Verdeseo

Energía local, sustentabilidad nacional


Montserrat Lara Sutulov

Bióloga

Una pregunta recurrente de parte de personas que están a favor de HidroAysén o que no tienen una posición definida al respecto es, ¿cuál es la alternativa si no se construyen las represas? En primer lugar, esta pregunta parte del supuesto de que realmente necesitamos HidroAysén para no sufrir una crisis energética en el país, lo cual, de acuerdo a estudios hechos por Roberto Román de la Universidad de Chile, no es acertado, ya que la demanda energética proyectada para los próximos 10 años en el país estaría sobrestimada (Román 2011).

Una segunda pregunta, necesaria para responder a la primera, es para qué y para quién estamos construyendo estas mega represas. ¿La respuesta? Para satisfacer el paradigma de crecimiento económico ad infinitum que ha dominado el mundo en las últimas décadas.

En este contexto, más que alternativas a HidroAysén lo que debemos plantear son alternativas al modelo de desarrollo que éste representa y pretende sostener. Para ello se requiere en primer lugar que el Estado, con una amplia consulta y participación ciudadana vinculante, desarrolle una política energética detallada que establezca las directrices de la matriz energética del país (qué fuentes energéticas, en cuáles localizaciones, conectadas de qué forma, etc.) basada en una demanda proyectada real a largo plazo.

La política energética nacional debería estar basada en un estudio y análisis cuidadoso de las necesidades energéticas del país y luego generar propuestas de las alternativas que existen para cubrir esa demanda en términos de fuentes de energía (renovable, no renovable), modelo energético (centralizado, descentralizado) y el rol de los privados y el Estado. En segundo lugar, es urgente que se promueva e instaure la eficiencia energética como un requerimiento a nivel residencial, comercial e industrial. Según un estudio de la Universidad de Chile, al 2020 el país tiene una capacidad de ahorro energético de 1700 MW a través de disminución de la demanda, lo cual equivale a un 60% de la capacidad instalada de HidroAysén.

Finalmente, es fundamental que el proceso de selección del tipo de proyecto energético a construir, su localización y diseño no recaiga exclusivamente en los privados y en sus criterios técnico-económicos, sino que el Estado y las agencias de gobierno pertinentes aseguren que se incorporen los costos y beneficios sociales y ambientales de largo plazo en estas decisiones.

Las opciones

Una alternativa al modelo energético centralizado que tenemos en Chile, basado en la generación de energía a gran escala (i.e. centrales termoeléctricas e hidroeléctricas de embalse) y que se distribuye a través de extensas líneas de transmisión, es la generación distribuida o los sistemas descentralizados de energía, que han sido adoptados por diversos países europeos. Estos se basan en el uso de recursos energéticos locales, producción de energía a pequeña escala (menor a 200 kW) y la minimización del transporte de energía entre el punto de generación y los consumidores. Todo ello conlleva a un sistema energético más sustentable, flexible y robusto, donde existen múltiples unidades de generación locales que pueden incluir a los mismos consumidores, residenciales e industriales, como generadores de energía (ver Fig. 1).

Los sistemas distribuidos se basan en gran parte en energías renovables no convencionales, siendo en el caso de Chile la opción más viable para introducir un sistema distribuido. Un sistema energético distribuido, al basarse en la producción de energía local y a pequeña escala, tiene múltiples beneficios, tales como democratizar las decisiones energéticas y aumentar la posibilidad de participación de la ciudadanía como productores y consumidores de energía; transferir la responsabilidad de planificar y coordinar la provisión de energía a un nivel local, devolviendo poder a las comunas y/o provincias y regiones; y aumentar el empleo y la actividad económica local.

Los beneficios también se encuentran en la disminución de costos, mayor seguridad energética, y un aumento de la flexibilidad para responder a un aumento de la demanda. Todo lo anterior generaría una descentralización del sistema energético incluyendo su infraestructura, el mercado y la toma de decisiones, lo que puede ser muy positivo para un país altamente centralizado como Chile y con grandes diferencias regionales en relación a su demanda energética y fuentes de energía.

Figura 1. Esquema de un sistema de generación distribuida (Fuente: http://www.solariaer.es/en/node/79)

Para ejemplificar esto, pensemos cuál sería la alternativa a la solución energética actual, donde se plantea que lo económicamente viable es construir cinco mega represas de 2.750 MW en la Patagonia y transportar la energía por alrededor de 2.200 kms para suplir principalmente la demanda de los nuevos desarrollos mineros en las regiones IV y III.

Una solución de generación energética distribuida sería desarrollar una serie de plantas de energía solar en el norte del país, ya que este recurso es abundante en las regiones donde se localiza la actividad minera. Cada desarrollo minero podría suplir su propia demanda eléctrica a través de energía solar generada in situ, o de sistemas de cogeneración a partir del calor que emanan los procesos de producción, evitando costos y pérdidas de transmisión. Esto podría ser complementado por otras fuentes de energía para aumentar la seguridad del sistema. Al mismo tiempo, los pequeños poblados de Aysén, a los cuales las mega centrales de HidroAysén no proveerían de energía, se podrían abastecer con mini centrales hidroeléctricas, plantas eólicas o de biomasa.

La generación de energía local en poblados de menos de cien mil habitantes y en zonas con baja densidad poblacional (como Aysén) es la tendencia actual en Europa, donde muchas localidades se autoabastecen de electricidad en un cien por ciento a través de múltiples fuentes como incineración de desechos, turbinas eólicas y energía geotérmica. Esta estrategia se ha basado en planes nacionales para incentivar la generación distribuida y en la transferencia de responsabilidades y capacidad de decisión a los gobiernos locales y ciudadanos.

En la práctica, Chile debería tener una combinación de sistemas distribuidos y centralizados por razones de seguridad en el abastecimiento y diversidad de fuentes energéticas. Esta propuesta está de acuerdo con las recomendaciones que hizo la International Energy Agency para Chile en un estudio del 2009, donde se proponía “una mayor diversificación  de  la matriz  energética  en  términos  de  fuentes  y proveedores  de manera de reforzar la seguridad energética, en particular con el desarrollo activo de fuentes de energía local tales como energías renovables y eficiencia energética”.

Sin embargo, hoy en día en Chile se observa una absoluta centralización del sistema energético, donde al parecer es más viable transportar electricidad por 2.200 km que buscar alternativas de producción local con fuentes renovables no convencionales que serían más sustentables y con un menor impacto ambiental. Además, existen pocos instrumentos económicos y políticos para incentivar el desarrollo de energías renovables y sistemas distribuidos de generación energética, a excepción de la ley de fomento a las ERNC (Ley 20.257), que es bastante débil y propone una meta poco ambiciosa: llegar a un diez por ciento de la producción energética a través de ERNC al 2024.

De acuerdo al estudio de Román, las mayores barreras para el desarrollo de ERNC y programas de eficiencia energética en el país estarían en esta ley y en la monopolización del mercado energético que no incentiva la entrada de nuevas fuentes y sistemas energéticos. Esto último se vería acrecentado con HidroAysén, ya que alrededor del 90% del mercado eléctrico está dominado por Endesa y Colbún.

Finalmente, si pretendemos como país avanzar hacia una matriz energética moderna que combine un sistema centralizado con un sistema de generación distribuida y donde se dé amplia cabida a las ERNC debemos, en primer lugar, establecer una política energética clara, basada en un sistema energético sustentable producto de una discusión nacional con amplia participación ciudadana, donde se escojan las alternativas que representen el menor costo ambiental, social y económico a largo plazo.

Esto sería un gran cambio al sistema actual, en el cual la oferta de energía se regula exclusivamente por intereses e iniciativas privadas con una visión de corto plazo, donde lo que prima es un criterio técnico-económico y la maximización del lucro privado en un mercado absolutamente desregulado. Si el país logra establecer  una política energética de este tipo, que vaya más allá de los intereses privados y lo que dicta el mercado, habremos dado un gran paso hacia un sistema energético sustentable, que priorice la generación local y la participación ciudadana en las decisiones de este tipo.

LA VERSIÓN COMPLETA DE NUESTRA PUBLICACIÓN LA PUEDES DESCARGAR (FORMATO PDF) Y VER AQUÍ.

Referencias

Román R. & Hall S. 2011. El Futuro Energético de Chile está en la Eficiencia Energética y las Energías Renovables. Santiago.

http://boletin.ing.uchile.cl/~boletin/boletin/noticia/prof-roberto-rom-n-publica-nuevo-estudio-sobre-futuro-energ-tico-chile

OECD. 2011. Society at a Glance 2011 – OECD Social Indicators.

http://www.oecd.org/dataoecd/39/23/47572883.pdf

International Energy Agency. 2009. Chile Energy Policy Review.

http://www.iea.org/publications/free_new_Desc.asp?PUBS_ID=2159

Alanne K. & Sari A. 2006. Distributed energy generation and sustainable development. Renewable and Sustainable Energy Reviews, 10: 539–558.

Hamilton C. 2003. Growth Fetish. Allen & Unwin, Australia.

Mocarquer S. & Rudnick H. 2005. Recursos Renovables como Generación Distribuida en los Sistemas Eléctricos.

http://www2.ing.puc.cl/power/paperspdf/MocarquerRudnick.pdf

Pepermans G., Driesenb J., Haeseldonckxc D., Belmans R., D’haeseleer W. 2005. Distributed generation: definition, benefits and issues. Energy Policy 33: 787–798.

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