La coctelera de fin de año: VerDeseo durante el 2012


Coctelera

Durante el 2012 la inequidad fue protagonista, y el medio ambiente su compañero de escenario. Ya no se trataba solamente de la distribución de los ingresos. Luego de varios años de tematizar el problema de la educación, hasta llegar recientemente al escándalo de corrupción de la Comisión Nacional de Acreditación, de pronto nos dimos cuenta que Santiago no era Chile y que las opciones de desarrollo local se estaban discutiendo entre cuatro paredes. Nuestra democracia, así como está planteada, hacía agua. Paradigmáticos ejemplos de lo anterior fueron las termoeléctricas de Castilla y Punta Alcalde, los cerdos de Freirina, los proyectos de inversión en territorios ancestrales, y el megaproyecto hidroeléctrico de HidroAysén.

De pronto nos damos cuenta que un indicador de PIB per cápita semejante al de países industrializados no nos hace necesariamente más felices, sino que a veces menos. Y de pronto se hace evidente un grave problema de convivencia, en la medida que nos cuesta mucho ofrecerles las mismas oportunidades de seguridad y reconocimiento a otros distintos, sea este homosexual como Daniel Zamudio, un pueblo vecino, al que reconocimos en La Haya, un migrante latinoamericano, un miembro de una agrupación indígena, un adulto mayor, o una mujer.

Este año el Programa de las Naciones Unidas (PNUD) en Chile publicó su informe de Desarrollo Humano en torno al bienestar subjetivo. Los autores señalan que en Chile existe un desajuste entre la valoración de la propia experiencia y la valoración del estado de la sociedad, apuntando que este desajuste es también un tema de inequidad. La inequidad está en la distribución de capacidades; entendiendo este último concepto a partir de Amartya Sen, Nobel de economía, quien define la “capacidad” como la habilidad de una persona para hacer actos valiosos, o alcanzar estados para ser valiosos. Por esto, el PNUD sostiene la necesidad de integrar la subjetividad (o felicidad) al centro de la pregunta por el desarrollo.

En este sentido, lo ambiental ha dejado de estar “allá afuera” para entrar a nuestras casas, desdibujando la división entre naturaleza y cultura. El pensamiento del sociólogo John Law puede ser iluminador al respecto. Law sostiene que la naturaleza no está allá afuera, sino que está inserta en una red de elementos heterogéneos, materiales y no materiales, humanos y no humanos que guardan relaciones de simetría. De este modo, se encontrarían a un mismo nivel y relacionados los recursos naturales, los conocimientos que tenemos respecto del medioambiente, los discursos en torno al desarrollo y los procedimientos políticos.

Así, durante el 2012 no sólo nos preguntamos por cómo medir nuestras actitudes hacia el medio ambiente, cómo enseñarlo a las generaciones más jóvenes, o cómo entenderlo en fenómenos empíricos y cotidianos como la construcción de la ciudad, la calefacción y el uso de combustibles. Nos hicimos más conscientes de nuestra injerencia en fenómenos aparentemente naturales, como los tsunamis o el cambio climático y la preservación de reservas naturales. Lentamente vamos incorporando el precario equilibrio ecológico y la potencial crisis planetaria que generan nuestras opciones de consumo.

Sin embargo, más importante aún es, a mi juicio, el hecho de que la cuestión ambiental comenzó a ser parte de nuestras opciones de desarrollo. Repensando la relación de las empresas con el desarrollo sustentable, corroborarando y denunciando los grandes intereses detrás de la privatización de recursos naturales, ya se trate de energía, pesca, agua, o parques nacionales.

Desde el reconocimiento de otros diversos, pasando por la felicidad y los recursos naturales, hasta nuestras opciones de desarrollo, pareciera entonces que “los verdes” no son solo quienes se amarran a los árboles sin entender ni escuchar palabra o razón alguna, como me decía mi padre; sino que lo verde se fue haciendo parte de nuestra vida cotidiana, de nuestro mundo a la mano, y con eso nos fuimos volviendo verdes.

Cada vez más escuchamos lo mucho que nos hemos alejado de la política, y creo que tenemos razones de peso. Por un lado observamos un gobierno que avanza a tropiezos y recambios ministeriales, con programas sociales relevantes como el Ingreso Ético Familiar y el Postnatal, pero que sin lugar a dudas ha estado más interesado en mostrar logros inmediatos, incluso realizando falsas promesas. Por comunicar decisiones apresuradas, muchas veces se puso en jaque la credibilidad de instituciones relevantes como Mideplan o Conicyt.

Por otro lado, vimos cómo nuestra democracia seguía sufriendo: tuvimos una elección municipal que corroboró, mediante la baja participación electoral, el descrédito que tiene nuestra clase política, y puso en el tapete una vez más la lejanía que muchos de nosotros sentimos frente a los partidos políticos, herméticos, sin ganas aparentes de representar las demandas ciudadanas.

Para algunos economistas, estos malestares serían simplemente un “dolor de crecimiento”. Ese diagnóstico apuntaría a la existencia de un paso faltante para la socialización de los beneficios de una economía neoliberal entre las personas. Para quienes apoyan esta tesis, las movilizaciones serían un riesgo, ya que podrían implicar un revés al crecimiento económico mediante la presión ciudadana.

En desacuerdo con esta tesis, yo pienso que producto de las movilizaciones y el descontento ciudadano fue tomando fuerza la idea de extraparlamentarismo, la que pudimos ver con nitidez este año en las movilizaciones en Aysén, en el caso de Castilla, de Patagonia Sin Represas, y la causa de la educación. Lo anterior refuerza el poder de expresión, presión y generación que tenemos como ciudadanos, ya sea como individuos, en colectivos u organizaciones sociales. Así fue como muchos de nosotros participamos de la campaña internacional de Greenpeace para salvar el Ártico. En materia legislativa, y solo gracias a la vigilante acción de muchas organizaciones ciudadanas, se logró visibilizar temas relevantes que podrían haber pasado desapercibidos, así como algunos pequeños avances donde está imperando una lógica privatizadora pocas veces vista. Me refiero a la Ley de Pesca, proyecto de ley que catapultaba la salud de nuestro mar, donde algunos logros hubieron en materia de sustentabilidad. En materia energética, se aprobó la Ley de Generación Eléctrica Residencial (Net-Metering), y se creó una Comisión Permanente de Agua, paso importante para empezar a pensar en una discusión pendiente (pero necesaria y cada vez más urgente) en torno al vital elemento.

Al contrario de algunos personeros políticos y expertos que piensan que la ciudadanía es ignorante e individualista, la sociedad civil ha demostrado este 2012 que es capaz de generar control social a partir del conocimiento informado, así como de presentar propuestas. Es capaz y tiene el derecho de hacerlo, ya que lo que está en juego es el mundo que queremos construir y habitar.

Por María Ignacia Arteaga.

Un Comentario

  1. Bárbara

    Muy buen resumen. Bien fundamentado y articulado.
    Integra muy bien lo que está pasando en la actualidad nacional.
    Felicitaciones!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: