Las fiestas, la migración, la ansiedad: Nuestras diferencias bajo la misma bandera


Este fin de semana largo fui con unos amigos al Parque O’Higgins y me sorprendió constatar la cantidad de personas de otras nacionalidades que estaban ahí presentes celebrando el 18 de Septiembre. En ese momento me acordé de lo que pasó con la reciente película que caracteriza al profeta Mahoma y las reacciones que desencadenó en Siria, Libia y Yemen. Tanto la fiesta en el parque como el contexto en que se dio el conflicto con la película levantan una suerte de ansiedad cultural que pone en cuestión la convivencia. Así, surgen los temas de multiculturalidad e integración que son propios de la discusión acerca de la migración.

Puesto muy simple, por un lado, el multiculturalismo discute la pregunta por la capacidad de convivir en un mismo territorio con la diversidad étnica. Por otro lado, la integración se refiere al acceso igualitario a las oportunidades de salud, educación, empleo y seguridad social de personas migrantes. Ahora bien, ambos términos se refieren tanto a un concepto que sirve para describir situaciones, como a una ideología que se utiliza para promover o retrasar cierto tipo de políticas.

En Chile, cada día se toma más conciencia de la situación en que viven muchas de las personas migrantes, pero se sigue teniendo esta suerte de ansiedad frente a la diversidad étnica, esto a pesar de dos hechos: el primero es que históricamente la población chilena ha contado con permanentes flujos migratorios desde sus inicios. El segundo es que hace pocas décadas Chile fue un gran país emisor de personas. Una estadística interesante es que por cada un migrante que llega a Chile, hay dos chilenos en el exterior. Desde esta perspectiva cobra sentido lo que mencionó Ricardo Ezzati en la homilía del Te Deum Ecuménico de este año: “En fin, sería incompleta mi palabra si no hiciera un llamado a la acogida y la confianza a los migrantes que llegan a nuestra tierra en busca de nuevas oportunidades y, en algunos casos, huyendo de situaciones opresivas, como sucedió a muchos chilenos en un pasado no lejano. Nuestra patria se ha formado con la riqueza que han aportado diversas migraciones a lo largo de su historia. Nuestra patria se ha enriquecido con el aporte de artesanos, sabios y misioneros que han regalado sus vidas al servicio de Chile y, en especial, a la formación de jóvenes generaciones que han detentado responsabilidades políticas, económicas y sociales en el país”.

Pero la migración no es solo un asunto de la Iglesia, también es un asunto de política pública y de discusión ciudadana. En este mes se publicaron dos encuestas que sirven para ilustrar la realidad del migrante actual en Chile, la Encuesta CASEN 2011 y la Encuesta de Percepción de la Discriminación a los Migrantes en Chile.

Por un lado, la encuesta CASEN nos permite comparar con una muestra de familias migrantes (casi 2000 personas) qué está ocurriendo en el país a nivel de acceso a las oportunidades de empleo y vivienda; por nombrar dos de las dimensiones críticas en temas de acceso. Los resultados al respecto son nítidos: existe evidencia estadísticamente significativa que permite señalar que la población chilena tiene viviendas de mejor calidad, con mejor nivel de saneamiento (con agua potable y alcantarillado) y menos hacinamiento que la población migrante.  Ahora, en términos de empleo, la población migrante se encuentra en mayor proporción trabajando activamente y además la mayoría está realizando cotizaciones previsionales. Esto último habla bien del mercado laboral chileno, pues pese a las trabas laborales asociadas a la regularización de las personas, éste presenta nichos específicos para la inserción laboral de personas de otras nacionalidades. Sin embargo, para explicar esto último no hay que olvidar que el perfil de la persona que migra a Chile es justamente la de una o un adulto (en su mayoría son mujeres) que está buscando nuevas oportunidades de trabajo pues se enfrenta a duras presiones económicas en sus países de origen, entregando casi la mitad del ingreso como remesas hacia sus hogares de origen.

Por otro lado, la encuesta sobre percepción de discriminación de los migrantes es menos auspiciosa en sus resultados. Cuatro de cada diez personas migrantes se han sentido discriminadas sin motivo puntual. Al respecto, la discriminación más frecuente es recibir un insulto sin motivo aparente. Uno de cada cuatro personas migrantes se sienten peor tratadas que un chileno al acceder a servicios públicos como vivienda, salud pública y justicia. Al respecto, recuerdo una pequeña investigación que realicé hace un par de años respecto a la integración de personas peruanas en Chile. En ella se mostraba que el principal problema migratorio no es el de acceso a los servicios sociales, sino más bien a la calidad de atención que reciben y la discriminación arbitraria que sufren en instituciones como las escuelas municipales y los centros de salud. La familia con la que yo trabajé tenía un hijo al que le habían prendido fuego en la escuela y los inspectores habían dicho que eso “era un juego de niños, que no había que darle mayor importancia”. Por su parte, su hija al ir al consultorio para tomarse exámenes de sangre fue acusada de ser “una peruana más que viene a Chile a tener hijos”, pese a que ella iba por tener problemas de presión arterial y no embarazo como lo había supuesto la enojada enfermera.

En este sentido, es en el plano simbólico de la convivencia en donde Chile está peor parado, no en el acceso a los servicios sociales. Al respecto, esta encuesta sobre percepción de discriminación menciona que un 38% de los migrantes percibe que los diarios impresos y la televisión abierta entrega una imagen negativa de las personas migrantes y un 60% de los encuestados declara que “Los medios de comunicación suelen generalizar las malas acciones de algunas personas y aplicárselas a toda una nacionalidad”. Este es el “peligro de la historia única”, como dice la escritora nigeriana Chimamanda. Los medios de comunicación más que ninguna otra cosa ayudan a crear estereotipos negativos acerca de los migrantes latinoamericanos que son los que en mayor medida llegan a Chile. Para imaginarlo, basta solo con pensar en los dos reportajes que se hicieron en TVN a los migrantes colombianos, relacionándolos con delincuencia, narcotráfico y prostitución. Esto no contribuye a valorar las diferencias sino a temerlas.

Hoy estamos en un momento inédito. Se está discutiendo por primera vez la confección de una política migratoria en Chile (antes habían solo reglamentos, no política). Los migrantes con residencia definitiva de más de cinco años podrán comenzar a votar en las elecciones chilenas. Por esto, apropiémonos de las fiestas que vienen y reinventemos el origen que celebramos, un origen donde nunca fuimos todos iguales.

Ignacia Arteaga

Socióloga

  1. Colombina

    Me encantó la columna Nacha, muy buena. Con excelentes datos y una interesante reflexión en torno a ellos. La única duda que me quedó fue con respecto a los conceptos de multiculturalismo e integración. Entiendo la distinción que haces, pero siempre me ha parecido que los modelos basados en la integración (como el alemán) terminan integrando a costa de forzar la no-diferencia. Los más basados en la multiculturalidad (en teoría al menos) tienden a ver la integración más en la línea que tú señalas, como acceso e igualdad de oportunidades (y ante la ley), pero sin pedir a cambio una suerte de uniformización. Australia sigue un poco ese modelo, con sus sombras y luces, como diría Hernán, pero me parece que es bastante mejor que el modelo alemán, por ejemplo.

    • verdeseo

      Gracias Colombina por tu comentario.
      Lo que yo entiendo es parecido a lo que tú dices: los modelos de integración tienen como función latente la disminución del ruido que hace la diferencia étnica. No es una óptica para el reconocimiento cultural sino para la normalización del comportamiento, que se da sobre todo con los requisitos de aprender el idioma para recibir beneficios o subsidios públicos (Dinamarca me parece que es así).
      El multiculturalismo sería un modo de generar reconocimiento intercultural sin invisibilizar las diferencias. Sin embargo, no generaría “interacción”. Es así como sociedades multiculturales son muchas veces también sociedades segregadas, donde nadie se topa con nadie.

      Ahora bien, lo que he veo que pasa en Chile es que se ha optado por este modo de integración silenciosa y funcional, de modo que no se reconoce el aporte del otro. Pero esta tarea la hace el Estado, porque si te fijas, a nivel peatonal la convivencia no se ha producido al nivel que muchos de nosotros deseamos.

  2. Pingback: La coctelera de fin de año: VerDeseo durante el 2012 « VerDeseo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: