Verdeseo

Todos fuimos nazis


La brutal golpiza a Daniel Zamudio me recordó la aterradora experiencia de R, uno de mis mejores amigos en su primera visita a Alemania.

Tras salir de madrugada de la mano de su novio alemán de un bar en Frankfurt, la voz de un desconocido los detuvo en plena calle. El tipo quería cigarros, y la negativa de la pareja detonó una leve discusión entre el extraño y el compañero de mi amigo.  No pasaron minutos cuando una turba de adolescentes se abalanzó sobre R para golpearlo hasta dejarlo sin conciencia. Sólo el chileno recibió los golpes.

¿Una canallada xenófoba? Así pareció.

El razonamiento lógico llevaría a cualquiera a concluir que tal fue la típica agresión de una agrupación neonazi alemana. Pero para sorpresa de R, los agresores nada tenían de alemanes. Se trataba de inmigrantes de origen árabe que han formado ghettos al interior de las principales ciudades de ese país europeo desde hace ya varios años.

Tan extraña como esa conducta resultó ser la de los autodenominados  “morenos nazis del centro” que apabullaron a Daniel Zamudio a principios de marzo. Embestidos de esa autoridad mesiánica que caracterizaba a los germanófilos de mediados de siglo, “los morenos” decidieron castigar al veinteañero  por su condición de homosexual, de la misma manera en que su líder, Patricio Ahumada, lo hiciera hace un tiempo con un hombre de nacionalidad peruana, según informó la prensa.

Digno epíteto de un personaje de Ubu Rey, el absurdo de ese eslogan “morenos nazis” da cuenta de lo insostenible de esta adaptación ideológica versión “chilensis”.  Y es que el tema de fondo en esta situación va más allá de exacerbar o no los ideales del nazismo a nivel local, de  perseguir la pureza de la  raza chilena a costa de bravatas y embestidas.

No está en mí justificar la agresión contra Zamudio, sino que entenderla. De ahí que creo que el comportamiento de estos seudo nazis va más allá del fanatismo ideológico. Todo indica que se trata de tipos marginales, con claros antecedentes penales que dejan entrever su reiterada conducta xenófoba y delictual.

La gente quiere linchar a los “morenos” que golpearon a Zamudio y es razonable esta sensación. Incluso, los más enfurecidos proponen absurdamente la incorporación de la pena de muerte al Código Penal.

Hace un tiempo, durante la lectura del libro La era de la información del sociólogo Manuel Castell, me llamó la atención el argumento que éste daba para explicar el actual fenómeno del fundamentalismo religioso.

Pese a la larga tradición que sostiene a doctrinas como el Cristianismo o el Islam, los fundamentalismos son de reciente aparición, según el intelectual. Son un síntoma del presente estado de cosas, el resultado del desarrollo global que ha llevado a que la identidad de estos grupos se sienta agredida debido a la alta homogenización de la cultura.

En cierto modo, se trata de una exclusión tácita de ciertos grupos de los procesos de desarrollo de la sociedad. Una no inclusión que ha llevado a respuestas y conductas condenadas por el statu quó. Ahí está la revolución indígena liderada por el Comandante Marcos hace unos años, el fundamentalismo islámico, y el accionar de la Coordinadora Arauco Malleco y su lucha contra las forestales madereras, por nombrar un caso cercano.

Es cierto, la conducta de los “morenos nazis” está lejos de ser la de una agrupación seria que busca transformar las estructuras de poder como los Zapatistas. Sin embargo, el sentimiento de exclusión que los impulsa adoptar la esvástica como emblema y la intolerancia como el eje de su comportamiento revela un patrón común de estos movimientos: la marginación.

En un emotivo editorial del semanario The Clinic, Patricio Fernández cuenta que en el prontuario del violento Patricio Ahumada están las nueve ocasiones en que el líder neonazi pasó por el Sename, siendo la primera antes de cumplir sus diez años. Y luego explica: “La carne de cañón del nazismo ha sido siempre el lumpenaje. Eso eran las SA, antes de SS. El mismo Pinochet tuvo sus guatones Romo. Aquí lo alarmante no es el chancho, si no quién le da el afrecho”.

Hilar más fino implicaría una desmedida explicación que nos llevará a un razonamiento más hondo, cuya raíz bien pudiera ser la misma que ha validado tácitamente el actual descontento social que embarga las calles de nuestro país: la desigualdad.

Pero está claro, o por lo menos a mí me parece, que no son cuatro los responsables de la golpiza dirigida a Zamudio, sino casi toda una sociedad dispuesta a lincharlos en una suerte de revival del “ojo por ojo”, sin prever cuánto de su cosecha hay tras este crimen desdeñable.

Carlos Oliva

Periodista.

  1. Mario Silva

    Mas preocupante que la actitud de los neonazis, a quien nadie cuerdo en nuestra sociedad apoya y defiende, es la indiferencia frente a otros grupos tanto o más peligrosos que los neonazis , pero que actuan con absoluta impunidad y con grupos de apoyo incluso en la opinion pública y su staff de defensores legales , luciendo la misma actitud de intolerancia y violencia que los neonazis: son los comunistas y anarquistas, que durante 2011 inundaron las calles de Chile de violencia, odio y destruccion.

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