Verdeseo

La desbocada carrera del PIB


El crecimiento económico de Chile en las últimas décadas ha sido espectacular. En los últimos 20 años, el valor promedio de expansión del PIB ha sido de un 5,2%, mientras que en los años 2010 y 2011 ha tenido una expansión de 5,2 y 6% respectivamente, la cual se mantendrá constante en los próximos años en al menos un 4%.  Pareciera que al fin nos encaminamos hacia una vida más tranquila, con la cual podremos acceder a mejores niveles de bienestar.

Pero existe algo en esa unión de crecimiento con bienestar que me incomoda. Ciertamente, mejorar nuestro acceso a bienes materiales mejora también nuestra calidad de vida.  Es difícil encontrar a alguien que desee fervientemente bañarse todos los días con agua fría, comer uno o dos alimentos, andar descalzos por las calles, dormir a la intemperie, no tener colegios a los cuales asistir o no poder acceder a vacunas.

Sin embargo, también creo no equivocarme cuando digo que estos bienes no satisfacen todas nuestras expectativas de vida. Hay algo que no queda bien resuelto en la medida que tenemos más crecimiento económico. Algo que a muchos los mantiene frustrados, insatisfechos y que no se incorpora o valor al medir el bienestar de un país. Algo que en definitiva, nos mantiene infelices.

De manera más empírica, esto se podría demostrar en el hecho de que los distintos estudios sobre felicidad, no muestran una correlación tan clara entre los países con más ingreso y los países más felices. Por ejemplo, un estudio de felicidad encargado por las Naciones Unidas a La Universidad de Columbia[1], muestra casos como el de Costa Rica, que a pesar de tener un PIB de menos de 10.000[2] dólares per cápita, se ubica en el puesto duodécimo, mientras que Japón, que tiene más de 46.000 dólares per cápita, se ubica en el puesto 44, lo que lo ubicaría debajo de Panamá (con 9.444 dólares per cápita), Bélice (con 4.481 dólares per cápita), Guatemala (con 3.330 dólares per cápita), Jamaica (con 5.657 dólares per cápita) y Colombia (con 8.127 dólares per cápita).

Otro ejemplo proviene de una lista de países relacionadas con la felicidad elaborado por la empresa española ASEP/JDS[3], en el cual países como Tailandia, Nigeria y Vietnam (que no superan los 6.000 dólares de ingreso per cápita), están sobre países como Francia, Alemania, Italia, Japón o Australia (todos con más de 40.000 dólares de ingreso per cápita).

Según esto, uno podría pensar que el crecimiento económico significa necesariamente un paso a la infelicidad, pero no hay que confundirse. Lo que se quiere mostrar es que la mayoría de los países en la cúspide de estas listas tienen un PIB alto. Es así como las mayores excepciones se encuentran en la mitad de ellos. Esto desmitifica el pensar que los países latinoamericanos, o africanos, somos siempre más felices.

Y entonces, ¿cómo se podría abordar la medición de un modelo económico a partir de su nivel de bienestar? Existen algunas experiencias que vale la pena rescatar, las cuales nos dan orientaciones para lograr esta medición.

Por ejemplo, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, encargó un informe, a cargo de los economistas Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean Paul Fitoussi con el fin de identificar los límites del PIB como medida para evaluar el bienestar y la felicidad[4]. Entre sus principales resultados, está el que la medición del PIB no necesariamente conlleva un mejoramiento del bienestar de los ciudadanos, e incluso puede ser contrario a él. Por ejemplo, cuando existe un aumento del atasco vehicular, se produce un aumento del PIB por un mayor consumo de gasolina, pero implica una serie de externalidades negativas, que disminuyen la sensación de bienestar de los ciudadanos[5].

Las Naciones Unidas también ha buscado la manera de cambiar la forma en que mide el bienestar social, a través de la elaboración del concepto de Desarrollo Humano. Lo novedoso de este concepto es que mide también ciertas condicionantes sociales como medidas de bienestar, como son el estado de la salud, la educación y el estándar de vida[6].

Pero el caso más extremo en este sentido, es la medición de bienestar social que incorporó el reino de Bután a través de lo que llamó la Felicidad Interior Bruta de sus Habitantes (FIBH). La medición del FIBH se realiza conciliando ciertos factores objetivos y subjetivos de la población. Entre los primeros destacan el nivel de vida, la participación en la cultura, la vitalidad de la comunidad y la salud ecológica; mientras que en los segundos se encuentra principalmente el conocer cuán satisfecha está la población con su vida[7].

Esto muestra que el crecimiento económico no es una herramienta que genere de por sí bienestar y felicidad, ya que sus efectos prácticos dependen de cómo se aplique como política. Por esto, medir el bienestar de un país solamente a través del PIB es un elemento cuestionable. Más importante quizás, es medir la manera en que generamos bienestar social a partir de este ingreso.

Sin embargo, la adopción de nuevos mecanismos que midan el bienestar no es algo utópico, ya que existen experiencias concretas y exitosas, que son un buen ejercicio para indagar en los problemas del modelo socioeconómico actual y buscar sus soluciones hacia un modelo más equitativo y sustentable.

En el caso de Chile, el último estudio del PNUD hace una evaluación de la felicidad en Chile. En él, se muestra que la felicidad en Chile habría subido, pero también muestra que existe una alta insatisfacción con la sociedad en que vivimos. Esta dicotomía, está presente también en varios resultados internacionales, como se puede observar, por ejemplo, en el informe mundial de la ONU, donde Chile aparece bien ubicado, en el lugar 43, pero al observar los sentimientos negativos aparece en el lugar 134. Al parecer, nuestra felicidad se relaciona con un sentimiento de individualidad importante, lo que sería una característica particular de nuestra sociedad.

Independiente de cual sea la posición de Chile en estos ordenamientos, es positivo reflexionar sobre el tema debido a que se viven momentos de gran crecimiento económico, pero con gran movilización social, que demandan un mejoramiento del bienestar de la población. Una reflexión necesaria que redefina los límites del crecimiento, y que nos haga volver al origen de un axioma existencial: el mejorar la manera en que vivimos.

Por Francisco Nomez


[1] Helliwell, J., Layard, R., & Sachs, J. (2010). World Happiness Report.

[2] Datos según FMI, estimado a 2012, a precios nominales per cápita.

[4] Stiglitz, J., Sen, A., Fitoussi, J. Comisión Stiglitz : Informe de la comisión sobre la medición del desarrollo económico y el progreso social.

[5] Fernández, D. (2009). ¿Existe el PIB de la felicidad?. El País: Archivo. 27 de Septiembre.

[7] Singer, P. (2011). ¿Podemos aumentar nuestra felicidad Interior Bruta?. Prodavinci: Ideas para el progreso. 18 de Septiembre.

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