Ciudad para todos


Cuando Melbourne, Australia, donde vivo actualmente, salió elegida como la ciudad más habitable del mundo de acuerdo al índice de The Economist Intelligence Unit, me pregunté qué tenía Melbourne para estar en esta posición, comparada por ejemplo con Santiago, que está en la posición 27. Claramente hay ciudades que son más agradables para vivir que otras, ciudades donde nos sentimos más o menos seguros; otras donde pareciera que no hay nada para hacer, ciudades caóticas y desorganizadas; así como otras planificadas desde sus inicios. ¿Qué significa que una ciudad sea más o menos habitable? ¿Cómo lo medimos? La respuesta que encontré dista bastante de lo que esperaba. Sin embargo, creo que hay aspectos de Melbourne de los cuales podemos aprender para diseñar una ciudad más habitable.

Como habitante/usuaria de la ciudad, me imaginé que la posición número uno de Melbourne en el ranking de habitabilidad tendría que ver con aspectos que para mí son muy relevantes, como la cantidad y accesibilidad a los espacios públicos y en particular a los parques, la buena calidad y conectividad de sus ciclovías, la sensación de seguridad que uno tiene cuando camina por las calles a cualquier hora, la mezcla y diversidad cultural que se ve en todas partes, el acceso a educación pública gratis y de buena calidad (por lo menos en la enseñanza básica), la incorporación y el acceso a ambientes naturales como la playa o el río dentro de la ciudad.

Melbourne es una ciudad donde el río principal (equivalente al Mapocho) es parte esencial de la vida urbana, con kilómetros de ciclovías y paseos peatonales por ambas orillas. Lo interesante es que nadie se ha adueñado de la orilla del río para construir su casa o restorán, porque se entiende que el río es un espacio público para el uso y aprovechamiento de todos. El río es el lugar donde los padres pasean a su guagua en coche, la gente corre o hace algún otro deporte, donde ocurren las competencias de remo, o donde puedes hacer un asado en alguna de las parrillas eléctricas públicas. De igual forma la playa que está en el sector sur de la ciudad tiene acceso público en toda su extensión; no hay ningún pub o casa privada que se haya adueñado del acceso, porque hay un entendimiento de la playa como lugar público con acceso para todos. Esto por supuesto no es solo un entendimiento, sino que ocurre gracias a la administración municipal e implementación de la infraestructura necesaria para disfrutar estos espacios, como lo son costaneras, baños y duchas, basureros, estacionamientos (de bicicletas y autos), etc. La misma tendencia se observa cuando uno es capaz de atravesar la ciudad en bicicleta en múltiples direcciones, porque las ciclovías están conectadas y usan esos mismos espacios públicos (orillas de río y playa entre otros) para sus recorridos; incluso si esto significa construir una pasarela exclusiva para bicicletas para poder atravesar una carretera urbana (como la Costanera norte) o un paso bajo nivel en un puente. Al mismo tiempo, Melbourne tiene una serie de características que distan bastante del título de ciudad más habitable, tales como: su constante expansión urbana y forma poco densa, poca conectividad y accesibilidad a transporte público (sobre todo en los suburbios más alejados del centro), la excesiva dependencia del automóvil como medio de transporte, el alto costo de la vivienda, y una alta tasa de drogadicción.

En definitiva, el grado de habitabilidad de una ciudad para mí está asociado con en el nivel de conectividad que tienen (o pueden tener) la mayoría de sus habitantes con una serie de elementos, tales como: los otros habitantes de la ciudad a través de espacios de convivencia y diversidad cultural; los espacios públicos y estructuras físicas de la ciudad como calles, edificios y redes de transporte; acceso a centros locales donde se desarrollen actividades económicas, recreativas y sociales; opciones de vivienda y acceso a educación; y conexión con la naturaleza o ambientes naturales en buen estado.

Sin embargo, cuando uno analiza la metodología usada por The Economist Intelligence Unit[1] (EIU) para elaborar el ranking de habitabilidad de ciudades, es claro que lo que están midiendo no es precisamente lo que yo me esperaba. En realidad este ranking fue desarrollado para medir la calidad de vida de las ciudades, con el fin de asignar bonos a los ejecutivos de empresas transnacionales que eran trasladados a otros países. De esta manera mientras peor la calidad de vida de la ciudad, mayor es el bono asignado. A primera vista, el ranking se basa en cinco áreas que ellos definen como: estabilidad, cobertura de salud, cultura y medio ambiente, educación, e infraestructura. Sin embargo, al mirar los detalles de cómo se calculan cada una de estas áreas uno se encuentra con algunas sorpresas. Bajo el indicador de cultura y medio ambiente se miden los niveles de corrupción y restricciones religiosas o sociales, así como la accesibilidad a infraestructura deportiva, pero no se considera el acceso a áreas verdes o la contaminación del aire o el agua. De igual manera, bajo educación sólo se mide la disponibilidad y calidad de la educación privada, lo cual es bastante desconcertante, pero tiene sentido si se piensa que el ranking fue hecho para los ejecutivos de empresas trasnacionales.  En resumen, las razones por las cuales yo pensaba que Melbourne era la ciudad número uno no tenían nada que ver con los indicadores que se usan para este ranking.

A raíz de eso empecé a buscar otros rankings de ciudades y llegué a una versión modificada del EIU[2] que seguía la misma metodología, pero además incluía aspectos espaciales que a mi parecer son determinantes en la habitabilidad de una ciudad, tales como: la tasa de expansión urbana, cantidad de áreas verdes por persona, disponibilidad de recursos naturales y culturales, conectividad con otras ciudades, y contaminación del aire. En esta versión del ranking, Hong Kong, que estaba en el lugar 10 del ranking EIU original, sube al primer lugar debido a su alta densidad urbana (es una ciudad compacta que no se está expandiendo), una amplia red de áreas verdes y buen estado de sus recursos naturales, además de estar bien conectada al resto del mundo.  Al mismo tiempo Santiago cae cinco lugares, quedando número 32 según este ranking modificado.

Me parece que un ranking de habitabilidad de las ciudades del mundo debería considerar la experiencia urbana que tiene mayoría de sus habitantes, es decir una ciudad para todos y no solo para los ejecutivos de empresas transnacionales que pueden financiar educación y salud privada. Lamentablemente el ranking EIU es uno de los más conocidos y citados en el mundo, pero pareciera que pocos saben qué y cómo se mide esa habitabilidad.

Un ranking que está midiendo la calidad de vida de una ciudad debería reflejar las condiciones sociales y ambientales a las cuales se ven enfrentados la mayoría de sus habitantes, así como el acceso que estos pueden tener a una diversidad de servicios y oportunidades.  Una ciudad habitable debería ser también una ciudad sustentable, que no consume más recursos de los que puede generar  y que puede mantener ese nivel de vida o habitabilidad en el tiempo. Es decir, no sirve de mucho que la buena calidad de vida se logre a costa de un altísimo consumo de recursos y energía, que probablemente no se podrá mantener a futuro. Dentro de los aspectos sociales un ranking de habitabilidad debería medir la equidad de acceso a servicios básicos como la educación, salud, agua potable, electricidad y transporte público. Al mismo tiempo debería considerar aspectos de diversidad e inclusión social, acceso a cultura y espacios de integración e intercambio. Dentro de los aspectos ambientales se debería medir la exposición a contaminación del aire y agua, el tratamiento de basura y residuos, las oportunidades que tienen los habitantes para interactuar con ambientes naturales (como parques, ríos y playas), la posibilidad de cultivar tu propia comida en huertos urbanos,  las opciones para utilizar medios de transporte más sustentables como la bicicleta.

Si se tomaran todos estos aspectos en consideración seguramente Melbourne no saldría rankeada la ciudad más habitable del mundo ya que carece de una red de transporte público funcional en toda la extensión de la ciudad, tiene un altísimo nivel de consumo energético de fuentes no renovables, y en ciertos sectores existen problemas de equidad de acceso a vivienda y oportunidades. Sin embargo, sí podríamos aprender de Melbourne el amplio acceso y buen diseño de sus espacios públicos y naturales que están totalmente incorporados a la ciudad para el disfrute de todos sus habitantes, la diversidad cultural y social expresada también en políticas de no discriminación, y el acceso a servicios públicos (bibliotecas, grupos comunitarios, piscinas, etc.) para la mayoría de la población.

Para terminar, es importante destacar que lo que determina la  habitabilidad de una ciudad es modificable, por lo que los ambientes urbanos pueden ser diseñados para ser más o menos vivibles. Por ello es importante que exista una planificación y diseño urbano apropiado a cada ciudad y sus habitantes, para evitar que por defecto las ciudades tomen la forma que determina la especulación inmobiliaria.

Montserrat Lara S.

Máster en Medio Ambiente


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