Especial Febrero: Non Plus Ultra


Como ocurre con un temporal anunciado, se esperaba que la aprobación de HidroAysén causara agitación. Lo que estuvo fuera de los pronósticos es que el “sistema frontal” no consienta alguna tregua.

Le ha tocado a este gobierno enfrentar una situación nueva: a los dictámenes unilaterales ya no les sigue la resignación acostumbrada. Para mayor sorpresa, el movimiento ciudadano no se ha dado de cabezazos contra la Moneda, y ha sabido encausar su descontento de forma pacífica e informada. Sin duda les sería más fácil lidiar con ecoterroristas. La intención de criminalizar la expresión ciudadana falló, a pesar de la complicidad de los principales medios de comunicación. A esta altura resulta evidente que el gobierno no sabe bien qué pensar, ni cómo actuar ante estos nuevos ciudadanos;  no cuesta mucho entender por qué.

El reconocimiento, la toma de conciencia, la creciente sensación de estar siendo despojados de algo que tiene un significado importante adquiere la forma de valor. Y la Patagonia adquirió el rango de valor, el valor de lo que merece ser preservado y cuidado. Sea por su belleza, sea porque su naturaleza continúa intacta en un tiempo en que aquello es sinónimo de milagro, sea porque la suerte de quienes se verán afectados está siendo atropellada. Ya no es un paisaje lejano para nosotros. Tiendo a pensar que en la defensa de la Patagonia se están jugando piezas más intimas que un mero contagio colectivo.

“Con la pérdida de la paciencia, con la impaciencia, comienza un movimiento que puede extenderse a todo lo que antes era aceptado. Ese ímpetu es casi siempre retroactivo”. Esta frase de Albert Camus resume en parte lo que aquí ha ocurrido con las marchas y el enojo creciente. Hay un punto de no retorno que fuerza a oponer  un “no va más”, “de aquí no nos movemos”. De la necesidad de un respeto a la dignidad, a la defensa de lo que hoy ésta simboliza, hay solo un paso.

Muchas situaciones se han condensado para llegar a este punto: el abandono de la educación superior; el desprecio burocrático para nuestros pueblos raíces; la famélica democracia en el corral del binominalismo; saberse ricos de un agua que no es nuestra. Los sucesivos gobiernos han firmado cheques en blanco con los fondos del país. Bueno, esos cheques están siendo cobrados por doquier y sujetos a toda clase de derechos y privilegios. Haber tolerado esto por tanto tiempo habla más de nosotros como pueblo y de lo que somos capaces de aguantar con nuestra mansedumbre. Lo que distingue este rebalse, es que el abuso es a plena luz del día. Ya ni se molestan en ocultar las pruebas incriminatorias.

Unos dirán que no se gobierna con emoción. Puede ser. Pero sin ella un gobierno está perdido. Es en los momentos de emotividad colectiva donde los gobiernos dan los grades saltos en su popularidad o se hunden en el descrédito. En este caso, la emotiva reacción ciudadana ha buscado en la razón los argumentos necesarios para afianzarse. La discusión en torno a la energía es cada vez más clara, lo mismo ocurre con el medio ambiente y su institucionalidad. En contraste, las decisiones que se juegan el destino de la Patagonia responden sólo a dogmas y chantajes.

Más allá de los nuevos medios de interacción que existen, lo que ha ocurrido con HidroAysén es que obliga a definirse ante el dilema: cuánto se es capaz de sacrificar a cambio de un bienestar más que dudoso, a qué se renuncia con el silencio, y cuánto de nosotros mismos comprometemos al aceptar que nuevamente se imponga la injusticia. Por ello ha sido imposible dejar pasar la cronología y prontuario tras del avance de HidroAysén: Barrancones y la institucionalidad de papel; las pruebas del desastre de la Greda y Puchuncaví; Ralco y el bienestar olvidado; y un largo etc. Sin embargo, no hay que confundir causas con efectos. El que la sensación de hartazgo tenga diversos orígenes no implica una dispersión de objetivos. En esta pasada el objetivo es uno sólo: parar HidroAysén. Luego, con el reconocimiento y ejercicio de la fuerza, de seguro vendrán otras causas. Por ahora queremos que el río más torrentoso de Chile, el Baker, siga su curso y jamás se represe.

El potencial que arrastra consigo este movimiento, la incertidumbre de la incipiente transformación del cuadro político a partir de estas demandas, es lo que tiene a muchos atentos y otros preocupados. Para nadie es un misterio que existe una brecha generacional que sencillamente no se banca las opciones actuales. En algún punto el ruido creciente tendrá que adquirir alguna forma. ¿Será posible delinear una convergencia en pos de algunos principios básicos? ¿Podrá la transversalidad sobrevivir al ego de quienes se erijan como representantes? La descomposición de la Concertación, la comprobación de la angora subcutánea de la Derecha, y la volatilidad de los millones de nuevos votantes que ingresarán a votar por primera vez, nos obliga a pensar más allá del entusiasmo de una campaña en particular. No se la hagamos tan fácil a los embaucadores de siempre, de lo contrario acabaremos como Sísifo. Creo que el horizonte político es una conclusión necesaria, y con esto no pienso en nuestro cuadro actual. Hay que ver qué está pasando en otras regiones, observar cómo se han articulado otros movimientos en el pasado, armar las redes que a la larga permitan reverdecer una democracia ya reseca.

El valor representa frecuentemente el paso del hecho al derecho, del “sería necesario” al “quiero que así sea”, dice Camus; eso parece estar ocurriendo con esta ciudadanía movilizada, alegre y alerta. A mi juicio, el movimiento surgido contra HidroAysén no es la pataleta de turno de nuevos actores con déficit atencional, tampoco tiene vocación de anécdota. Si este atrevimiento asume la responsabilidad que exige tomar un papel en la historia, podemos pensar que estamos frente a un cambio de estación. Si este movimiento decide conducir y representar el sentir de una buena parte del país ante temáticas postergadas y urgentes, entonces, puede que estemos siendo testigos y protagonistas de un cambio inédito en nuestra cansina forma de hacer política.

Por Nesko Kuzmicic Astorga

Biólogo Marino

  1. Sebastián Rodríguez

    Te felicito. Notable artículo. Se nota que te manejas muy bien no solo en la teoría política y medioambiental, sino que lees con claridad la emoción de la gente que se moviliza por las calles. Comparto que el objetivo inmediato es parar Hidroaysen, pero faltan mayores luces sobre que viene después. Las experiencias previas, como con Barrancones, dan un notable margen a la imaginación y es por ello que encuentro fundamental educarnos (a los que ignoramos gran parte de la información) sobre lo que pasará más adelante si Hidroaysen es detenido.

  2. Luis

    ¡ Qué pobres ingenuos! Creen que existe un movimiento genuino, espontáneo, y todo esto no es más que la utilización política de jovenes ingenuos por parte de los mismos partidos politicos y agrupaciones de izquierda, o por intereses económicos siniestros particulares a quienes les interesa detener el progreso y mantener la pobreza en Chile, para mantener a su vez sus intereses, lo que se disfraza convenientemente de ecologismo o seudolibertades para cazar incautos.

    • Colombina

      Hola Luis. Tengo algunas preguntas que me permitirían entender más tu posición. Me gustaría saber: 1) cuáles serían esos intereses económicos siniestros particulares. O sea, quién tiene intereses ocultos en el caso de proteger el medio ambiente. Específicamente, de quién o quiénes estás hablando; 2) bajo qué lógica a alguien le “convendría” que no haya progreso en Chile y que se mantenga la pobreza. Por qué eso sería “un buen negocio” para ciertos grupos y específicamente a qué grupos te refieres; 3) por qué lo anterior permitiria a algunos mantener sus intereses. Nuevamente, cuáles serían esos intereses; 4) por qué piensas que esos grupos o personas son tan poderosos como para lograr movilizar a tanta gente y que nadie diga nada ni se de cuenta, que no se escuchen voces críticas. Pregunto porque me gustaría saber cuáles son las herramientas y vías que tienen para “venderle la pomada” a la gente y si tienes algún ejemplo o evidencia de ello; 5) si lo anterior fuera posible y grupos poderosos pueden, efectivamente, hacer eso y controlar a las masas ingenuas, qué impide que otros intereses, de otras visiones, por ejemplo el mismo proyecto HidroAysén o no sé, quiénes están en contra del matrimonio entre homosexuales, hagan lo mismo y también consigan convencer a la gente de lo contrario, controlarla y “venderle la pomada” para sus intereses. Bajo ese punto de vista, por qué en algunos casos ganan unos u otros, y qué permite explicar los resultados de las distintas controversias si al final se reducen a masas controladas por intereses. Eso sería, saludos!!!

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