HidroAysén versus ERNC: por qué optar por las segundas


Nesko Kuzmicic A.

Biólogo Marino

Cuando los compromisos del Gobierno son refrendados en el discurso del 21 de Mayo, se cruza el umbral de las promesas de campaña para entrar en el ámbito de lo exigible. Eso ocurrió con la cuenta pública del año 2010. Aquella mañana oímos innumerables veces las palabras esperanza, convicción y futuro; con ellas de fondo, el Presidente se comprometió a impulsar un poderoso plan de desarrollo de Energías Renovables No Convencionales (ERNC), que permitiría que el año 2020, el 20% de nuestra matriz eléctrica proviniera de estas fuentes, lo que luego se llamaría proyecto de Ley 20-20.

Pero un año más tarde, Piñera condicionó el cumplimiento de esa meta a la realización de HidroAysén. La pregunta cae de cajón: ¿en qué universo paralelo HidroAysén puede ser tomado por ERNC? Bueno, en el universo donde las recomendaciones del think tank Libertad y Desarrollo (LyD) y de los gremios empresariales dan cátedra de lo que es bien público y lo que no. ¿Cuál fue su recomendación?: “Agilizar el régimen de aprobación/rechazo de los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) y el otorgamiento de concesiones, servidumbres y permisos de parte de órganos del Estado; retrasar el compromiso de elevar a 20% la participación de las ERNC en la matriz; evaluar una definición más amplia de ERNC.” (Jiménez 2010)

No hay que ser un genio para darse cuenta de que el objetivo de LyD y del ‘carnero’ presidencial era pavimentarle la pista a HidroAysén y arrancar cualquier ‘estorbo’ que interfiriera con su proyecto.

Hay a lo menos tres razones que contravienen este intento tramposo de pasar gato por liebre. En primer lugar, la ley es clara en aceptar como ERNC centrales hidráulicas de hasta 40 MW –la central más pequeña de HidroAysén es de 360 MW y la mayor de 770 MW. Cualquier laxitud al respecto es sencillamente inaceptable.

En segundo lugar, HidroAysén tiene costos socio ambientales de tal envergadura que en nada lo acercan a las ERNC. HidroAysén no mitiga el cambio climático: ni siquiera calificaría como Mecanismo de Desarrollo Limpio bajo el protocolo de Kyoto. Tampoco es un proyecto limpio: sus impactos ambientales serían tan grandes que han trascendido fronteras y han puesto en duda los créditos para su financiamiento futuro. De acuerdo al informe titulado “European Banks Financing Controversial Companies”, HidroAysén es uno de los 16 proyectos controversiales financiados por bancos de capitales europeos, cuatro de los cuales operan en Chile: Santander, Citigroup, ITAU, BBVA (cabe señalar que éste último se arrepintió, y al igual que el BID, ha declarado que no financiará HidroAysén por falta de garantía ambiental). Este grupo incluye empresas cuestionadas por producir un reconocido daño al medio ambiente, violación a los derechos humanos,  producción de armas, o inversiones en proyectos de regímenes represivos (Profundo Economic Research 2010).

En tercer lugar, la principal razón  para intentar vender HidroAysén como una ERNC es que estas últimas representan una alternativa ,y por ende, son un peligro para el proyecto. Como lo entendió LyD, de propiciarse con fuerza las ERNC cuesta sostener que HidroAysén sea indispensable. A su vez, su materialización sería una lápida a la aspiración del proyecto de Ley 20-20 (que sobrevivió gracias a que algunos parlamentarios tomaron el guante tras el ‘olvido’ presidencial). Como es sabido, HidroAysén concentraría aún más un mercado de características monopólicas. Esta condición es una de las principales barreras de entrada que enfrentan las ERNC por lo que, de concretarse HidroAysén, las ERNC caerían en una suerte de moratoria. En síntesis, la aprobación de este proyecto y la promesa de un 20% en base a ERNC son excluyentes.

El futuro de las ERNC

Pocos lugares en el mundo tienen el privilegio de contar con tal abundancia de fuentes de energía limpias como nuestro país. Hasta el gobierno ha hecho suya su promoción en el extranjero: “Chile es uno de los lugares más privilegiados del mundo para explotar la energía solar” (El País, 14 de junio 2011), “el país con el potencial geotérmico más relevante del mundo” (3.300 MW) (Qué Pasa, 26 de mayo 2011). Es falso que sean más caras. El Informe Bloomberg demostró que las ERNC ya son comercialmente competitivas (Tringas 2011). Su inclusión redujo el costo operacional del Sistema Interconectado Central en 2010 en un 3,33% (5 USD/MWh), lo que rebate el mito de que las ERNC aumentarían las cuentas de la luz.

Nadie duda del futuro de las ERNC, pero ¿tienen presente?

Las ERNC deben pasar de las aspiraciones y promesas de campaña a ser una realidad concreta. Por lo mismo, hay que diferenciar entre metas e instrumentos. Las metas son necesarias, pero sin los instrumentos adecuados se convierten en letra muerta: la Ley Corta III establecía una cuota mínima de 5% en base a ERNC en la matriz para el año 2010; sólo se alcanzó un 2,5%. De igual forma, es un contrasentido plantearse cuotas que aseguren un determinado porcentaje en base a ERNC si en paralelo se aprueban más y más termoeléctricas a carbón –y minas en lugares protegidos para abastecerlas–, y mega represas que arrasan con todo y copan el mercado.

Para que las ERNC puedan ser realidad se deben subsanar las distorsiones y hacer las reformas que propicien la entrada de nuevos actores y tecnologías y aseguren una competencia justa. Tanto o más importante es contar con una política energética y territorial que ponga el foco en los habitantes y su entorno por sobre los intereses particulares; una política prospectiva, que se adelante a los cambios y desafíos de largo alcance y no exista sólo para asegurar las ganancias de los inversionistas a costa nuestra y de nuestro patrimonio ambiental. Igualmente, hay que reformular el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental: no es posible que se disfrace la arbitrariedad de las decisiones y luego se apele al aura de la institucionalidad.

Muchos de estos cambios requieren de nuevas leyes o cambiar las existentes. ¿Confiaremos? Una cita apócrifa atribuida a Bismark dice que “con las leyes pasa como con las salchichas: es mejor no ver cómo se hacen”. Esa forma de legislar, deudora de bolsillos interventores, tampoco resiste más tiempo. Es de esperar que el nuevo clima que se ha apoderado del país transparente el proceder ejecutivo y parlamentario, y posibilite la participación ciudadana en las decisiones que los afectan.

¿Cómo podemos nosotros propiciar o influir para que el camino sea en base a ERNC y no en base a mega represas y carbón? Hay que estar atentos; movilizados, si es necesario. Pero no basta con marchar –muchas veces lo que se gana en altavoz se pierde en afonía. Hay que plantearse qué hacer con la información disponible, con las licencias del poder que han quedado al descubierto. En las urnas y en el mercado tenemos mucho que decir todavía. Los costos políticos de sostener HidroAysén pueden ser cobrados en tiempos de elecciones. La oposición al proyecto debe llegar hasta las últimas consecuencias y denunciar, a la manera de la campaña que impidió la construcción de represas en Tasmania, Australia, a los políticos proclives al proyecto (incluidos aquellos de la Concertación). “¿Votaría por un partido que quiere destruir esto?” puede rezar la campaña. El mismo costo en imagen lo pueden pagar los bancos (Chile, Santander, ITAU) y las AFP’s (con intereses en ENDESA), que han contribuido con nuestros fondos a la aprobación de HidroAysén. A la inversa, todos los que aporten a un desarrollo limpio y apoyen a las ERNC tienen mucho que ganar tanto en votos como en imagen. Elegir un banco, una AFP, un producto, es un acto tan político como emitir un voto; favorecemos una opción u otra, muchas veces sin preguntarnos las acciones y prontuario tras los mismos.

Las ERNC no son un fin en sí mismas, son un instrumento para alcanzar objetivos mayores: generación más limpia, más barata y más cercana de los centros de consumo; seguridad e independencia energética; disminución de gases de efecto invernadero; protección de la salud y de otras actividades económicas; conservación de zonas de valor patrimonial y turístico; etc.

El rechazo a HidroAysén es al mismo tiempo la aceptación de un futuro alternativo. Uno en que el gobierno y las empresas que históricamente han monopolizado el mercado eléctrico, se adapten a las nuevas condiciones que la mayoría del país impone. Queremos que la protección del medio ambiente y la conservación de zonas de valor natural y futuro condicionen la política y no al revés; que las externalidades negativas sean incorporadas como desincentivo y que las opciones más limpias sean asumidas como prioritarias. Decir No a HidroAysén es decir sí a las ERNC. Cuanto antes tomemos por asalto este futuro estaremos menos expuestos al chantaje de una larga noche sin estrellas, sin luz eléctrica y sin crecimiento. Cuanto antes las autoridades y empresarios asuman la condición de privilegio energético y la forma en cómo la mayoría espera que se cubra la oferta eléctrica, antes podremos cambiar el curso actual cargado de hollín, abusos y represas.

LA VERSIÓN COMPLETA DE NUESTRA PUBLICACIÓN LA PUEDES DESCARGAR (FORMATO PDF) Y VER AQUÍ.

Referencias

Jiménez S. 2010. Política Energética: ¿Hacia Dónde Queremos (Podemos) Ir? Serie Informe Económico de Libertad y Desarrollo.  http://www.lyd.com/wp-content/files_mf/sie209pol%C3%ADticaenerg%C3%A9tica.pdf

Profundo Economic Research. 2010. Financing of the companies involved in the HidroAysén project. Research paper prepared for International Rivers. http://patagoniasenzadighe.org/wp-content/uploads/2010/09/Financing-of-HidroAys%C3%A9n-IR-080919-PROFUNDO1.doc

Tringas T. 2011. Chile Levelized Cost of Energy. Bloomberg New Energy Financed prepared for NRDC. http://docs.nrdc.org/energy/files/ene_11052401a.pdf

Valgesta Energía S.A. 2011. Impacto de las Energías Renovables en la Operación del Sistema. Informe Preparado para ACERA. http://www.elmostrador.cl/media/2011/05/Informe-Valgesta-ERNC.pdf

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