Verdeseo

Isla Riesco y las Reglas de la Democracia


“Existe un sector que se cree poseedor de la verdad y solo acepta lo que ellos plantean. A los dirigentes universitarios, como gobierno, les solicitamos que acepten las reglas del juego de la democracia. La democracia no se construye con imposiciones de la calle, sino con acuerdos y diálogos en nuestras instituciones democráticas. Eso es lo que Chile necesita hoy día” señaló el ministro Chadwick el pasado jueves 11 de agosto, luego de participar en el consejo de gabinete.

Si bien una primera lectura de esta frase no llama la atención e incluso puede parecernos inocua y sencilla, apelando al sentido común, detrás de ella se esconde un problema de fondo muchísimo más profundo.

Justamente allí se encuentra la raíz de las actuales movilizaciones sociales.

El problema es sencillo: se trata de confianza. Confianza en las instituciones, en las autoridades, en el sistema democrático y político como tal. Este sistema ya no está a la altura de las demandas y necesidades del país. La confianza se ha roto en Chile, vivimos en un constate estado de alerta, porque sabemos que la palabra empeñada, sobre todo cuando viene del mundo político y/o empresarial, vale poco. Las tretas y estrategias se suceden unas tras otras, y la ciudadanía ya las conoce. En Chile impera la “ley del más fuerte” y del “sálvese quién pueda” hace ya demasiado tiempo. Por lo mismo, reina el escepticismo y la desconfianza hacia todo lo que se relacione con las autoridades políticas e incluso hacia las empresas (recordemos el caso de la Polar).

Cabe destacar que bastante responsabilidad en esta situación recae en la Concertación, ya que fue la primera en romper varias de las promesas de la “alegría” y democracia naciente a principios y durante los 1990s y 2000s. En el caso de Piñera, observamos una derecha que sigue operando bajo los mismos códigos de la “ética empresarial chilensis” de los 1980s o, en caso del lado más cercano a la UDI, con autoritarismos que hacen sonar vacías las palabras del actual ministro secretario general de gobierno. Pero vamos a los casos concretos. Quiero repasar aquí dos acontecimientos recientes que demuestran cómo poco ha cambiado en la forma de hacer política en Chile.

En primer lugar, la cobarde aprobación del proyecto Isla Riesco. La votación estaba fijada para el día lunes 8 de agosto, pero aduciéndose la necesidad de los ministros de estudiar en mayor profundidad el proyecto, ésta se suspendió. Los opositores e interesados observaron con sorpresa, así como con cautela, el movimiento. No pasó mucho tiempo para constatar que se trataba sólo de una (nueva) jugada política. Correr la votación para el viernes 12 de agosto a las 18.00 hrs., ad portas de un fin de semana largo, para evitar mucha exposición mediática y revuelta, no parece una jugada muy sofisticada a estas alturas, pero esa fue la decisión de quiénes llaman a respetar las reglas de la democracia. ¿Dónde queda la buena fe y la confianza mutua cuando nuestras autoridades mienten y utilizan las instituciones a su gusto para no enfrentar a la ciudadanía?

El segundo ejemplo ha pasado muchísimo más desapercibido y por eso lo quiero comentar aquí. Revisando las noticias del Congreso me enteré, por casualidad, que la Comisión de Minería del Senado recibió la semana pasada a dirigentes de la Confederación de Trabajadores del Cobre, quienes se mostraron inquietos y molestos, ya que pese a las promesas a viva voz y a toda cámara el año pasado (durante el accidente de los 33 mineros) de ratificar el Convenio N°176 de la Organización  Internacional del Trabajo (OIT) sobre seguridad y salud en las minas, el gobierno ha seguido dilatando su aprobación, no enviándolo al Congreso. Nuevamente, ¿dónde queda la palabra empeñada y la posibilidad de confiar en nuestras autoridades e instituciones?

Hace varias décadas ya, la pensadora Hannah Arendt hablaba de la incertidumbre en el mundo político y social, de cómo todo era contingente. Por lo mismo, lo único que los seres humanos podían hacer para enfrentar juntos “la vida en común” era confiar en unos y otros. Las promesas eran, a su juicio, la clave. Las describe bellamente en sus escritos como “islas de confianza en un mar de incertidumbre”, desde las cuales podemos construir juntos algo en común. No podemos controlar el mundo, pero sí podemos establecer acuerdos básicos sobre cómo actuaremos ante ciertas situaciones. Lamentablemente en Chile, hoy en día, algo tan básico como la posibilidad de promesas entre gobernantes y gobernados está roto. Las islas han sido inundadas por la codicia. Hacía falta una ciudadanía despierta, joven y empoderada para empezar a exigir de nuevo una nueva forma de relacionarnos. Ahora, le toca el turno a los dirigentes y a nuestro sistema político de estar a la altura.

Colombina Schaeffer

Socióloga, cursando doctorado en Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad de Sydney

  1. Bárbara

    Muy buen diagnóstico. Preocupante.
    Hace valorar con más fuerza el movimiento estudiantil y social del momento. El que se sugiere como una señal de desarrollo de nuestro país, que ya no se conforma como antes. Las coordenadas han cambiado. También en el mundo entero.
    Subrayaría que el problema es de larga data, y no comenzó con este gobierno ni con el anterior. Por lo tanto éste es sólo el comienzo del proceso para la solución. Sería ingenuo pensar que lo debe resolver Piñera en su gobierno, que ni siquiera es un gobierno de centro izquierda, ni de democracia cristiana. Sería paradojal y crítico para la concertación como oposición del momento..

  2. Pedro E. Vargas

    A propósito de Isla Riesco, llamó la atención que no más de 150 personas llegarán hasta las oficinas donde se realizaba la votación, sobre todo considerando la concurrencia en aprobaciones de otros proyectos como Punta Choros o el EIA de Hidroaysén (donde se calcula en decenas de miles los convocados en sendas marchas a lo largo del país). No sé si se puede explicar por el solo hecho de ser un día viernes ad portas de un fin de semana largo, puede haber algo de aquello, aunque yo más bien me la jugaría por el hecho de que muchas organizaciones reciben recursos en el país y en el extranjero para oponerse a proyectos determinados, por lo que gastan todas sus energías y logística en los mismos. Por ejemplo se rumorea que la campaña de los opositores a Hidroaysén “Patagonia sin Represas” ha gastado cerca de 2 millones de dólares a lo largo del país, cantidad que está lejos de una campaña a pulso como lo es “Alerta Isla riesco”. Sería bueno que se transparentaran entonces los aportes a algunas ONG, para saber a qué intereses estamos enfrentados y para que la gente se sensibilice de la orfandad en que hemos dejado, a cientos de magallanicos que valientemente se enfrentan por evitar que Chile siga convirtiéndose en una gran máquina a base de carbón.

    • Colombina

      Entiendo que faltan recursos y al final del día las energías (pero más que nada los recursos) de las pocas organizaciones ambientalistas se pueden dirigir a ciertos proyectos y no a todos y ahí hay que ser estratégico. Es un problema estructural también, porque en nuestro país la sociedad civil no tiene de dónde mucho sacar fondos, más allá de los internacionales. Ahora, sobre la campaña PSR, es cierto que son financiados por organizaciones internacionales y sí han sido transparentes al decir de dónde sacan los fondos. Deben serlo, las ONG en Chile deben entregar todos los años sus balances y son revisados, donde sale qué entra, de dónde viene, en qué se gastó, etc. Y claro que tienen que haber gastado muchos recursos para llevar adelante la campaña, no imagino que poner insertos en el diario, carteles en la carretera, montar una página Web, hacer investigación, etc. sea gratis. ¿Cuál sería el problema de eso? Y es bastante transparente el sistema. Concuerdo en que podría serlo aún más y es algo en lo que debiesen trabajar. Sobre el monto preciso, no se rumorea, ellos han salido a decir cuánto es exactamente, porque una de las estrategias de HidroAysén fue decir que gastaban miles de millones de dólares en una campaña financiada por “oscuros intereses” internacionales. La respuesta de PSR, claro, no sale en la prensa con igual fuerza que cuando HidroAysén pone sus noticias. Y por cierto, ojalá hubiera más recursos para la causa de Isla Riesco, la que de todas maneras ha tenido bastantes (basta ver el sitio Web que tienen). El problema ahí a mi juicio es otro, y es que el mensaje que se ha comunicado no ha sido tan potente y que, lamentablemente, se ve como algo “menor”, ya que cuesta armar toda la “big picture”, a pesar de que la campaña se ha esforzado en hacerlo.

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