Por el Bosque Embaucado


“Esta zona privilegiada de nuestro planeta es considerada por las Naciones Unidas uno de los  sitios prioritarios para la conservación de la biodiversidad mundial y un territorio que presenta ecosistemas únicos que es necesario preservar”. Se equivoca quien piense que el texto alude a la  Patagonia. La leyenda referida es parte de la presentación del video institucional del Parque Tantauco. En este mismo,  Piñera agrega: “quedé cautivado por las bellezas, la soledad, el  territorio virgen, los bosques  nativos, los ríos, los lagos y se me hizo como una verdadera  misión  transformarlo en un parque y  cuidarlo para que lo puedan disfrutar, no solamente nuestra generación, sino también nuestros  hijos, nuestros nietos”. Hermoso gesto.

Esos eran otros tiempos. Cuesta entender un viraje tan elocuente cuando el  Presidente señala que las personas merecen más protección que los  árboles (en  rigor no hay  hombres sin árboles,  pero sí puede y ha habido árboles sin humanos). Además de ser de lo más básico que le hemos  oído,  su reduccionismo es peligroso y plantea dudas razonables sobre su supuesta faceta “verde”. El Presidente no debiera desmerecer algo que en el  fondo ha llamado a defender. No creo que la protección del medio ambiente sea solo posible bajo el paraguas de la propiedad privada. Mientras los árboles de Tantauco están a buen recaudo, aquellos que se encuentren en el camino del “progreso”, aquellos que sean parte de parques nacionales, de tierras mapuches, aquellos bienes públicos o privados que se crucen con el apetito de los caza fortunas, deben ser sacrificados.

Es un tremendo error suponer que la sociedad moderna, incluida la nuestra, ha trascendido a la naturaleza. Disociarnos de los árboles, de la naturaleza en último término, como si obstruyera el objetivo de superar la pobreza, es disfrazar la realidad. Como señala Willam Rees: El disfrutar de un medioambiente sano, de la belleza natural, de comunidades estables, de barrios seguros, de seguridad económica, de justicia social, de un sentido de pertenencia, y de múltiples otras cualidades de vida,  contribuye también al bienestar humano.

Nos han estado diciendo que HidroAysén es condición para lograr el crecimiento económico a las tasas que aspiramos. Para peor, asumen una transferencia lineal entre este logro y la superación de la pobreza. La verdad es que la totalidad de este proyecto puede llegar a destruir más valor económico (no contabilizado pero no por ello menos real), la mayor parte proveniente del patrimonio común, de lo que podría llegar a ser acumulado por intereses privados. Es papel del gobierno proteger y fomentar el interés público ahí donde el mercado no logra hacerlo. Por alguna razón, acá ocurre lo contrario.

Dirán los precursores del proyecto que el valor que ha adquirido la Patagonia (y las miles de hectáreas de bosques que serán afectados) debe ser contrastado con los supuestos beneficios que el proyecto otorgaría. Sin embargo, para la gran mayoría de chilenos y chilenas éstos no son suficientes y cuesta separarlos de aquellos beneficios (utilidades) que obtendrán los grandes “benefactores” y accionistas. La no realización exige cubrir el vacío eléctrico, es verdad. En cualquiera de los dos casos, los beneficios se juzgarán en el futuro. La diferencia radica en que mientras una alternativa presupone un problema perfectamente abordable, la otra reviste una condena. Esa predisposición al determinismo, a decretar actos sin retornos habiendo alternativas viables, es lo inaceptable de este caso.

El Presidente se autoimpuso la misión de preservar su parque privado. De la misma forma, nosotros tenemos la convicción de que los beneficios asociados al proyecto HidroAysén no valen la pérdida irremediable que significaría su construcción. Nos asiste la misma necesidad que al Presidente: hay lugares que deben ser preservados para las próximas generaciones y no cejaremos hasta que HidroAysén sea desechado y la Región de Aysén se vea libre de proyectos disruptivos.

Me quedo con la conclusión del video del Parque Tantauco, y la igualo a la Patagonia entera: “Es así que esperamos que este nuevo parque, abierto a la comunidad, lleno de belleza y poesía, un lugar único en el planeta tierra, sea un verdadero aporte a los anhelos que todos los seres humanos tenemos, para poder construir una sociedad más justa, más sustentable y por cierto, naturalmente más hermosa”.

Nesko Kuzmicic A.

Biólogo Marino

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