Verdeseo

Ambientalismo: ¿Lucha de ricos o lucha de pobres?


goodeater.org

América Latina se vuelve a convulsionar, así como el mundo vuelve una y otra vez a sufrir una epilepsia económica y social que derriba la solidez económica de un país por acá y por allá. Basta ver los movimientos indígenas oponiéndose a la construcción de una carretera en Bolivia, o la oposición a una minera en Perú, o los movimientos estudiantiles en Chile. Basta ver con la crisis de Grecia, España, Estados Unidos o Inglaterra. Esto es lo que muestra Mariza Revilla (2010) como un nuevo tipo de revolución, como una revolución del “coro”, una especia de rebelión de la vida cotidiana, que se opone a los movimientos más tradicionales de los años 60-70 enraizado en el conflicto de clases y la polarización ideológica.

Uno de estos movimientos es el movimiento ambiental. Ciertamente que el movimiento ambiental ha sido nombrado como una de las banderas de lucha de estos movimientos sociales. Un movimiento que genera un cuestionamiento a las formas tradicionales de la economía, la sociedad o la cultura. Sin embargo, a veces pareciera ser una ideología extraña, sospechosa, escurridiza.

Pareciera ser extraño ver marchando a miles de personas que se han preocupado de evaluar técnicamente los costos/beneficios de un proyecto de desarrollo, de eficiencia técnica de él, de las complejas tramas nacionales o internacionales que involucran, o bien de la poca pertinencia a largo plazo que presentan. Pareciera ser una mezcla entre el deseo de revolución y el deseo de integración más puro. Entre la oposición más marginal y el tecnicismo más estricto. Siempre me ha costado imaginarme los límites de la revolución “verde”. Y siempre me hago la pregunta sobre cuan ideológico o revolucionario es este movimiento ambiental y hasta qué punto es una nueva forma de entender que otro mundo es posible (y deseable) o hasta qué punto es una necesidad limitada e ideológica que nos mantiene en la ilusión de cambio y que abre nuevas oportunidades de negocio.

En la cotidianidad, esto se expresa en que muchas veces me veo a mi mismo participando de un movimiento ambiental que me hace sentir incómodo. Una especie de mundillo cerrado que no es tan diferente a lo que he criticado toda mi vida. Una manera de mirar las cosas de forma distinta, pero más bien como una manera que tiene la “élite” de mirar las cosas de forma distinta, donde la “moda verde” se transforma en un bien de consumo que sólo algunos pueden gozar, que te da un estándar de vida especial, que además es receptor de un estatus particular. Esto mientras que por otro lado se mantiene un alto nivel de marginalidad en otros sectores de la sociedad.

Un buen ejemplo de esto lo tenemos al ir al supermercado. Podemos caminar por filas y filas de productos hechos a partir de procesos productivos dañinos para el medio ambiente o de procesos sociales horrorosos, como es el caso de la explotación infantil, de altos niveles de degradación ambiental, etc. Esto hasta que encontramos el pasillo de los productos ecológicos/orgánicos. A partir de nuestra conciencia sobre la conveniencia de optar por estos productos, queremos comprarlos. Sin embargo, generalmente lo pensamos una segunda vez al ver los precios, que pueden perfectamente llegar a duplicar el producto no ecológico/orgánico. Esto se puede ver claramente en la siguiente tabla de jugos de fruta convencionales vs. jugos de fruta orgánicos en Estados Unidos:

Tabla Precios Jugos Orgánicos vs. Convencionales (mercado EE.UU.)

Producto Año Precio producto convencional Precio producto orgánico Mayor valor producto orgánico (%)
Jugo de manzana importado 2005 6,00 9,00 50%
Jugo de manzana importado 2006 6,00 8,50 42%
Jugo de manzana importado 2007 6,00 8,75 46%
Jugo de manzana importado 2008 6,00 12,00 100%
Jugo de uva Blanca 2005 6,90 7,70 12%
Jugo de uva Blanca 2006 5,35 7,70 44%
Jugo de uva Blanca 2007 6,00 8,80 47%
Jugo de uva Blanca 2008 6,50 10,10 55%
Jugo de pera 2006 6,00 8,50 42%
Jugo de pera 2007 5,50 10,25 86%
Jugo de pera 2008 6,25 11,00 76%

Fuente: Reanne Anderson, JBL Foods. Página web IMO, http://www.imochile.cl/?page_id=38

Así, nuestra decisión final es de tomar el producto pensando: bien vale la pena pagar un poco más (o bastante más), por un producto que no me hará daño, que fue producido respetando los derechos humanos, que las ganancias llegaran directamente al productor, que no produce daños ambientales, etc.

Pero eso está bien para alguien que puede pagar por ese producto. ¿Qué pasa con aquel que no puede pagar, y más aun, que no entiende por qué debería pagar por dicho producto? En este sentido, podemos notar que el producto es más barato cuanto más dañino es. Por ello, finalmente el que paga más, podrá tener una mejor calidad de vida y ser más responsable con el medio ambiente, mientras que aquel que gana menos, solo podrá alimentarse con elementos nocivos y contaminar más de forma indirecta y muchas veces sin saberlo.

Lamentablemente, en la temática ambiental sobran ejemplos como estos. Pagar más significa muchas cosas desde la perspectiva ambiental: quiénes pueden vivir en mejores barrios, donde las casas están libre de contaminación ambiental; quiénes pueden invertir en tecnología más eficientes y menos contaminantes; quiénes pueden tener mejores conocimientos sobre la materia, etc. Existe una injusticia tremenda en este sentido, que no hace pensar hasta qué punto se puede estar en presencia de una revolución.

Ahora bien, como ambientalista esto podría ser un buen argumento para desistir de la lucha y desinteresarme de la temática ambiental. Sin embargo, existe un componente que puede dar otra mirada a lo que vengo diciendo en este artículo, y que puede dar un nuevo sentido al movimiento ambientalista.

Desde la perspectiva del mercado ciertamente que el movimiento ambiental es una especie de “nuevo espacio de intercambio”, donde no necesariamente el tema de la injusticia ambiental. Pero también existe un concepto acuñado por Martinez Alier (2005), que nos da un atisbo de esperanza, el cual es el “ecologismo de los pobres”, que es más bien una lucha por la sobrevivencia de los más pobres, y que es una sobrevivencia ligada al entorno inmediato.

Frente a la crisis de los países desarrollados, las grandes empresas transnacionales buscan nuevos espacios para su sobrevivencia que no habían sido tocados anteriormente. Estos nuevos espacios afectan la sobrevivencia cultural y social de ciertas poblaciones, que generan resistencias que están estrictamente vinculados a la naturaleza. En muchos casos se puede observar en el caso de Latinoamérica.

El caso chileno, la injusticia ambiental es especialmente relevante, ya que se pueden observar muchos ejemplos relacionados con ello, que van desde la distribución barrial de sus habitantes, hasta quienes pueden incidir directamente en la esfera política y de políticas públicas. Y esto también podría traspasarse al tema del movimiento social ambiental. Muchas veces pareciera que estos movimientos se iniciaran desde una clase media y alta, más que desde el mundo popular.

Algunos de los grandes megaproyectos que han sido cuestionados desde nuestra institucionalidad surgen como un choque entre grandes poderes económicos que pugnan por el control de los recursos naturales, y que apoyan un cierto movimiento social u otro. Por ejemplo, en el caso de Pascua Lama se puede observar un claro conflicto entre los grandes empresarios mineros y agrícolas de la zona Norte del valle del Huasco, mientras que en el caso de Hidroaysén se observa un conflicto entre grandes empresarios del turismo y los empresarios hidroeléctricos, o bien, un conflicto entre empresarios nacionales y foráneos.

¿Pero es que en Chile no existe el ecologismo de los pobres? De manera personal, creo que en Chile la desposesión ha sido tan alta, tenemos un mercado tan poco regulado, una desigualdad tan alta, que queda poco por lo que hay que defender, al menos en el nivel local. Más bien, pareciera que a nivel local existe solamente una lucha por sobrevivencia a nivel personal y existencial. Pero a nivel nacional, quisiera rescatar que existen algunos espacios que aun siento que nos pertenecen como chilenos, como es el caso de la Patagonia y la minería, y que redundaron en una lucha social más amplia como es el caso de “Patagonia sin Represas” e Hidroaysén. Por lo tanto, el ecologismo de los pobres se desplaza desde lo particular o local, hacia lo general, donde el movimiento ciudadano se expresa como un bien general de toda la sociedad.

Es así cómo el ambientalismo tiene esta doble faz, tanto desde el consumo como desde la sobrevivencia, donde podemos entenderlo como proceso de recuperación y defensa de lo nuestro, y no sólo un mecanismo para mantener un sistema injusto. De esta manera, podemos verlo como una herramienta que nos entrega amplias posibilidades de desarrollar nuevos elementos como nación.

Francisco Nómez

Sociólogo

Bibliografía:

Martínez Alier, J. (2005). El ecologismo de los pobres. Conflictos ambientales y lenguajes de valoración. Icaria. Barcelona.

Revilla, M. (2010). América Latina y los movimientos sociales: el presente de la rebelión del coro. Nueva Sociedad. N°227. Mayo-Junio de 2010.

  1. Quisiera hacer una salvedad, muchas veces la falta de recursos deja a personas fuera del snobismo verde, pero si, en la periferia de Santiago uno puede ver muchas veces ejemplos extraordinarios de reciclaje y re-utilización, que desde mi punto de vista hablan de un medio-ambientalismo real…
    Personas que se desplazan en bicicleta, por ejemplo, y mueven sus cargas en triciclos, que en vez de invertir en nuevas tecnologías de dudosa procedencia, y de las cuales poco sabemos del real daño que ocasiona su producción… fabricar un auto eléctrico es más dañino ambientalmente, y no se corrige el daño con bonos de carbono…
    El re-aprovechamiento, la menor producción de basura, la vida más sencilla, el uso de transporte público o bicicleta, aunque muchas veces detrás de esto, no hay una ética sino una necesidad…

  2. marcia

    Cuando vemos que algunos elitistas fanaticos del rafting en el rio Baker se oponen a Hidroaysen porque les arruinaria su diversion elitista, no importandoles la falta de energia en el pais, uno ve en el movimiento ambientalista una lucha de ricos para engañar a los pobres.

  3. Cultivar la humildad, la sobriedad y centrar el trabajo y la energía vital en satisfacer las necesidades realmente importantes debieran ser las consignas de todo ser humano responsable, más allá del ingreso económico que este tenga. Si incluyeramos de manera temprana en el currículo escolar principios, valores y prácticas sustentables no serían necesarias las diferenciaciones sociales, y la transformación surgiría desde lo simple y lo cotidiano.
    La verdadera pregunta @marcia debiera ser: ¿Requeriríamos tanta energía si la eficiencia energética estuviera enquistada en nuestra cultura temprana colectiva? ¿Demandaríamos tanta electricidad si nuestros comportamientos de consumo fueran racionales e inteligentes?
    ¡En la demanda está la clave de la sustentabilidad!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: