Cualquier cosa menos humo blanco


En el marco de las medidas orientadas a financiar la reconstrucción post-terremoto, se incluye un alza en el impuesto al tabaco en el país. Sin embargo, no ha habido iniciativas orientadas a destinar aquellos recursos hacia programas que permitan que los viciosos chilenos abandonemos el cigarrillo.


Hola, mi nombre es Patricio y soy adicto al cigarrillo. Fumo desde hace unos diez años, cuando sin pudor y en pleno centro de Santiago compré mi primera cajetilla enarbolando mi flamante uniforme escolar en un kiosco a pasos de la salida del colegio. Desde aquel día, siendo alumno de primero medio, he consumido una cantidad bastante dañina de tabaco, pero además, he sido un colaborador constante de la economía nacional mediante el pago de impuestos asociados al consumo de cigarrillos. Un adicto y, a la vez, un taxpayer.

Hoy, en medio de la discusión por el financiamiento de la reconstrucción post-terremoto, se ha anunciado un alza en el impuesto que pagan los cigarrillos en el país: desde un 60% a un 67%, reportando ingresos por la suma de US$990.000.000 (La Tercera). Aquel aumento fue aprobado sin mayores miramientos por parte de nuestros representantes mientras que el royalty a las empresas mineras en el proyecto presentado por el gobierno, que mediante una serie de excepcionalidades permitiría a las mineras invariabilidad en los tributos hasta 2025, contempla recaudaciones por el orden de US$700 millones –montos más bajos de los existentes en países conscientes del agotamiento de sus recursos naturales.

¿Es un problema que se cobren impuestos por el consumo de cigarrillos? En lo absoluto.Como fumador estoy plenamente consciente de las externalidades negativas asociadas al tabaquismo. No sólo en términos de lo molesto que puede resultar para los no fumadores el que haya alguien al lado fumando, sino igualmente en términos de política pública: en efecto, y según datos de la Universidad de Chile, el 17% de las muertes anuales son resultado de causas asociadas al consumo de tabaco, y Chile ostenta el pavoroso récord de ser el país con la mayor cantidad de fumadores en el continente –el 41,2% de la población entre 12 y 64 años es fumadora.

¿Es un problema que aumente el impuesto al consumo de cigarrillos? No, pues tal como se ha mostrado en otros países, el aumento de precio tiene efectivamente una incidencia negativa en el consumo de cigarrillos; a partir de lo anterior, no es cuestionable en razón de con qué fines se aumenta el gravamen, en tanto que la cuestión del tabaquismo se aborde, realmente, como un problema de salud pública. Es justamente con lo anterior, sin embargo, que tengo más de un reparo.

Hace unos años se comenzó con la campaña que limitaba la publicidad de cigarrillos y, además, ponía imágenes que tenderían a hacer menos atractivo el tabaco (¿quién no recuerda a don Miguel?). Pero tal campaña no parece haber sido todo lo exitosa que se esperaba, pues pretendía, entre otras cosas, acabar con el deseo de fumar de los jóvenes –según datos del Ministerio de Salud, más del 30% de los jóvenes en nuestro país prenden más de un “pucho” al día.

He aquí el asunto: en mi caso, que sé no es único, tomé la (errada) decisión de comenzar a fumar en un contexto en el que de haber asesinado a alguien se me podría haber declarado inimputable (el ejemplo es grosero y sirve sólo a fines ilustrativos). La sociedad en su conjunto –aún cuando creo no debiera tener el espacio para prohibir tomar una decisión, sea esta buena o mala para cada persona– debiera al menos esforzarse por no generar las condiciones de posibilidad que permitan que cada día nuevas personas se vuelvan adictas al tabaco, considerando que tal decisión conlleva asociada un sinnúmero de consecuencias que traspasan los límites de la individualidad. Sólo habría pedido que, en su momento, me hubiese sido un poco más difícil agenciarme un paquete de cigarrillos, mas no fue así. ¿Responsabilizo a terceros por este hecho? Bajo ningún punto de vista, mas sí postulo una alternativa diversa.

¿Qué porcentaje de los recursos recaudados en cada cajetilla de cigarrillos se encuentra hoy día destinado a que los actuales fumadores abandonemos el vicio? Hasta donde sé, habiendo hecho un esfuerzo de revisión: cero. No existen programas públicos gratuitos orientados a ayudar a quienes quieren abandonar el tabaquismo. Existen, en cambio, programas privados de alto costo. Sin embargo, ¿por qué los fumadores hemos de asumir privadamente el precio por alejarnos del consumo de un bien que es dañino para la sociedad en su conjunto, a cuyo acceso la propia sociedad no puso barreras claras y definidas y por el que, además, pagamos más impuestos que quienes explotan los recursos no renovables del país tales como el cobre? Mi problema, que siento es de muchos, no es por el alza en el precio de los cigarrillos (esperando, eso sí, que no se llegue a generar un mercado negro que situaría esta discusión en otro punto), sino porque aquellos recursos recaudados no se destinen, siquiera parcialmente, a que quienes quieran abandonar el tabaquismo puedan contar con planes de ayuda por parte de quien recibe los mayores recursos por cada cajetilla comprada.

Mal que mal, la curva de demanda de los fumadores es prácticamente inelástica: el vicio y la adicción asegura un consumo regular prácticamente independiente del precio. Quizás se consuman cigarrillos de menor “calidad”, pero se seguirán consumiendo igual, y tanto el Estado como las tabacaleras continuarán recibiendo recursos. Desde mi particular punto de vista, debemos seguir esforzándonos en que no existan nuevos fumadores, y esto, mediante iniciativas creativas y novedosas; aunque como sociedad debemos hacernos cargo de quienes ya son fumadores y entregar una alternativa para salir del tabaquismo.

El consumo de tabaco no es un problema tan sólo de los fumadores: es un problema de todos, por los efectos directos tanto como indirectos. Todos deberíamos hacerle frente, tanto como con las adicciones a otro tipo de sustancias tipologizadas como más dañinas, y tanto como hemos de preocuparnos por la educación. Todo en vista de que todos vivamos mejor.

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Patricio Velasco F.

Sociólogo UC

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