Saramago, Un Humanista Que Quería Ser Mucho Más Que Eso


A los 87 años de edad la vida de Saramago ha expirado, no así su existencia que perdurará gracias a su maravillosa obra. Saramago fue una de esas personas con preocupaciones tan extravagantes para los mortales pendientes del día a día, que muchas veces se vio admirado simplemente por ser quien era, más allá de su obra o la complejidad de sus ideas.

El fue un humano que atrapado en el humanismo quería ir más allá de esas posibilidades y convertirse en un hombre humilde y consciente. Con esa preocupación constante, Saramago nos trató de evangelizar en el darnos cuenta, hacernos responsables aunque no tuviéramos bien claro de qué, como una forma de entregarnos a la vida con los otros. En esa misma línea hacia el final de su vida Saramago dió forma a la fundación que lleva su nombre y cuya misión es velar por la defensa de los derechos humanos y del medio ambiente, preocupaciones frente a las cuales siempre fue un activista, destacando el rol que tuvo en apoyo a Greenpeace.

Frente a un hombre de semejante visión no nos queda más que sacarnos el sombrero y reconocer que somos mejores gracias a él. A continuación los dejo con tres fragmentos tomados del blog de Saramago que representan de un modo bastante preciso algunos de los principios que nos inspiran en VerDeseo y finalmente una nota de despedida de Saramago de hace aproximadamente un año.

Leonardo Valenzuela, Sociólogo UC

Humanidad

Tienen razón los escépticos cuando afirman que la historia de la humanidad es una interminable sucesión de ocasiones perdidas. Afortunadamente, gracias a la inagotable generosidad imaginación, vamos supliendo las faltas, rellenando las lagunas de la mejor manera posible, abriendo paso en callejones sin salida y que sin salida continuarán, inventando llaves para abrir puertas huérfanas de cerraduras o que nunca llegaron a tenerlas.

De El viaje del elefante, Alfaguara, p. 233

Responsabilidad

Las miserias del mundo están ahí, y sólo hay dos modos de reaccionar ante ellas: o entender que uno no tiene la culpa y por tanto encogerse de hombros y decir que no está en sus manos remediarlo —y esto es cierto—, o bien asumir que, aun cuando no está en nuestras manos resolverlo, hay que comportarnos como si así lo fuera.

La Jornada, México, 3 de diciembre de 1998

Intervenir

Hemos inventado una especie de piel gruesa que nos defiende de esa agresión de la realidad, que nos llevaría a asumirla, a enterarnos de lo que está pasando y a hacer lo que finalmente se espera de un ciudadano, que es la intervención.

“Si España va bien, es una excepción, porque el mundo no va bien”, La Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 15 de abril de 1998 [Reportaje de Ángeles Arencibia]

Despedida

Dice el refrán que no hay bien que cien años dure ni mal que perdure, sentencia que le sienta como un guante al trabajo de escritura que acaba aquí y a quien lo hizo. Algo bueno se encontrará en estos textos, y por ellos, sin presunción, me felicito, algo mal habré hecho en otros y por ese defecto me disculpo, pero sólo por no hacerlos mejor, que diferentes, con perdón, no podrían ser. Es conveniente que las despedidas siempre sean breves. No es esto un aria de ópera para poner ahora un interminable adio, adio. Adiós, por tanto. ¿Hasta otro día? Sinceramente, no creo…

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