En Las Condes ganó el NO


En el reciente plebiscito que discutió la eventual construcción de un mall de Cencosud, participaron 1.579 personas, 65,67% de las cuales se mostraron contrarias al proyecto de un nuevo centro comercial. El ejercicio participativo del plebiscito fue una medida restringida, ideada por la alcaldía para legitimar su interés económico que ya se veía mermado por los impedimentos de las ordenanzas municipales dada la caracterización del predio (calles colectoras, distinto uso de suelo). Sin embargo, todo el esfuerzo se hizo aguas al constatar que una comunidad se involucraba políticamente y que tenía algo que decir sobre el uso de los espacios de su comuna.

mall

El domingo 6 de junio recién pasado, se marcó un hito en la comuna de Las Condes. Tras varios meses de exposición del diseño teórico de un centro comercial a construirse sobre las ex dependencias del Colegio Nuestra Señora del Camino, entre las calles Martín de Zamora y Colón, la alcaldía de Las Condes decidió excepcionalmente preguntarle a los vecinos más cercanos su parecer frente a tamaño proyecto de construcción. Esto, porque no era posible instalar un mall si no se cambiaba el “uso de suelo” que estaba dispuesto en el plan regulador de la comuna.

A simple vista, el gesto de la alcaldía era loable, pues pretendió fomentar el involucramiento político de los vecinos en la toma de decisiones sobre lo que ocurre en su comuna. Sin embargo, una mirada un poco más profunda llevó a varios vecinos a preguntarse: ¿Por qué el Sr. Francisco de la Maza está tan interesado en este proyecto de Cencosud, hasta al punto de realizar un plebiscito? Además, ¿cuál fue el “ejercicio democrático” de consultar la opinión a los vecinos, si el mecanismo de votación estuvo bastante sesgado?

Mi parecer –como residente de esta comuna– es que pese a las consideraciones que tuvo Cencosud en los detalles del diseño del proyecto, y además, a pesar del esfuerzo de coordinación para realizar un plebiscito, el intento estuvo muy lejos de ser democrático; aquí trascendieron algunas características que son propias de la manera con que el capitalismo se ha vivido en Chile hace ya varios años: privilegiar la acumulación de riquezas de una minoría sin considerar los efectos sobre los terceros implicados, sobreponer el interés económico de un hombre al interés colectivo de un barrio; más aún, privilegiar crecimiento en vez de desarrollo.

En primer lugar, parece ser que la decisión no era de los vecinos, sino que venía tomada de antes por la alcaldía. De otro modo, no hubiera ocurrido nada de lo que pasó. ¿Las Condes realiza todo este proceso de difusión y promoción por cualquier empresa que tenga un proyecto en la comuna? Claramente no, una ojeada rápida a las actas del Concejo Municipal permiten concluir que el cambio de uso de suelo es excepcional en nuestra comuna, incluso con cambios menores que no afectan a los vecinos, por lo que todo el esfuerzo invertido tenía el incentivo de seguir incrementando las doradas arcas comunales, con patentes comerciales y permisos de construcción mediante. A la municipalidad probablemente le convenía el proyecto, dados los recursos extra que percibiría, pero quedaba la duda si también beneficiaba a los vecinos. No por nada Las Condes está en la cumbre de las comunas con más centros comerciales con equipamiento de alta escala y con más patentes de grandes empresas. Además de ser la segunda comuna que dispone de más recursos económicos para obras públicas, destinadas en una alta proporción a mejoras en vialidad.

Pienso que los intereses ya estaban creados, y las opciones de votación, además de restringidas, estaban sesgadas, de manera de aumentar las chances de triunfo. Se notó cuando un día antes de la votación nos llegó la revista de la municipalidad, de circulación excepcional, señalando las ventajas del centro a través de una fina selección de comentarios de los vecinos que incluía el apocalipsis que llegaría al barrio si es que se desestimaba la propuesta. Se notó también en la mínima cantidad de personas que componían el universo electoral –sólo los inscritos en el registro civil que tienen como dirección alguna calle adyacente al proyecto comercial- siendo que a bastantes más personas, incluso de la misma zona, les afectaba el proyecto.

El voto no preguntaba por el cambio del uso de suelo, que en definitiva era el requisito municipal para el cual se necesitaba la opinión de la gente. El boleto preguntaba por si a nosotros nos gustaba o no el proyecto que se había presentado del Centro Comercial “tal cual era”. Y hasta aquí cualquiera puede esgrimir que el fraseo fue así para realizar sólo un comicio y no dos –uno por el cambio de suelo y a continuación otro por el mall. El tema fue que las opciones que se barajaban favorecían los intereses de Cencosud y la alcaldía, para hacer explotar un barrio residencial a punta de congestión, contaminación y grandes tiendas con vitrinas disfrazadas de progreso.

Y esos intereses se notaron. Se vio en los medios, controlados por el poder adquisitivo de unos pocos, y se vio también entre los vecinos, quienes como nunca antes se habían organizado. Hace una semana fue el plebiscito, pero hace ya más de un mes que yo caminaba sorprendida por mi barrio recibiendo volantes que intentaban persuadirnos para rechazar el proyecto de Cencosud en nuestra cuadra, una cuadra que probablemente nunca se había unido por una misma causa que no fuera un triunfo de la Selección Nacional de Fútbol. Ideas como la de un barrio no tienen valor social para nuestra alcaldía, pues no le rentan económicamente; es por esto que para disminuir el rechazo del proyecto antes del plebiscito, decidió ensalzar alternativas ficticias como la construcción de una universidad privada.

u o mall

Se creó un monstruo de alternativa a los Jardines de Colón, que era la construcción de una sede de la Universidad Pedro de Valdivia, aún cuando el dueño del terreno era la cadena comercial y los directores de la universidad sólo habían dado una opinión en los medios. Y tal como fue previsto, en un barrio residencial acomodado la negativa a la universidad fue tremenda, todo esto sin considerar que fue sólo una especulación para infundar el miedo y aceptar la alternativa que tenía el mal menor.

Luego del abrumador rechazo vecinal al proyecto, el alcalde De la Maza debe estar lamentando el hecho de haber realizado una consulta ciudadana. No le quedó otra alternativa que entender que los vecinos no eran tontos: saben lo que quieren, y también qué no quieren.  ¿Y qué no quieren? Un centro comercial que los colme de aparentes beneficios; no quieren perder el trato algo más humano que se logra con los muchos vecinos que atienden locales comerciales de baja escala; no quieren que baje el valor de sus viviendas por tener un elefante blanco de vecino, y mucho menos tener visitas no deseadas en sus casas cuando ellos no están. Y sobretodo, 65% de los vecinos que votaron no cree que las medidas de mitigación propuestas por los expertos del capitalismo compensen los daños irreversibles al entorno del barrio que ocasiona la construcción de un centro comercial de gran escala a 200 metros de tu casa.

Ahora sólo queda ver qué ocurrirá. Espero que este triunfo de los vecinos fortalezca nuestra capacidad de organización, y motive la negociación de un proyecto (ojalá no comercial) que realmente mejore la calidad de vida del barrio. Porque no todo lo malo puede cubrirse con pasto en la techumbre.

En conclusión, el ejercicio participativo del plebiscito fue una medida restringida, ideada por la alcaldía para legitimar su interés económico que ya se veía mermado por los impedimentos de las ordenanzas municipales dada la caracterización del predio (calles colectoras, distinto uso de suelo). Sin embargo, todo el esfuerzo se hizo aguas al constatar una comunidad que se involucraba políticamente y que tenía algo que decir sobre el uso de los espacios de su comuna.

Sólo me resta pensar, como lo dijo un vecino en la revista “Barrio y Ciudad” -la cual circulaba días atrás con motivo del evento: ¿qué hubiera pasado si esta misma iniciativa se hubiese querido hacer en una comuna con menor capital social? Francisco, un amigo que vive en una de las comunas del sur de Santiago, me bromeaba, “yo mataría por un centro comercial como ése”; y es que es verdad, sólo en esta comuna se hicieron tantos arreglos a un proyecto comercial para que se acomodase al entorno. Probablemente en otro lugar, llegan y lo construyen a partir del diseño original, sin ningún ejercicio participativo en el proceso. Así pasó con el Costanera Center en Providencia, y con los dos centros comerciales que se construyeron hace ya varios años en La Florida, dos moles cuya propiedad es de Cencosud. Como dijo Patricia, en un comentario publicado al Diario La Nación a raíz de esta noticia: “¿Pasaría lo mismo si pensáramos en la gente de Maipú, Pudahuel, Cerrillos u otras [comunas] de clase media baja? No sería lo mismo, pues acá una comuna pudo encarar a una constructora, siendo que ciudades o varias comunas en conjunto, no han podido ni siquiera cobrar el seguro de sus departamentos [luego del terremoto]”.

Si quiere conocer otras opiniones, siga leyendo AQUÍ.

Ignacia Arteaga

Estudiante Sociología UC

  1. Ignacia

    Les dejo con una lista de ventajas sobre el comercio a escala barrial que encontré en Google.

    Ventajas del pequeño comercio de barrio:

    – Creación de microempresas. Autoempleo.
    – Mayor distribución de la riqueza.
    – Dinamización de la vida de barrio.
    – Creación de comercio especializado: Productos de calidad. Tiendas singulares. Negocios con sello personal.
    – Desarrollo de oficios especializados y singulares: Restauración de muebles, Carpinterías, Tintorerías, – Reparación de calzado, Arreglos de ropa, Cerrajerías…
    – Locales de arte: Pequeñas galerías y espacios de creación.

    – Personalidad en el trato.
    – Fomento de las relaciones sociales de barrio.
    – Gente por la calle…. Humanización de la urbe.
    – Se pueden hacer muchas compras andando sin necesidad de utilizar el coche. Disminución de humos y contaminación.

  2. Francisco J. Escobar G.

    El asunto aquí no se trata de decir que el libremercado traerá las soluciones a todos los problemas, pero queda para la reflexión la posibilidad que tienen ciertos habitantes de la ciudad de rechazar la implementación de este proyecto y el rol de los plebiscitos y la democracia en general en la guía de las ciudades.
    En primer lugar hay que destacar el cuidado con el que la empresa manejó el proyecto, porque más allá de las campañas sucias, hubo un intento de “tenemos que hacer las cosas con cuidado aquí porque si no esta gente no nos va a aceptar”. Esta es una postura que, sin haber pertenecido a algún directorio importante, me parece que no debe ser la regla, sobre todo porque los malls más tradicionales son proyectos que se construyen sobre expectativas de ganancias de mediano y largo plazo, es decir, se construyen para ganar luego de unos 10 años, cuando la demanda se construye alrededor de ellos.
    Otro punto interesante tiene relación con la pobreza de infraestructura de algunos sectores de Santiago. Nuevamente en Las Condes vemos la capacidad de rechazar un proyecto que podría traer, junto con el comercio y el tráfico, cines, estacionamientos, y otros servicios. No los necesitan porque ya tienen todo a 5 minutos en auto. Sin embargo, en estos espacios artificiales “templos del consumo” como se los denomina en la literatura más conservadora, muchas veces surgen algunas de las nuevas manifestaciones de sociabilidad, como por ejemplo jóvenes que se juntan a pasar su tarde en un lugar seco, caliente y seguro. Está de más decir que estos lugares son un lujo en muchas de las comunas de nuestro Santiago. De aquí que se pueda comprender el caso de niños celebrando su cumpleaños en el patio de comida de un mall de la Florida.
    Finalmente me parece que la opción del plebiscito es totalmente válida, pero también cabe preguntarse hasta qué punto se puede democratizar la planificación de la ciudad, porque una ciudad debe tener terminales de buses o basureros y no solo plazas (con baja densidad ocupacional) y bibliotecas (con menor densidad aun). El asunto es que cuando uno está enfermo uno le dice al médico que le molesta, la idea es que elija un tratamiento que vaya con lo que queremos, pero no le podemos decir como operarnos. De la misma forma, la planificación debe ser participativa y construida en comunidad pero no nos podemos poner todos a dibujar el plano. Se requiere un equilibrio entre ambas partes.
    Sobre los puntos que expones creo que es cuestionable que:
    a. La plusvalía de las propiedades baje por tener un centro comercial así ya que experiencias como plaza Vespucio o Parque Arauco nos muestra exactamente lo contrario. Además este proyecto no tiene un punto de referencia real, es un proyecto de escala menor (como Apumanque) pero con muchos pisos, en un sector residencial establecido. Ver como se moverá la plusvalía es apostar
    b. Si bien es cierto que los comercios minoristas permiten encuentros con el otro, la sociabilidad, la humanización, entre otros, también hay que reconocer que en una sociedad con nuestros volúmenes de consumo tener puros almacenes sería una utopía muy buena onda, pero ineficiente económicamente hablando.
    PD: Una salvedad, de los dos malls de La Florida uno es de Cencosud y el otro del grupo Plaza, puede ser siutiquería hacer la diferencia pero los proyectos de ambos siguen líneas algo distintas

    • Ignacia Arteaga

      Estimado Francisco:
      Tu primera reflexión es inobjetable, salvo porque cuando critico el libremercado, lo hago pensando en eso que algunas vez comenzamos a llamar Desarrollo Sustentable… Y pienso que la construcción de un templo como ése atenta contra el principio, tanto desde su dimensión “democrática” / participativa que estuvo sesgada, como desde su dimensión medioambiental. Tú ya lo decías, con todos los malls que tiene Las Condes ¿necesitamos otro? Se están colonizando espacios culturales (que bien podrían estar en otra comuna y albergar reuniones de adolescentes) por espacios económicos de acumulación.

      Sobre el equilibrio técnico – participativo me da la impresión que tenemos una postura similar: Incluso cuando buscas empoderar a la gente para que diseñe sus proyectos, no le entregas la responsabilidad a ellos de dibujar el plano. Sin embargo, siento que la planificación urbana al menos en Chile ha carecido sistemáticamente de apertura al diálogo… y quién más que los usuarios saben lo que quieren y lo que necesitan. Esto no es sinónimo de llegar con un plebiscito de opciones restringidas como único mecanismo, sino que se trata de darle poder de decisión a la gente y también poder de innovación; esto se hace (creo yo) presencialmente y profesionalmente, no sólo con los 20 edificios adyacentes al lugar de los hechos.
      … Sin saber mucho, diría que pese a los desastres operativos del Quiero Mi Barrio, ese sí fue un programa que buscó participación y se dio el tiempo de hacer el diálogo.

      Y sobre lo cuestionable: Primero, te aseguro que la plusvalía de los edificios adyacentes baja: qué menos motivador que ver por la ventana hordas de gente, oír bocinazos todo el día y tener los camiones de reposición de mercadería casi que como autos particulares. Segundo, Cencosud es propietario del Costanera y de uno de las moles. Tercero, no considero utópico pensar en un comercio de barrio, tampoco lo considero ineficiente: existe especialización, división del trabajo, segmentación de la demanda… En fin, todo un óptimo social… Y países desarrollados los promueven. En este minuto me acuerdo de Barcelona y Madrid en España, y de gran parte de las ciudades italianas, pudiendo estar equivocada.

      Saludos y gracias por el comentario.

      • prifuix

        El plano es tan sólo el final de un proceso y no su fundamento. Si bien probablemente no habrán miles de manos efectivamente trazando el plano, a través de la participación amplia se busca que en ese plano se reflejen las intenciones de esos miles.

        Los técnicos y expertos pueden actuar cerrando o abriendo su campo de intervención. Decir en complicado y hacer como si ciertas cosas fuesen menos importantes simplemente porque van acompañadas del adjetivo técnico, es peligroso en tanto coopera con el acaparamiento de las decisiones y la exclusión de quienes se verían eventualmente afectados.

        Lo que está ocurriendo en estos momentos en muchos ministerios en donde Piñera ha dado instrucciones para desafectar parques o retirar las reformas al régimen de aguas, ha sido justificado en aras de que son cuestiones técnicas. Sin embargo, son cuestiones que tienen incidencia fundamentales en la estructura política del país, pero se resuelven por la ventanilla pequeña del autoritarismo técnico.

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