La cultura del “pillo”



La ley está para cumplirla, pero en el filo de la misma o en su interpretación, es donde se juegan aquellos temas realmente centrales para el beneficio de la sociedad en su conjunto.

Podemos decir que un rasgo característico de la cultura chilena es buscar el éxito fácil, de golpe, sin esfuerzo o “darle el palo al gato”. Este tipo de actitud tiene un respaldo cultural, al valorarse la astucia del “pillo”, que logró salir beneficioso tomando el atajo ilegal, sin ser atrapado. Me interesa llevar este tema a un ámbito de mayor escala, donde lo que está en juego no es sólo el interés personal sino igualmente el bienestar ambiental, y por lo tanto social, el que se verá afectado por las decisiones basadas en buscar el beneficio personal. Pero antes quiero usar un ejemplo para plantear el aspecto moral del asunto, ya que según el contexto cultural y las creencias de cada uno, pueden interpretarse las normas en forma que haya un beneficio personal y no para el fin mayor que dio origen a la norma.

En el partido Uruguay versus Ghana, de cuartos de final del Mundial de Fútbol 2010, el equipo sudamericano se salvó de perder en el último minuto (más bien en el último segundo), mediante una atajada con la mano de parte de Suárez, un delantero uruguayo. Si analizamos la “pillería” de Suárez, podemos darle dos lecturas. Primero, un jugador en el área (que no sea el arquero) puede jugar la pelota con la mano, pero si lo hace se castigará con tarjeta roja y penal. Segundo, un jugador no puede jugar con la mano, por lo que será penalizado si lo hace. Considerando la primera lectura, utilizar el recurso de atajar con la mano es parte del juego, y el jugador que lo hace, considera que los beneficios –que para el caso significaban ir a definición a penales y seguir con posibilidades de ganar- son mayores a los costos de la expulsión y el penal, donde además sería posible argumentar que el fin (ganar la Copa del Mundo) justificaría los medios. Bajo la segunda lectura, sin embargo, se considera que la norma fue hecha por un bien mayor, asociado a la identidad del fútbol, que es jugar con el pie, y el castigo es un desincentivo para evitar acciones como las descritas. Además, en esta lectura, el fin no justifica los medios.

Podemos llevar este caso al área ambiental. La norma “el que contamina paga” (por poner un ejemplo dentro de varios posibles), puede ser interpretada bajo la primera lectura descrita. Los gerentes de una empresa consideran en su análisis costo-beneficio tanto las ventajas para ellos de contaminar, como el costo del castigo, y si la diferencia entre el beneficio y el costo es mayor a cero seguramente incurrirán en la acción que generará daño ambiental. Uno de los problemas que tiene este enfoque es la imperfección de la mitigación (o del castigo); en el caso del partido, Ghana recibió un penal en compensación, que tiene una alta probabilidad de gol, pero obviamente también existe la posibilidad de que no lo sea, como en efecto sucedió. Por contraparte, si Suárez no hubiera metido su mano, el gol era prácticamente seguro.

Considerando esta imperfección, muchos estudios del área de economía de los recursos naturales se han enfocado en la valorización de recursos y servicios ambientales, para así poder definir “cuánto pagar”. De esta forma se busca poner precio a todo, para poder aplicar ecuaciones de costo-beneficio, lo que generalmente lleva al precio conveniente de mitigación (o compensación) que permite realizar la actividad que generará el daño. Pero en realidad, son muchos los ejemplos donde no es posible valorizar, en términos económicos, los daños.

Por citar un caso emblemático en Chile, el proyecto HidroAysén desplazaría a muchos hogares de sus tierras, las que han sido valoradas por sus propietarios como irremplazables –esto es, no existiría compensación económica equivalente al valor de los terrenos. Algunos casos corresponden a lugareños que han construido su hogar durante toda su vida, y de realizarse el proyecto, éste quedará bajo el agua. ¿Cómo es posible compensar eso? Lo que indica la ley ambiental chilena, es que los proyectos que presentan amenazas sociales, culturales y ambientales deben someterse a una Evaluación de Impacto Ambiental (ver artículo 11). En la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), los proyectos deben indicar los daños y las medidas para mitigarlos, compensarlos o evitarlos. Esta evaluación queda a criterio de la empresa, donde es ella misma la que propone cómo compensar los daños y, bajo la lógica empresarial, esto se hará estableciendo valores económicos que supuestamente representen el costo del daño. De esta forma, el objetivo de la normativa ambiental no es evitar daños graves o irreversibles en el entorno, sino permitir que se establezca el precio de esos daños. El nivel óptimo de daño ambiental tiene que ser cero, por lo tanto se deben buscar alternativas que se acerquen a ese nivel.

Como mencioné, el problema pasa por el concepto de beneficio privado (personal o no, cuando se trata de un grupo de pocos que se benefician enormemente). En el caso del proyecto hidroeléctrico mencionado, dos empresas se llevarían un gran beneficio económico, a costa de cumplir unas reglas ambientales poco perfectas, donde la mitigación total y efectiva no es posible, y con un pretexto muy bueno debido a las necesidades de energía del país.

HidroAysén está conformado por dos empresas, Colbún y Endesa Chile, las cuales tienen utilidades anuales superiores a 100.000 millones de pesos para la primera, y 500.000 millones de pesos en el caso de la segunda (ver memoria anual 2009 de Colbún y Endesa Chile). El proyecto HidroAysén representa una parte importante de sus negocios, representando una inversión de 3.200 millones de dólares. Las empresas buscan ese beneficio económico y no el sacrificio por el desarrollo del país, incluso ante la existencia de alternativas energéticas (tanto para bajar la demanda, como para generar desde otras fuentes). Según un estudio hecho por la Universidad de Chile, las represas en la Patagonia no son necesarias considerando la demanda energética proyectada, los proyectos en construcción y los aprobados. Además, considerando un mayor desarrollo de energías renovables no convencionales y una mayor eficiencia energética, se podría evitar el desarrollo de futuras plantas de carbón, ya programadas.

La cultura del “pillo”, llevada al sofisticado mundo empresarial, no nos favorece si queremos alcanzar el desarrollo sustentable. La pillería de HidroAysén es hacer el gran negocio, interpretando las normas legales a su conveniencia, pero sin considerar el trasfondo moral de éstas. Tenemos que jugar respetando las reglas, pero aún nos falta mucho por aprender sobre el cuerpo normativo que nos rige. Generalmente no tomamos en cuenta el funcionamiento de la naturaleza y desconocemos el resultado de la interacción entre sistemas sociales y naturales. Lamentablemente en nuestra cultura, bajo el signo del capitalismo como sistema económico, es mejor no fijarse mucho en lo que nos puede desviar de la búsqueda del beneficio privado, aunque eso implique obviar el beneficio para la sociedad en su conjunto.

7

Robert Petitpas

Ingeniero Forestal UC

  1. Ignacia Arteaga

    Robert, me gusta tu argumento. Es un ejemplo más del ya típico “Dilema del Prisionero”, en donde el óptimo social no se logra si cada individuo persigue su interés personal. Y como tú bien dices, aplicarle costos a la acción, es sólo un desincentivo que entra en el cálculo de la acción. Y ojo, esto no es solo Chile, podríamos decir que es un dilema que se vive en todos lados desde que el hombre es (o puede ser) por naturaleza egoísta. Entonces, la pregunta del millón es cómo resolver el dilema más allá de proponer cambios culturales que finalmente parchan cualquier cosa; en este sentido, requerimos una medida práctica, y probablemente lo más eficaz sea bastante complejo.

  2. Macarena Maldonado

    Uuuf si la gente es muy pilla, recordemos a los chilenos durante el terremoto (supermercados), como si existiera el lugar y momento precisos para hacer pillerías…..y las grandes empresas también, las extranjeras sobre todo que vienen a chilito debido a la débil legislación que tenemos, lamentablemente así es nuestra ley, los públicos hacen todo lo que la ley les permite y los privados todo lo que la ley no prohiba…..
    Saludos

  3. Muy de acuerdo con tu columna, Robert. Creo que un hoyo pendiente en ética es el análisis del estatuto ontológico y moral de las empresas. Si bien son tratadas como personas en la ley, resultan ser a veces personas bastante psicopáticas y ni qué decir pillas, como se puede ver en el documental de “La Corporación!”…

  4. Robert Petitpas

    Gracias por los comentarios.
    Siguiendo el aporte de Alejandra; las empresas son como personas cuando les conviene, como “la política del buen vecino” como mencionas en el artículo el lado oscuro del carbón; http://alejandramancilla.wordpress.com/2010/07/27/250710-el-lado-oscuro-del-carbon/
    Además la empresa presenta el proyecto como de gran importancia para la región y para los problemas energéticos del país (que gran amor por la patria). ¿Pero que hay de sus ganancias? Que expresen los costos y beneficios tanto sociales como privados.
    Saludos

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