Verdeseo

De confianzas y sospechas entre empresas y ciudadanía


El 2 de agosto del 2012 ocurrió un hecho significativo en la confianza/desconfianza entre las empresas y ciudadanía. Por iniciativa de AcciónRSE1, líderes ciudadanos fueron invitados al XII encuentro de empresas gestionadas en el modelo de RS. Entre otros, Iván Fuentes, Pedro Cayuqueo, Giorgio Jackson, Andrea Cisternas, Rolando Jiménez, algunos de ellos partícipes de sendos conflictos entre empresas y comunidades. El nombre del encuentro, bien ad hoc, Ver para Creer, un Chile Inclusivo es posible. Y más aún lo fue el título del panel (Si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir) en el que los gerentes pidieron a los actores de variopintas protestas “que les dijeran qué quieren, cómo ven al país y, sobre todo, qué esperan de las empresas.” Éstos, en un cara a cara, obviamente se lo dijeron.2

Iván Fuentes captó de inmediato que el tema era la desconfianza o, dicho en positivo, el valor de la confianza a la hora de los acuerdos. En claro estilo evocó a su “viejo”, de 87 años, hombre de campo, quién le enseño a vivir en el valor de la palabra empeñada, en el respeto al compromiso adquirido. Eso es la confianza. Lamentablemente una conducta muchas veces transgredida, dijo Fuentes, pues los movimientos sociales llegan a acuerdos con los gobiernos, con las empresas, y todos contentos, “los firma hasta el curita del pueblo”; pero no se cumplen. Hay que recuperar el valor de la palabra empeñada. Los ciudadanos “queremos vivir en buena onda y, en cambio, nos llenamos de mala onda”.

Estos diálogos francos entre diferentes, hay que decirlo, poco se dan en el país, tan signado por la desconfianza (según estudios internacionales, tenemos un indeseable liderazgo en esta emoción, clave en el vivir social). Desconfianza que anida en la mirada incapaz de ver al otro como un legitimo otro3; la mirada del conmigo o sin mí, quién no piensa como yo esta equivocado; acá los buenos, allá lo malos; acá los empresarios, allá la comunidades; y así. Todo en blanco y negro, dual, sin los matices y complejidad propia del vivir asociados, entre sujetos en-red-dados (enredados) y situados con sus deseos, memoria e intereses, a veces en ineludible tensión. En ese marco, es digno de aplauso el encuentro. Como lo destacó Ignacio Larraechea, de AcciónRSE: el resultado lo podremos medir con el paso del tiempo, aunque ya la reacción de los líderes ciudadanos ha sido alentadora. Cuando abrimos espacios de diálogo verdadero, el otro se siente reconocido, respetado y reacciona de manera similar, en un proceso mutuo que tiende a re-humanizar al otro.

Giorgio Jackson, por su parte, apuntó al nexo entre una RS bien gestionada y el desafío humano de la sustentabilidad. Muy bien el nexo, por lo demás, ya que estos encuentros permiten abrir un debate necesario, en tanto conduzca a una fiscalización ciudadana, radical y constructiva, en torno al qué hacer y rol de las empresas que intentan aplicar el modelo de RS. Esto es fundamental. Hasta ahora, el debate informado sobre RS se ha dado en círculos acotados, con una tendencia, entre algunos actores, a la caricatura ideologizada.

Tan importante asunto requiere situarle históricamente para una mejor comprensión. El devenir de la empresa en los últimos siglos ha estado signado por interpelaciones/demandas que le ha ido haciendo la sociedad y ante las cuáles ha debido adaptarse: primero, lo social y los derechos laborales, luego los derechos de los consumidores y regulaciones a los accionistas. En el presente como Historia, ante el cambio de época y el cambio de paradigma social, producto del sufrimiento humano causado por la crisis ecológica planetaria, las empresas también están siendo interpeladas por el desafío de futuro que es la continuidad intergeneracional, léase la sustentabilidLa construcción del concepto contemporáneo de sustentabilidad (una de las ideas-fuerzas centrales del nuevo paradigma social, ecológico y sistémico) emergió y fue instalado por actores de la sociedad civil desde los años 60/70 del siglo pasado. En la agenda de los organismos internacionales lo hizo a partir de los 80 y, en esa co-deriva, a partir de los 90 la sustentabilidad arribó a las empresas como una perturbación con nombre y apellido: Responsabilidad Social (y la palabra perturbación aquí solo significa incidencia-presión, en este caso entre el sistema/idea sustentabilidad y el sistema empresa). Desde entonces, en una respuesta adaptativa, algunas empresas han venido auto-transformándose. Nuevos valores como el consumo responsable, la constatación de los límites de la biósfera al crecimiento económico, el empoderamiento de la ciudadanía y la democratización que implican las nuevas tecnologías de comunicación, entre otros, son emergentes históricos que necesariamente tensionan a las empresas en sus modos de operar más profundos durante la modernidad.

La RS, como modelo de gestión, se basa en el Triple Bottom Line (el concepto es del segundo quinquenio de los noventa, acuñado por el inglés John Elkington4) o Triangulo de la Sustentabilidad, que aspira  a un equilibrio virtuoso entre a) la rentabilidad, b) la responsabilidad ambiental y c) la responsabilidad social con sus públicos internos y externos. Las RS, entonces, conlleva nuevas ideas, nuevas prácticas, nuevas regulaciones y autorregulaciones en ámbitos sociales, operativos, laborales y ambientales. El emergente modelo potencialmente cambia las conversaciones en las empresas (con toda la radicalidad que ello conlleva).

Hasta ahí la teoría y el contexto histórico. Sin embargo, ¿qué ha ocurrido con la RS/sustentabilidad en el vivir?5 En un intento de taxonomía, observamos en la sociedad tres maneras de percibir o tres miradas/acciones ante la RS: 1) Las empresas-sujetos de la incoherencia, que viven la RS desde una lógica de la impostura; 2) Los sujetos-organizaciones que lo hacen desde la lógica de la desconfianza y la sospecha; 3) Las empresas-sujetos-organizaciones que, si bien observan las inconsistencias en la aplicación de la RS, participan de una mirada crítica e histórica a esas brechas de gestión (brechas en el sentido de tránsito).

La primera, la lógica de la impostura en RS,opera en aquellas empresas en las que, entre inversores, directivos y equipos de trabajo, hegemonizan los sujetos que viven el desafío de RS/sustentabilidad con escepticismo o lisa y llanamente con desdén. Para ellos se trata solo de una cuestión a soportar. Ahí campea la incoherencia entre el decir y el hacer en RS. Una amiga consultora, lo dice con ironía: son las empresas en que la gente de operaciones y la gerencia cree que poniendo a una señora buena onda con el timbre de la RS y para hacer lobby con la prensa, estarían haciendo gestión en sustentabilidad. Todo, en una evidente incomprensión del modelo de gestión, pues no se busca un equilibro en el triángulo de la sustentabilidad, sino el incontrastable mando de solo uno de los pilares, aquel que ha sido el leit motiv en la empresa moderna: la maximización de la rentabilidad, sin considerar ni a los ecosistemas ni a las comunidades (estas dos últimos apenas externalidades).

El hecho que existan empresas de la incoherencia e impostura ante la RS, da pie a la existencia del segundo tipo: la lógica de la desconfianza y la sospecha. Esta última suele hablar desde centros ideológicos y en sectores de la ciudadanía con legitima rabia ante las malas prácticas e incoherencias de las empresas de la impostura. Una y otra se retroalimentan. Esta lógica suele desconfiar a priori de cualquier gesto en RS en las empresas. En su desconfianza, los actores de la sospecha no observan ninguna mejoría en sustentabilidad en aquellas empresas que sí intentan con seriedad aplicar el modelo.

Por su parte, las empresas/sujetos del tipo 3 ponen el foco en la crítica y autocrítica constructiva a las brechas de gestión, trascendiendo así a las dos lógicas anteriores. Esta mirada se distancia de las empresas de la impostura por su mayor responsabilidad en la crisis de sustentabilidad, debido a la enorme evidencia del daño ambiental y dolor social que generan. Y también lo hace de la lógica de la sospecha, que soslaya los efectos positivos en la sociedad de la RS (mejores prácticas ambientales y sociales, allí donde se aplica) y por no reconocer el compromiso de diversos actores en la construcción de la RS. Han sido algunos empresarios, gobiernos, ecologistas, sindicatos y ONGs, quien han venido construyendo un modelo cuya máxima expresión a la fecha son las orientaciones de la ISO 26.000 en RS, elaborada entre el 2005 y el 2010 en un esfuerzo participativo planetario y en los gobiernos nacionales.

En síntesis. La empresa de la incoherencia en RS solo actúa interesada y ocupada en los obstáculos, límites y tensiones que la idea fuerza-sustentabilidad impone al lucro y la rentabilidad. La otra, la lógica de la sospecha, actúa desde la desconfianza, ya sea por carecer de sentido para entender la complejidad o bien por permanecer acrítica en el antiguo paradigma del conflicto social excluyente. Por ello, pese a la lucidez y pertinencia de algunos cuestionamientos de la lógica de la sospecha a la empresa de la incoherencia, en tanto carecen de matices, terminan siendo incapaces de distinguir en el vivir concreto a una diversidad de sujetos y empresas que sí tratan de actuar acorde al nuevo modelo de gestión. Ni menos comprenden que el modelo de RS en un sentido profundo e histórico se asocia a la emergencia del paradigma de la sustentabilidad en el contexto de un cambio de época (que es lo que sí hacen sujetos y empresas del tercer tipo, la mirada de las brechas).

Entre los actores/empresas de esta tercera mirada, las comunicaciones y la RS se intersectan estratégicamente porque la tríada emergente opera así: una comunicación (poner en común) en transparencia (coherencia entre el decir y el hacer) es condición para la sustentabilidad de las empresas y de las comunidades.

Volviendo al encuentro del 2 de agosto, seguramente fue esta perspectiva (superadora de brechas) la que animó a los directivos de AcciónRS a invitar a un diálogo a los líderes ciudadanos.  Esta comunicación, aún con inconsistencias y brechas, pero ya un atractor y emergente, opera en dos grandes dominios interrelacionados: la sustentabilidad socio-ambiental y la sustentabilidad emocional. El dominio de la sustentabilidad socio-ambiental, hacia adentro y hacia fuera, es el de las interacciones basadas en el respeto con todos los públicos de interés: gobiernos, comunidades, ONG, inversionistas, medios de comunicación, trabajadores, contratistas, proveedores, grupos ambientalistas, etcétera. Es la pragmática de la reputación y de la licencia social para operar, de la planificación estratégica en sustentabilidad y una gestión ambiental preventiva. Mientras, el dominio de la sustentabilidad emocional es el del arribo a las empresas –en forma de coaching– del concepto de “inteligencia socio-emocional” o de la “conciencia empática”, es decir, el desafío de nuevos estilos de liderazgo, de un vivir en el respeto a la diversidad e incentivar relaciones interpersonales basadas en la colaboración.

Todo esto es un proceso histórico en curso. Es reciente la centralidad estratégica adquirida por las estructuras de comunicaciones y sustentabilidad en algunas empresas y organizaciones. De nuevo, no somos ciegos a las incoherencias en las empresa de la impostura, en las que suele ocurrir que la RS, como simple marketing, se subsume en estructuras también tradicionales de comunicaciones. La RS allí es entendida como filantropía y las comunicaciones persisten en códigos antiguos, aún centradas en poner notas en la prensa y en administrar con ocultamientos las crisis. Pero también están las empresas que, con humanas ambiguedades e inconsistencias, intentan aplicar la RS. Y esto último hace bien a la sociedad, pues conecta a las empresas con la urgencia histórica de la sustentabilidad (la eco-crisis ya no da tregua); ergo, es un desafío para la ciudadanía, fiscalización mediante, colaborar críticamente en que éstas superen sus brechas de gestión en RS. Así como es un desafío para la ciudadanía y los gobiernos exigir a las empresas de la impostura que pongan fin a sus incoherencias.

Recordemos que en Chile grandes crisis socio-ambientales han ocurrido en empresas con un quehacer operativo ajeno a la sustentabilidad, conllevando daños irreparables a ecosistemas y comunidades, amén de millonarias pérdidas económicas y una lesión perdurable a su reputación. La buena noticia, sin embargo, es que esas crisis están actuando como catalizadores de transformaciones hacia una RS más consistente. Ya sea en las propias empresas afectadas o en otras que van incorporando paulatinamente y con más seriedad el modelo de gestión en RS: el de la ISO 26.000. Esta norma, inscrita en el tercer tipo de mirada (de las brechas), precisamente promueve el diálogo tripartito (gobierno, empresas y comunidades) y, en su centro, a una ciudadanía fiscalizadora y proactiva.

Hernán Dinamarca


1 AcciónRSE es la organización que en Chile agrupa a las empresas que reivindican un operar en el modelo de RS.

2 Ver vídeo del panel en: http://www.youtube.com/watch?v=BPo_2oa4e34&feature=player_embedded.

3 Este bello aserto, la legitimidad de otro, es un clásico del maestro Humberto Maturana.

4 En la obra “Cannibals with Forks: The Triple Bottom Line of 21st Century Business (1998), New Society Publishers.

5 A los interesados en el tema sugiero el artículo “Un nuevo modelo de comunicación y sustentabilidad en las empresas” en el que profundizo en esta pregunta, ver link  http://www.fundacioncomunicologia.org/pdf/viajes-hdinamarca.pdf.

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