Verdeseo

IV De Mitos y Megawatts


Para no perderse en el laberinto que propone HidroAysén (HA) es necesario subir rio arriba, cuidando eludir las premisas sobre las que se afianza este proyecto. La principal, dice que para estar a tono con nuestro futuro crecimiento económico se requiere aumentar la generación eléctrica a un ritmo colosal. Convenido esto, HidroAysén se juzga indispensable y su sola puesta en duda presupone condenar al país a la oscuridad y a un mediocre crecimiento. Como todo buen silogismo, el escenario que configura HA es tan parcial como arbitrario. A riesgo de salir confeso ante muestras tan sentidas de miseria y apremio eléctrico, quisiera partir haciendo algunas preguntas de rigor: ¿Es realmente necesario HidroAysén? ¿Qué perspectivas se abren con la línea de transmisión? ¿Cuál es el valor natural y social en juego?

Es un hecho que la capacidad de generación eléctrica debe aumentar en los próximos años. La pregunta que muchos académicos como Roberto Román se han hecho, busca establecer el cómo y la velocidad en que esta generación debe producirse. Es así como el llamado a duplicar la generación eléctrica para el año 2020, y para lo cual HA sería condición, resulta poco serio, máxime cuando ya están aprobados o en vías de aprobación más de 11.000 MW (sin considerar HA). ¿Será que la proyección de la demanda eléctrica pueda estar sobreestimada? ¿Puede alguien estar beneficiándose de que así sea? De ser este el caso, ¿existe vuelta atrás para la Patagonia de aprobarse HA? Esta no es una cuestión menor. De acuerdo a Román, el país tiene en carpeta proyectos que superan con creces la demanda de los próximos 15 años, los que sumados a la contracción del consumo eléctrico, hacen que HidroAysén sea innecesario.  Bajo el imperativo eléctrico, los impulsores de HA fuerzan las pruebas a su favor y matizan los costos para el país

No deja de llamar la atención que la tasa de crecimiento de la demanda eléctrica supuestamente insatisfecha asumida por HA quiera acercarse a las proyectadas para el SING (Sistema Interconectado del Norte Grande). Pese a insistir en que su afán pretende cubrir solo la demanda de los pobres residentes del SIC (Sistema Integrado Central), y en ningún caso busca satisfacer el hambre eléctrica de las mineras del norte, no deja de resultar sospechoso que se haya producido este milagro: la intención del gobierno de unir el SING y el SIC. En el futuro, HA podría cubrir el 5% residencial del SING; y solo quizás, si la situación se lo exigiera, podría llegar a combatir a las centrales a carbón (así de seguro lo plantarían) por la oferta del 90% minero restante (omitiendo de seguro los miles de MW que se perderían al atravesar Chile).

Tras la fachada de indefectibilidad de HA yace otro mito, el de su pulcritud medioambiental. Es tan inverosímil hablar de un proyecto ambientalmente limpio cuando se pretende anegar 6.000 Ha de un zona inmaculada e intervenir un área del Parque Nacional Laguna San Rafael. La línea de transmisión de más de 2.000 Km de extensión con sus 6.000 torres cruzaría 7 regiones, afectando en su paso once sitios prioritarios de conservación de la biodiversidad. De acuerdo al Consejo de Defensa de la Patagonia (CDP) se intervendrían 15.890 Ha en forma directa y más de 4.600.000 Ha de paisaje, lo que se traduce en un daño patrimonial nunca antes visto en Chile. El impacto es global: sobre el agua, la cuenca, la vegetación, la fauna; sobre el paisaje y otros servicios ambientales. De ahí el interés nacional e internacional que reviste la conservación de una de las zonas menos contaminadas e intervenidas del país; he ahí su importancia para la imagen país frente al mundo. La repercusión mundial respecto a este proyecto responde más al estupor de que se permita, una vez más, perpetrar un crimen ecológico irreparable para el país y el mundo, que a una admiración por nuestro desempeño ingenieril. Hay una cuestión que me angustia ¿Una vez trazado el cerco de cables, podrán resistir otros ríos, otros causes más furtivos que atraviesen su trayecto? ¿Será posible oponer la dificultad técnica cuando sea cosa de colgarse?

Como sea, un menoscabo al patrimonio de la nación de tal magnitud no puede considerarse un asunto entre privados. Es inconcebible que para los dueños del proyecto, la noción de impacto se reduzca a los mecanismos de mitigación disponibles. Más absurdo resulta cuando es una variable irrelevante, que ni siquiera la pagan ellos. Todos estas compensaciones propias del proyecto, esa compra de voluntades, serán transferidas íntegramente como costo de proyecto a las tarifas que todos terminaremos pagando.

Inmersos en una nueva crisis eléctrica uno esperaría una mayor objetividad, una seria introspección por parte de quienes perpetúan el principio de subsidiaridad energética. Ad portas de posibles apagones y racionamientos resulta desconcertante descubrir el grado de inmunidad del sistema eléctrico, que le permite sortear crisis tras crisis aferrándose a la consigna: a la escasez mayor producción. Ante este panorama “imprevisto”, similar a aquel que sentenció a Ralco, nos fustigan diciendo que HA es un imperativo.  ¡Hasta cuando se acepta que la salvación solo puede provenir de la oferta! De preguntarle a un productor de tocino qué hacer ante el creciente aumento de colesterol de los Chilenos, este dirá sin dudarlo que la solución pasa por comer más tocino. ¿Será que debemos aceptar lo que nos dicen los productores, quienes se benefician con el aumento de la demanda? ¿Será que tenemos que creerles a quienes el uso eficiente de la energía, la optimización de los procesos representan mermas? ¿Será posible salirse del cauce al que nos empujan nuestros circunstanciadores?

Cuando los intereses corporativos y gubernamentales coinciden, al punto de ser indistinguibles hay que desconfiar: ¿Qué otra cosa sino sospecha surge al ser testigos de la actuación de muchas autoridades que respecto a este tipo de proyectos más parecen corta tickets? Es bochornoso que los responsables de la evaluación de los impactos ambientales, o aquellos que deben juzgar la factibilidad de HA u otros proyectos, reproduzcan con obediencia dictámenes superiores sin la más mínima integridad. Qué se puede esperar cuando Ministros de Interior fuerzan las leyes o el mismísimo Presidente de la República, al margen de toda decencia republicana, hace campaña a favor de un determinado proyecto. En el caso de HA, la falta sobrepasa el ámbito de las declaraciones. A las anteojeras previstas por el gobierno se debe sumar el sinnúmero de irregularidades e intervenciones en todo el proceso de evaluación ambiental; aunque lo justo sería decir que vienen de mucho antes y son políticamente transversales.

Si seguimos los acordes de este dueto, si aceptásemos la importancia de los Megawatts de HidroAysén para la demanda futura de energía, si su seguridad los libra de la “mala leche” ambientalista, ¿por qué no se propicia una discusión transparente, informada y honesta sobre el asunto? Un debate que se adentre en las raíces y consecuencias de prescindir de una política energética y territorial; un debate donde nos preguntemos si queremos seguir a la zaga, intentando retrasar lo inevitable, anteponiendo la avaricia por sobre el bien común.

¿Cómo queda la democracia cuando al amparo de la representación se cometen las más grandes tropelías con el medio ambiente, con la gente, con sus recursos naturales? Resulta cada vez más indígnate tener que presenciar esas burdas puestas en escena donde se sanciona la factibilidad de algún proyecto. Esa autoinmolación pública de funcionarios menores que ocultan con orgullo el rastro de decisiones tomadas en círculos donde reina la omertá, termina por socavar aun más el vínculo entre representante y representados. No basta con elecciones periódicas, separación de los poderes, procedimientos electorales claros y transparentes para que la democracia esté garantizada. ¿Qué clase de democracia es aquella en la que funcionarios públicos designados votan unánimemente la realización de algún proyecto, o cuando se tuerce la legalidad para proteger los intereses corporativos?

Por más robusta que sea la institucionalidad, por más “democrático” que aparenten ser los procedimientos, de no existir un contrapeso “ciudadano”, la democracia seguirá luciendo bien como fachada. Continuará siendo estrujada para hacerla lucrativa. Entre más ilusiones asumen los electores, mayor es la capitalización de la realidad. Para que la democracia no sea burlada por su propia grandilocuencia se debe garantizar la mayor participación directa posible de todos los ciudadanos. Nosotros de paso, debemos ser capaces de exigir que así sea, batallar por el sentido más amplio de la democracia y rechazar el placebo acostumbrado. ¿Es razonable que una comuna pueda votar si quiere un mall en mitad de su barrio y otras no puedan decidir si están dispuestos a hipotecar su salud, o el desarrollo futuro de su región, por más millones que haya en juego? La suerte de la Patagonia exige una mirada puesta en el futuro y no en una sobrerreacción a las premuras del presente. En este caso, de tan grandes y conocidas consecuencias, el gobierno de turno no debiera decretar con tanta liviandad y sin consultarnos, un destino irrevocable para un trozo tan vital de nuestra tierra.

por Nesko Kuzmicic

Biólogo Marino

Referencias

Hall S. R. Román, F. Cuevas, P. Sánchez. 2010. ¿Se necesitan las represas en la Patagonia? Análisis del futuro energético chileno. Ecosistemas. Santiago, Chile. http://www.terram.cl/images/cdp/estudio-patagonia-cdp.pdf

Maresca SJ. Fragmentos de una meditación sobre el poder. Primeras Jornadas Internacionales de Ética  “No matarás”. Facultad de Filosofía, Historia y Letras – Universidad del Salvador, Buenos Aires, 17, 18 y 19 de mayo del 2000.

PRIEN, UTFSM. 2008. Aporte potencial de Energías Renovables No Convencionales y Eficiencia Energética al SIC 2008-2025, Programa de Estudios e Investigaciones en Energía del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile y el Núcleo Milenio de Electrónica Industrial y Mecatrónica y Centro de Innovación en Energía de la Universidad Técnica Federico Santa María.

La Tercera. “El ambicioso tendido eléctrico que impulsa el gobierno para unir el norte y el sur”. La Tercera 28 de Noviembre 2010. En línea: http://www.latercera.com/noticia/negocios/2010/11/655-310828-9-el-ambicioso-tendido-electrico-que-impulsa-el-gobierno-para-unir-el-norte-y-el.shtml

  1. Hernán Tapia

    Estimado:
    Comparto muchos de los argumentos que expresa. Sin embargo -entiéndase con la intención de aportar- creo que falta pulcritud en aspectos tan básicos como la redacción y la ortografía. Esto no es menor, sobre todo en un canal donde la forma es fondo. Si la intención es llegar a un grupo heterogéneo de personas (como es la sociedad chilena), habría que ser más preciso y cuidadoso con dichos detalles. Saludos.

    • Nesko

      Si torcer una palabra para unir las circunstancias con aquellos que la configuran le parece un error ortográfico y no un recurso poético, puedo imaginar el baldío en que cayeran los argumentos. Para mí el lenguaje está vivo, lo mismo pienso de los ríos.

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