Arte. La primera edición de estas revistas apareció en los 90 y de ellas han surgido poetas como Jaime Huenún, Jacqueline Canihuán y Adriana Pinda.

Aunque ya en 1940 se dio la primera cosecha de poesía mapuche. Editada en medios como La voz de Arauco del Centro de Estudiantes Nehuentuaiñ o el Frente Araucano de la Sociedad Galvarino, esta naciente poesía se consagró con el Cancionero araucano (1939) de Anselmo Quilaleo y la antología de Poemas mapuches en castellano (1966), edición bilingüe de Sebastián Queupul.

Durante los últimos cincuenta años de gesta lírica, una de las editoriales que más ha apoyado este arte mapuche ha sido LOM Ediciones. LOM ha editado las obras de Jaime Huenún, Elicura Chihuailaf y la principal antología bilingüe de la última década: 20 poetas mapuches contemporáneos,  donde Adriana vio impresos, por primera vez en una editorial importante, los poemas de su juventud.

Sin embargo, el punto más alto de esta revolución del mapudungun llegó en 1998 cuando la Americas Society tradujo al inglés una selección de poemas a cargo de Cecilia Vicuña, titulada Ül: four mapuche poets, a bilingual edition (Literary Review Press, New York-Pittsburgh), donde aparecen poemas de Gabriela Huinao, Leonel Lienlaf, Elicura Chihuailaf y Jaime Huenún.

“Antes había como tres poetas mapuches conocidos, como Elicura o César Millahueique. Pero ahora podemos decir que tenemos un auge. Y no sólo hombres,  hay un montón de mujeres poetas y jóvenes descendientes de mapuches que sin perder la esencia de su tierra, están experimentando con nuevas formas, cosa que los hace más atractivos al público”, explica Cecilia Palma, vicepresidenta de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH).

“A pesar de lo difícil que es ser editado, igual nos estamos dando a conocer. Los procesos no son lineales, son completamente dialécticos y por ello creo que sí hay esperanzas para nuestra poesía, para nuestra lengua, a pesar de las frustraciones que podamos tener en el camino”, explica Adriana antes de volver a su Osorno natal, tierra de mapuches que alimentó sus versos, de la “gente de la tierra”.

Carlos Oliva, Periodista UC

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