Verdeseo

Especial Febrero: ¡Alto al fuego!


Mientras escribo, Chile está en llamas. Van 28 mil hectáreas quemadas en la zona del Bío-Bío y 14 mil en nuestro Parque Nacional Torres del Paine, con cuya foto-símbolo se presenta nuestro país al extranjero.

Al incendio en el Bío-Bío no me referiré en esta columna, sino a aquel que aqueja a nuestro emblema nacional. Ya se detuvo al presunto responsable, si bien aún no se tiene certeza de que haya sido él quien inició el fuego. Me pondré ante el hipotético escenario de que sea en efecto quien pareciera que es: un turista negligente (o despistado, que en este caso viene siendo lo mismo), que prendió fuego en un lugar no autorizado del parque y se fue sin apagarlo.

Si lo es, entonces el causante de la destrucción de ya 140 kilómetros cuadrados de estepas y bosques se suma a la infame lista del visitante checo que, en 2005, causó la destrucción de una superficie similar, por prender su anafe en medio de un sendero donde no estaba autorizado hacerlo; y al japonés pionero que, en 1985, quemó un siete por ciento del parque por no apagar bien la colilla de su cigarro.

A lo que no se puede sumar el responsable de esta destrucción innecesaria y prevenible es a la lista de penas irrisorias que han enfrentado sus antecesores: no sé cuánto habrá pagado el japonés, si es que pagó algo, pero el checo dejó nuestro país tras cancelar la módica suma de 120 mil pesos. Si fuera pirómana, no dudaría en hacer la inversión.

En el estado de Victoria, en Australia, donde ocurrieron devastadores incendios en febrero de 2009, quien prende fuego en una zona no autorizada arriesga una pena que va hasta dos años de cárcel o una multa de 12 mil dólares, cuando éste se ha iniciado de manera negligente o no se han tomado las precauciones debidas. En Australia, en general, los guardaparques están permanentemente fiscalizando que quienes entran a los parques cumplan con las reglas. Como el castigo duele, la mayoría cumple. No es por simpáticos que los visitantes respetan las regulaciones, sino porque violarlas tiene un costo muy alto.

Aquí van a decir algunos que no se puede ser tan draconiano, que el pobre checo (y, probablemente, también los otros) todavía tiene pesadillas con la embarrada que dejaron, que a cualquiera le podría haber pasado… Pero no: los arrepentimientos y las malas conciencias no van a revivir a los animales quemados ni van a restaurar el suelo, que tardará décadas en regenerarse. Lo único que sirve en estos casos es prevenir, y para prevenir la mejor forma es con leyes estrictas y que se practiquen.

Eduardo Katz, gerente de Áreas Silvestres Protegidas de Conaf, declaró que, aunque está prohibido hacer fuego y acampar en lugares no habilitados, no se puede estar fiscalizando todo el día las 240 mil hectáreas de parque. Esto, sin embargo, es como decir que los carabineros no pueden fiscalizar a quienes exceden la máxima velocidad en carreteras… ¡son tantos autos y es tan grande nuestro país!

Torres del Paine recibió en 2009 más de 140 mil visitantes chilenos y extranjeros, que juntos pagaron por concepto de entrada unos 1.603 millones de pesos. No sé a dónde se va este dinero hoy, pero es obvio que no queda en el parque que, según leo, en 2011 recibió un presupuesto de menos de 54 millones de pesos (¡ni la treintava parte de lo que recauda!), y apenas cuenta con 50 guardaparques en temporada alta.

No puede ser que haya tal reducido número de personas para fiscalizar la “joya” del turismo chileno en la Patagonia. No puede ser que vivan en condiciones precarias, convertidos en héroes a la fuerza. Si no se opta por cerrar definitivamente el parque y conformarse con las fotos (que es lo que a veces los espíritus preservacionistas se hallarían tentados de hacer), entonces que se tome el turismo en serio y se fiscalice de verdad: que haya efectivamente guardaparques dedicados a ver que las prohibiciones se respeten, y que las penas para quienes infringen las regulaciones sean suficientes para disuadir a pajarones, descuidados o negligentes de todas las nacionalidades por igual. Ideas pueden tomarse de todo el mundo: en los principales circuitos turísticos desde los Alpes al Anapurna, por ejemplo, los turistas sólo pueden alojar y comer en los refugios autorizados, y a olvidarse de carpas y cocinillas. Si éste es el precio para cuidar el Paine, lo vale completo.

Lo que hace que un sistema funcione mejor o peor son, finalmente, las leyes que efectivamente se aplican: para esta especie Homo Sapiens no tan Sapiens, no queda otra solución.

Alejandra Mancilla Drpic

Periodista y licenciada en filosofía

http://alejandramancilla.wordpress.com

  1. Pingback: ¡Alto al fuego! « El ojo parcial

  2. Mario Silva

    ¡ Alto a los delincuentes que provocan estos incendios con el único fin de crearles problemas al gobierno democratico que nos dirige, no importandoles la suerte del ecosistema, de vidas y bienes humanos!

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