Verdeseo

El problema del 1%


El artículo de Joseph Stiglitz, The One Percent’s Problem, ha circulado bastante en redes sociales en contextos de habla inglesa. Me parece relevante referirme aquí brevemente al diagnóstico y problemas asociados a la desigualdad en EE.UU. del autor, ya que no dista mucho de lo pasa en nuestro país.

El argumento central de Stiglitz es el siguiente: la desigualdad es un problema no solo porque es injusta e injustificable desde una perspectiva ética. La desigualdad es un problema porque genera economías “rentistas”, que no promueven el consumo, y se relacionan con una pérdida generalizada de confianza y oportunidades de innovación y creación.

Respecto del consumo, para Stiglitz lo central es que en una sociedad donde unos pocos concentran toda la riqueza, el resto simplemente no puede hacer mucho. Y si la mayoría no puede hacer mucho (desde estudiar, salir a entretenerse, viajar, hasta tener un hobby o crear en todos los sentidos), hay menos dinero o recursos circulando, por ende menos riqueza total. Por el contrario, la distribución de la riqueza permite que muchos accedan a lo producido, en distintos niveles. Así, tener una juventud con cierto nivel adquisitivo abre las puertas a todo tipo de emprendimientos y actividades que de no existir ese poder adquisitivo serían imposibles. Lo que implica, por supuesto, que nadie gana en exceso (pagando, por ejemplo, sueldos ridículos para conseguirlo), pero que muchos ganan lo suficiente (pequeños y medianos empresarios por ejemplo).

Si bien no comparto la idea de que crecimiento equivale siempre a desarrollo, y que por ende el consumo y su fomento son siempre importantes para las sociedades, entiendo que más allá del consumo de bienes materiales y lo que se llama la mercantilización de la economía, existen otras formas de consumo. Estas formas las podemos entender también como una forma de generar relaciones, de estar “en relación2. Por lo mismo, me parece que el argumento de Stiglitz respecto a los problemas asociados a la desigualdad también pueden entenderse desde una lógica preocupada de los impactos producidos por el modelo actual de desarrollo en el ambiente y la sociedad.

Siguiendo con el argumento de Stiglitz, la desigualdad sería problemática no solamente porque inhibe un consumo más o menos generalizado de todo tipo de bienes y servicios, empobreciendo a la sociedad en general. Otro problema relacionado con lo que Stiglitz denomina economías “rentistas” es la falta de incentivos a la innovación y creación. Las personas observan que sus condiciones de vida se deterioran y que hay un grupo pequeño de personas que por poseer ciertos privilegios o posición social obtienen una serie de beneficios (o rentas) que no tienen ninguna relación con el esfuerzo y aporte realizado (pensemos en los bonos a los directores de corporaciones y bancos, o en las utilidades, muchas veces aseguradas por los contratos de concesión, de controladores de recursos naturales o del sistema de transporte). La falta de correlación entre el esfuerzo realizado y lo recibido, una suerte de justicia asociada al mérito de aportar algo a la sociedad y recibir un equivalente en retorno corroe, con el paso del tiempo, la sensación de pertenencia y de que valga la pena participar en términos honestos y creativos en la sociedad. La “ley del más fuerte” se impone y el vivir en común empieza a tratarse de la sobreviviencia personal a cualquier costo. Es difícil imaginar entonces que nos encontraremos con una sociedad donde es fácil innovar y crear, ya que este tipo de prácticas requieren de cierta seguridad y espacio para ello. Es más, no solo la innovacion y creación sufren en estos contextos. La confianza en el otro, en nosotros mismos y en nosotros como un colectivo capaz de hacer cosas y enfrentar problemas también se ve mermada.

Cabe agregar aquí que problema de la confianza se ha hecho aun más profundo por la experiencia concreta de muchos con un sistema financiero que no advirtió los riesgos de seguir el rumbo que seguía. Y aquí lo grave ha sido que si bien quienes estaban a cargo sabían los riesgos y consecuencias de continuar por este camino, prefirieron seguir llevando jugosos bonos a casa al final de cada año antes de emendar el rumbo (no tenemos que ir muy lejos para pensar en un ejemplo: La Polar). Las generación de riquza a través de rentas implica que no se produce algo concreto para obtener recursos, sino que simplemente por ser dueño de un pedazo de tierra, un bono accionario o controlar un determinado recurso adquiero el derecho de obtener dividendos constantes, sin tener que producir nada concreto. La burbuja financiera explotó, en parte, porque justamente esa relación con algo concreto y material se perdió, quedando en evidencia que estábamos ante papeles y dineros que se alimentaban solamente de la especulación que sobre ellos se generaba. Muchos sabían que todo el juego no podía terminar bien, pero siguieron jugándolo, mientras les daba dividendos.

La historia que nos cuenta Joseph Stiglitz para el caso estadounidense me parece relevante, porque la historia de países como Chile es muy similar. El elemento a agregar en el análisis sería la relación entre la concentración de la riqueza y el poder. Cuando se juntan las dos tenemos además de una crisis económica, una de representatividad y del sistema político. La crisis económica no pega todavía con tanta fuerza en Chile. Sin embargo, nunca ha habido mucha riqueza realmente distribuida. Por razones de espacio no puedo desarrollar más estas ideas, pero creo que pensar en las coordenadas propuestas por Stiglitz para el caso chileno y relacionarlo con la concentración del poder sería un ejercicio necesario e interesante. La actual crisis de la política chilena puede analizarse y comprenderse mejor desde esta perspectiva.

Por Colombina Schaeffer

  1. Tengo que superar la indignación que me genera, con tu excelente columna como disparador, pensar a mi país en este estado de inequidad vergonzante. Luego quizás pueda dar con un comentario que aporte a la discusión. Saludos!

  2. Cassie

    La desigualdad es una condición inherente a la naturaleza humana y, salvo los pateticos grupos izquierdistas que nunca han entendido la naturaleza humana, nadie en su sano juicio pretende eliminarla para construir un mundo REAL mejor.

  3. Romina

    Lastima el comentario de Cassie..dejar de tener fe por la justicia social implica dejar de soñar y luchar…algo bastante alejado a mi realidad y a la de muchos. Creo que hay que intensificar estos debates, pues contribuye a generar conciencia, a cuestionar el problema y a entenderlo, lo cual es la base para poder hacer algo para solucionarlo. Sigamos haciéndolo.

  4. Pingback: La coctelera de fin de año: VerDeseo durante el 2012 « VerDeseo

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