III Nuestros Ríos, Nuestras Vidas


Es muy preocupante el rol que las corporaciones alcanzan en la definición de los asuntos públicos en Chile, desde la participación de sus representantes en el Estado, el lobby directo en el Congreso, el financiamiento de los medios de comunicación, el financiamiento de centros de investigación universitarios hasta la compra de bienes a las comunidades afectadas por sus acciones (todas estas opciones ya empleadas en el caso de ENDESA y COLBÚN, en su proyecto HidroAysén). Estas corporaciones han avanzado en las últimas décadas hasta alcanzar tal magnitud, que han logrado una privatización de gran parte de lo que el proyecto democrático cubría como materia de la República. HidroAysén es en esa línea una amenaza a nuestra frágil democracia, puesto que el avance de un proyecto de tal envergadura, más allá de sus gravísimas consecuencias ambientales, afecta también de manera profunda la distribución del poder y las oportunidades de construir un Chile entre todos.

En Chile una de las herencias más significativas de la dictadura es la desconfianza en la democracia y la política. La fascinación con el discurso autoritario que hablaba de los políticos politiqueros y demagogos, y de un gobierno donde la técnica se basta frente a la política, ha tenido consecuencias dramáticas en términos de lo que hemos estado dispuestos a aceptar como nación. Por décadas hemos asistido a un desvergonzado desmantelamiento de los bienes y capacidades del Estado, movimientos que siempre se han visto respaldados por prolijos expertos provenientes de centros financiados por los mismos interesados en desvalijar todo lo que sea público (léase Libertad y Desarrollo (LyD) y  Centro de Estudios Públicos (CEP)).

HidroAysén como proyecto fue un regalo que los privatizadores de ENDESA se llevaron debajo del brazo, junto a prácticamente todas las acciones de agua de los ríos Baker y Pascua. ENDESA era una de las más exitosas empresas del sistema CORFO, pero los expertos de Pinochet dirían otra cosa, rematando a valores indecentes[i] un esfuerzo realizado por décadas por los contribuyentes del Estado de Chile. Increíblemente, en esa transacción privatizadora las acciones de agua se fueron como “yapa” en las privatizaciones (no se pagó por ellas), donde quienes guiaron a ENDESA hacia la privatización (con José Yuraszeck a la cabeza) fueron los mismos que posteriormente la compraron.

El argumento de la dictadura para arrancar a las empresas del control del Estado se basó en la hipótesis de que la administración con criterios políticos llevaría a las empresas a la quiebra, por lo que era mejor que el Estado no hiciera lo que no sabía hacer[ii], a pesar de la evidencias como el del caso de ENDESA que en sus más de cuatro décadas de existencia se había consolidado con bastante éxito. Bajo esa débil justificación, el control de la política del país fue entregado a los privados bajo el axioma de que serían ellos, a través de los juegos del mercado, quienes darían las mejores soluciones a los problemas públicos del país. De ese modo, la política del Estado en áreas tan relevantes como la energía se convirtió de facto en despejar el camino de los privados, facilitarles las materias primas y controlar los conflictos con otros actores. La misión del Estado se convirtió en asegurar energía para el país, pero esa energía la debía obtener de actores privados, quienes fueron capacitados para ejercer toda clase de chantajes, en atención a su posición privilegiada, en una verdadera “Teletón” de los Mega watts.

Al retirar las decisiones sobre energía del ámbito público, sería el mundo privado de las corporaciones el que usaría la posición de privilegio entregada por el Estado para hostigarlo. HidroAysén se mueve de ese modo, una compañía en la que chilenas y chilenos no tienen pito que tocar, que se autoconvoca como heroína de una gesta nacional y presiona a parlamentarios y municipalidades con la misma impunidad con la que instala a sus funcionarios en altísimos cargos de la administración pública. En los medios se vuelca a mostrarnos cuán lindo e inocente es su proyecto, mientras que tras bambalinas muñequea todo lo que puede incidiendo en los nombramientos de quienes posteriormente deberán decidir sobre lo adecuado de sus propuestas.

Si cedemos ante HidroAysén estaremos cediendo ante una de las piezas más crueles de un modelo que por décadas ha restringido la influencia de los ciudadanos sobre aspectos tan públicos como el modo en que disponemos de nuestro territorio y producimos energía. Frenar HidroAysén es apenas un primer escollo de un desafío de más largo aliento que nos compromete como ciudadanía, puesto que debemos ser capaces en el mediano plazo de revertir los enclaves de autoritarismo que siguen limitando el avance de la democracia. Una democracia que arranque el monopolio de la vida pública a los gobiernos oligárquicos como el nuestro y al mismo tiempo nos permita recuperar de las manos de las corporaciones el control de nuestras vidas. “Patagonia sin Represas!” es el clamor profundo de quienes quieren respeto por sus vidas y sus voluntades soberanas, de quienes quieren vivir en una democracia que no los aplaste, que deje a los  ríos correr libres hacia el mar.

por Leonardo Valenzuela

Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente


[i] En 1991 la Contraloría General de la República estimó en US$1.000 millones la pérdida patrimonial que significó al Estado chileno la privatización de ENDESA

[ii] Argumento muy característico del discurso oportunista de los Chicago Boys, quienes no hacían sino representar los intereses de empresas e inversionistas interesados en enajenar bienes del Estado.

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