Fines sin medios, la incompetencia en La Moneda


En las últimas semanas tres eventos han vuelto a levantar dudas respecto a la capacidad del gobierno de Piñera de hacer política y gobernar. El pronunciamiento de Contraloría respecto a la eliminación de las listas de espera AUGE por medio de recursos administrativos, el cuestionamiento al tratamiento de los datos de la encuesta CASEN por parte del gobierno y el MIDEPLAN, y finalmente la presentación de un proyecto de reforma tributaria mediocre y cuyas medidas han incendiado nuevamente el debate respecto a la educación pública.

En el primer caso, Contraloría ha señalado que el 44.5% de los pacientes en listas de espera para obtener los beneficios del AUGE fueron borrados de los registros por vía administrativa. Piñera, junto al Ministro Mañalich, realizaron una vergonzosa performance para vanagloriarse de haber terminado con las listas de espera que incluyó 430 millones de pesos en una campaña publicitaria a nivel nacional. La Contraloría, al mismo tiempo que reveló esta irregularidad, instruyó a los servicios de salud para que se asegurara la recuperación de los datos y la entrega oportuna de los beneficios para aquellos a quienes se les podrían haber denegado la atención a través de esta artimaña burocrática.

En el segundo caso, diversos cuestionamientos ha recibido el anuncio de una baja en la pobreza extrema y algunos otros datos presentados por el gobierno como logros de su administración extraídos de la encuesta CASEN. Estos cuestionamientos apuntan principalmente al uso histérico que se ha hecho de los datos, aun cuando no se han revelado los detalles técnicos de la medición como el margen de error o el tratamiento de algunos eventos como el bono de $10.000 entregado durante el levantamiento de datos. El gobierno ha contestado a estas acusaciones a través del Ministro Lavín, descargando responsabilidades en otras instituciones como la CEPAL y realizando comentarios que trivializan la capacidad de medición de la CASEN, convirtiendo a la medición de la pobreza en materia de fe.

En el tercer caso, el gobierno presentó un nuevo proyecto de reforma tributaria que incluye simplemente ajustes menores a la estructura tributaria y no se condice con las expectativas públicas respecto a una reforma que sirva para financiar una reforma educacional. Adicionalmente, este proyecto incorpora un ítem que representa el camino contrario de las demandas del movimiento estudiantil, la subvención al gasto privado en educación. El gobierno pretendió realizar una demostración de fuerza con una medida que es una burla para las pretensiones de un movimiento social latente, pero finalmente lo que ha logrado ha sido su rearticulación.

Actuar no puede nunca ser desligado de contar una historia. Sin embargo, a pesar de que pueden haber múltiples narraciones es necesario tener la capacidad de dar respuesta a las objeciones de las narraciones alternativas. Si al contar un cuento quedan demasiados vacíos y cabos sueltos, la credibilidad del narrador se daña por su limitada capacidad de observación, o por su posible intencionalidad a la hora de dejar selectivamente algunas piezas fuera de la historia o de plano mintiendo.

Actuar políticamente implica conducir a través de narración y acción un estado de cosas hacia otro más o menos incontrovertible, ser capaz de estabilizar la discusión a través de medios que avalen mis fines. En democracia el proceso de despolitización idealmente implicaría algún nivel de negociación entre las partes en desacuerdo, en su mínima expresión esto sería a través del diálogo entre el gobierno y la oposición. Otro medio que ha sido empleado con mucha intensidad especialmente en las últimas décadas es el recurso a los expertos, donde el camino a la despolitización toma el atajo de la autoridad del conocimiento, la tecnocracia. Finalmente hay otro medio hacia la despolitización, recurrir a la fuerza, simplemente cerrar la discusión poniéndole el pie encima a los adversarios a través de actos que muchas veces lindan en la violencia.

El gobierno de Piñera ha estado marcado por un intento excesivo de recurrir a este último recurso. A nivel del discurso hay un llamado constante a la unidad nacional y el consenso, presentando a la diversidad y el disenso como atentados a la convivencia. Una estrategia de comunicaciones que se basa en mucho cinismo, mentiras y bajezas, sin nunca estar disponibles a exponerse a hacer política con otros. Para el gobierno de Piñera las condiciones mínimas para dialogar consisten en estar de acuerdo con él, para todo lo demás entiéndase con Carabineros. La “genialidad” de esta estrategia la podemos apreciar en el continuo desborde de las vías institucionales, las cuales fueron empleadas por los gobiernos anteriores como mecanismos de despolitización.

Esta “despolitización a la fuerza” pone en evidencia la profunda convicción autoritaria del actual gobierno y la torpeza con la que han leído la historia reciente. Convicción autoritaria en tanto pretenden que pueden hacer lo que se les plazca, imponer en contra de lo que sería la voluntad popular, puesto que ellos “se ganaron” el gobierno. La mala lectura tiene que ver con la fascinación que los funcionarios de este gobierno tienen con algunas de las herramientas que empleaba la Concertación para hacer política, aún cuando tales herramientas, justamente por su doble filo, forman parte de lo que derrumbó a esa coalición.

Las comisiones de expertos, las reuniones a puertas cerradas en La Moneda con empresarios, las conferencias de prensa con gente que se vea “vulnerable” o “pintoresca” detrás del Presidente, o las grandes parafernalias comunicacionales que estiran los límites de la realidad hasta el absurdo como en los tres casos nombrados más arriba. Es esta selección de medios, con una aplicación nada delicada, lo que pone de manifiesto es la incompetencia de este gobierno a la hora de innovar políticamente.

La ideología de este gobierno está muy clara, pero se entrampan buscando los medios apropiados para vender sus fines particulares en un envase digerible. La derecha sigue operando como cuando eran gobierno en dictadura, sin embargo, no han sido capaces de llenar el espacio de los aparatos de inteligencia y la pura represión por inteligencia política y procedimientos democráticos. La prácticamente nula base empírica de sus convicciones refuerza en la derecha su tendencia al fundamentalismo, el secretismo, el arrebato o simplemente a la mentira.

Estos casi 30 meses con Piñera deberían servir como aprendizaje político en un sentido amplio. Este gobierno ha debilitado enormemente a las instituciones del país y ha sido capaz de quebrar la credibilidad incluso en los instrumentos de medición que emplea el Estado (por ejemplo, la CASEN y el censo). Esto no es completamente negativo, en la medida que la otra cara de este movimiento ha sido abrir las cajas negras de la administración pública, y de la estructura legal y política chilena. La falta de medios de la derecha ha entregado las herramientas para una crítica bastante contundente al “modelo” institucional actual. Este experimento público de incompetencia ha desatado múltiples controversias, ellas serán el alimento del futuro político en Chile.

Leonardo Valenzuela

Un Comentario

  1. Pingback: La coctelera de fin de año: VerDeseo durante el 2012 « VerDeseo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: