Especial Febrero: Quién decide bajar la temperatura


Artículo publicado originalmente en Sentidos Comunes en diciembre de 2011.

Empezó a circular en Internet y redes sociales la nueva campaña de eficiencia energética (EE) del gobierno. Las reacciones que he podido ver hasta ahora se resumen, en pocas palabras, en la frase “no sé si reír o llorar”. No pude evitar reír al verla. Es tan básica e ingenua, ridícula, sin sabor a nada y absolutamente poco convincente. Sin embargo, más que reír, quizás deberíamos llorar. No solo por ver cómo nuestro gobierno derrocha valiosos recursos públicos. También porque el mensaje nos demuestra cómo el gobierno ve (o percibe) a la ciudadanía y qué pretende que esta haga y piense.

Probablemente la respuesta del gobierno a las críticas (que vendrán) sea que todo el tema de la corbata era una simple metáfora, poner en un objeto concreto el que todas y todos pueden aportar con un granito de arena a salvar el planeta y lograr la EE (espero no estar dando pistas comunicacionales gratis a algunos asesores perdidos). Entremos entonces en el ámbito de las metáforas y el simbolismo detrás de la campaña. Me parece que hay cuatro razones por las cuales la campaña es, finalmente, reduccionista, mentirosa e injusta, más allá de mala.

En primer lugar, se reduce la idea y práctica de EE a un gesto (que más encima solo podrían hacer los hombres que usan corbata). En la misma lógica de pensamiento económico convencional (hoy en día el neoliberalismo ortodoxo), la complejidad del mundo y la vida en común, en este caso de un problema (energía) y una posible solución (EE), es reducida a una cosa absurda y simplista. Igual que en los libros de texto de “Introducción a la Economía” que tanto les gusta citar a quienes defienden este modelo, el mundo es una isla donde vive Robinson, quien intercambia lana por vegetales con otros isleños. Este modelo, ceteris paribus (o todo lo demás constante) llama “externalidad” a todo lo que no quepa dentro de él (o no calce). Todo lo demás serían factores políticos, sociales o psicológicos (hoy en día algunos han incluso agregado la variable “ambiental”), pero no atribuibles a la absoluta y siempre certera ciencia económica. El momento actual, de crisis económica global, nos demuestra hasta dónde nos han llevado estos sabios designios.

En segundo lugar, la campaña es mentirosa, porque para variar no hay coherencia entre lo comunicado y lo efectivamente ejecutado por el gobierno. Sabido es que el presupuesto de la cartera de Energía en materia de EE y energías renovables fue reducido sustancialmente este año. Incluso más que el del año pasado, cuando empezaron a desmantelar toda esa institucionalidad. Sabido es también que Piñera se niega a aprobar lo que prometió el 21 de mayo del 2010 (20% de renovables al 2020), cuando incluso parlamentarios de su coalición, varios estudios mediante, son partidarios de hacerlo.

La campaña también es mentirosa en otro sentido. El problema de la energía en Chile no se reduce al consumo humano. A ver si se sacan la “corbata” las mineras, que son parte importante del problema y que no están dispuestas a invertir en energías más caras (por ahora), pero menos sucias. Siguen externalizando sus costos a las comunidades y el medio ambiente.

Finalmente, y de aquí me agarro también de los comentarios de Robert Petitpas, la campaña denota el profundo nivel de desconocimiento y reconocimiento de cuestiones relacionas con la equidad, específicamente de género y ambiental. El famoso gesto de sacarse la corbata es uno que solo podrían hacer hombres, que más encima usen corbata. ¿La campaña está orientada, entonces, a quienes usan aire acondicionado y corbata? ¿Cuánta gente en Chile tiene efectivamente acceso a aire acondicionado? ¿Qué hay de las y los demás? Además, deja entrever algo mucho más profundo, una suerte de lapsus de quienes planificaron esta magistral obra de la comunicación estratégica (que probablemente usan corbata y tienen aire acondicionado). Al parecer ellos, y solo ellos, han tenido derecho, hasta ahora, a decidir el nivel de temperatura en las oficinas (y en el país).

La campaña estaría señalando que los que tienen aire acondicionado y usan corbata deciden la temperatura ambiente del país. La metáfora es demasiado simple y hasta cínica, esa cosa “buena onda” que ha caracterizado a la Alianza, donde porque el jefe se sacó la corbata le estamos haciendo un bien al mundo. Mejor que Piñera impulse el proyecto de ley 20/20 en serio; mejor que los senadores legislen; mejor que los gerentes se hagan cargo de invertir en mejores y más eficientes instalaciones y tecnologías. Mucho mejor y más importante a que se saquen la corbata.

Colombina Schaeffer

Socióloga

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