Verdeseo

Otra vez en los Historia “todo lo sólido se desvanece en el aire”


La transformación de la conciencia es un cambio en la visión o paradigma social de una época a otra. Según Ken Wilber, cambia Lo que veo: “cada uno de los peldaños (época histórica) del proceso evolutivo nos brinda una visión diferente del mundo”.

Historiadores del devenir cultural han reconocido las siguientes etapas en la evolución de la conciencia: la arcaica instintiva, conciencia alerta de los grupos cazadores – recolectores primitivos; la mágica, que encantaba el mundo en las sociedades tribales; la mítica, de pertenencia a la tierra, a la gran madre, al padre sol, etnocéntrica y propia de las grandes civilizaciones y ciudades estado-antiguas; la conciencia racional – instrumental de la época moderna occidental, individualista, representacional, que separa sujeto-objeto, que tiende a superar lo etnocéntrico hacia lo mundicéntrico; y una potencial conciencia holística, ecológica, integral, respetuosa de lo diverso, planetaria, que sería precisamente la nueva visión que puja por emerger en la actual transición de época histórica.

Esta historicidad, pese a su relevancia, suele olvidarse. De ahí que a la tecnocracia modernizante –un poco anticuada- le cueste imaginar que las cosas podrían ser y hacerse de otra manera.

En un cambio de época necesariamente ocurre la deconstrucción de la antigua visión de mundo y, en paralelo, la construcción de un nuevo paradigma social. Más allá de matices, autores que hoy reflexionan sobre el presente como Historia coinciden en la crítica y la necesidad de superar el paradigma antropocéntrico instrumental y en transitar a una mirada integral, en red, de lo humano, la vida y el Kosmos; así como coinciden en la tarea de deconstrucción del discurso representacional, simple, que separa, que fue común a la modernidad; y en transitar a una mirada sistémica coherente con la complejidad. Es que está naciendo una nueva mirada que co-anima a millones y millones de ciudadanos que intentamos co-crear un mundo diferente y sustentable.

Una análoga dinámica de deconstrucción – construcción, de ruptura, ocurrió en la última transición de época en occidente. En los siglos XVIII-XIX se consolidó el sueño iniciado en el Renacimiento de poner al hombre como medida de todas las cosas. La Ilustración terminó de deconstruir lo viejo y de construir la nueva visión de mundo, marcando así el fin de una época –medieval- y el comienzo de otra -moderna. En el núcleo de la modernidad, con su luz, ha estado la libertad creativa y el pionero impulso empático del romanticismo y la autonomía humana, y, con su sombra, ha estado el exceso antropocéntrico instrumental y la conciencia de separatividad que hoy nos tienen viviendo una crisis ambiental sin precedentes.

Los riesgos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad, junto a la presión demográfica y social, en una interconectada Gaia, no han tenido ni tendrán solución en el marco del modo de vida imperante –en tanto, ha sido la causa de los mismos. Por ello, hoy el principal desafío cultural es dar bríos a la imaginación creadora.

En ese marco, un tema que esta en el corazón del actual cambio paradigmático es el desafío de re-comprender lo que es el Cambio y su relación con la Conservación.

Con la modernidad emergió un concepto de cambio –progreso- en su momento revolucionario y creativo, aunque con el tiempo desnudaría su sino arrasador. A la antigua fe se opuso una nueva fe en el progreso material y en el progreso moral. El primero, junto con permitir impactantes logros, nos condujo también a la alienación en la posesión. El segundo, nos alienó en la soberbia de la superioridad ante el otro diferente y otras especies. De la certeza en el progreso ilimitado como algo bueno per se, nacería una acrítica valoración del cambio por el cambio. Esto se instaló en el sentido común del hombre y la mujer occidental. Pese a la reacción desde el romanticismo a esta mirada, nada pudo con esta unilateral nueva idea (pues progreso no es sinónimo de evolución) y caímos en el cambio por el cambio ciego e irreflexivo. Al respecto recordemos el título, inspirado en Marx, de la obra sociológica referencial de Marshall Berman: Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad.

Es que hasta hoy la modernidad todo lo desvanece y lo destruye, ya sean modos de vida, objetos y experiencias. Desde esa inercia hemos terminado por amenazar incluso la continuidad de lo humano. Fue tanto el ahínco por deconstruir un pasado en que al ser humano le atenazaban irreflexivas tradiciones –pues eso era en parte el mundo medieval-, que, como respuesta cultural, instalaron unilateralmente sus nuevos valores y visiones. Y lo hicieron sin saber que, junto con instalar sus propias tradiciones, desencadenaban potenciales resultados indeseados: a la larga desaparecieron culturas, conductas, ideas y valores, y hoy incluso amenazamos a la biodiversidad y a la socio-diversidad.

Debido a la radicalidad de esa amenaza, hoy en otro cambio de época, esa ya antigua idea del cambio por el cambio ciego e irreflexivo se encuentra en crisis y en tela de juicio por una nueva mirada. Esa idea de progreso –una simple tradición moderna- que arrasaba irreflexivamente con la memoria y otras tradiciones, hoy está siendo cuestionada por el nuevo concepto de innovación que emerge con la nueva mirada sistémica y ecológica.

Empezamos a intuir que en cada emergente gesto innovador, debemos simultáneamente considerar a la ruptura, qué debo cambiar; y a la continuidad, qué debo conservar. Este nuevo concepto de innovación subvierte la relación que en la tradición moderna hemos tenido con el cambio –en sí lo bueno- y la conservación –lo malo a priori.

En el actual cambio de época, en algunos dominios, es revolucionario ser conservador y oponerse a cambios que por su ceguera pueden ser potencialmente destructivos. Por ejemplo, es revolucionario querer conservar un acoplamiento estructural congruente entre cultura y biósfera y, por ello, oponerse a cambios tecnológicos y productivos que podrían destruir los ecosistemas. Es revolucionario querer conservar la socio-diversidad y, por ello, oponerse a cambios que podrían dañar a culturas locales. Es revolucionario querer conservar la biodiversidad y, por ello, cuestionar los riesgos en las aplicaciones biotecnológicas cuando son guiadas irreflexivamente por la avaricia y posesión. Y es revolucionario querer conservar la proximidad humana y, por ello, responsablemente problematizar la sombra en las tecnologías de información y comunicación (TIC) con su potencial inhibidor de la relación cara a cara con el prójimo.

En síntesis, hoy ser revolucionario es oponerse a algunos de los antiguos valores que ayer instauró la modernidad, así como hay que conservar otros que ya son logros irrenunciables en la deriva cultural: la democracia, la autonomía y la emoción empática. Este cambio de visión, está en la base de la idea de sustentabilidad.

Cuando mutan la autoconciencia humana, las relaciones con el otro y la relación con la naturaleza, está acaeciendo un cambio de época. Es lo que ocurre hoy cuando en la auto-conciencia el valor de la autonomía, el gran logro moderno, se complementa con la recuperación de la emoción y sabiduría de la pertenencia; cuando en la relación con los otros, la competencia abre espacios a la colaboración, mientras la simple tolerancia entre iguales es trascendida por la emoción del respeto a la legitimidad del otro y la otra, según gusta decir Humberto Maturana; y cuando en la relación con la naturaleza empezamos a entender que somos cultura y biósfera, imbricados y en continuum.

Tal como hace algunos pocos siglos, en los orígenes de la época moderna, la idea de progreso y la racionalidad instrumental llevó a que “todo lo sólido del antiguo mundo feudal se desvaneciera en el aire”; hoy, de igual modo, pero en distinto signo, las nuevas ideas del paradigma ecológico llevan a que “todo lo sólido del antiguo mundo moderno occidental se desvanezca en el aire.”

por Hernán Dinamarca

http://www.hernandinamarca.cl

  1. Sergio

    Ningun nuevo supuesto paradigma podrá destruir algo que forma parte de la esencia misma del hombre, cual es la religión, la que, de acuerdo a los ultimos descubrimientos (Gobekli Tepe, Turquia, 9.500 A.C) fue el motor de la sociedad humana, precediendo incluso a la agricultura.
    Y la religión verdadera es una herencia inalienable, junto con el progreso , el bienestar social y la democracia, de la cultura occidental.

    • arturo lois

      Sergio no me queda claro que es lo que sugieres sin decirlo.Hay una religion verdadera ? O estas aceptando el significado original de religare que significa” hacerse uno con” en este caso con la Vida y con el Planeta ( las demas especies incluidas ) en cuyo caso estamos de acuerdo y de eso se trata el articulo de entendernos como una especie mas en un planeta rico de vida que estamos destruyendo – Arturo Lois

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