Especial Febrero 2013: La resaca del Jaguar


Los años noventa fueron años de júbilo y celebración en Chile. El Jaguar de Latinoamérica se hizo presente y nos embarcamos en algo así como un largo carrete donde todos lo pasábamos muy bien, llenando el carrito en el supermercado (a veces, eso sí, no comprando nada), llenando malls y casas con bienes de consumo, dejando de una vez por todas de ser un país tercermundista, despegándonos de esa Latinoamérica subdesarrollada que nos tocó y siendo, una vez más, los ingleses de América Latina. El orden y el progreso, el tan ansiado desarrollo, se presentían cerca.

Si bien la anterior es una caricatura y mucha de nuestra cotidianidad estaba lejos de esa realidad, una narrativa de ese tipo nos invadió como país por algún tiempo. Por ahí iba el “soundtrack” que nos acompañaba, y las críticas al sistema (económico y cultural) apuntaban sus dardos a esa realidad. Por eso me parece que los recientes acontecimientos merecen atención desde este fenómeno de descubrimiento de nuestro país y nosotros mismos a la luz de una realidad muchas veces menos luminosa de lo que pensábamos.

Uno de los cambios más importantes en términos discursivos y prácticos de las recientes movilizaciones dice relación con lo que denomino la aparición del otro. Suena extraño, pero es como si de un día para otro, esos 10 millones de chilenos que no viven en Santiago se hubieran hecho presentes. De pronto tomamos conciencia de que en regiones como Aysén hace frío, y que por ende la leña es central. Que hay personas mayores que pasan el invierno bañándose con agua fría, como descubrió el exaltado y al borde de las lágrimas conductor de La Red, Juan José Gurruchaga.

Chile dejó de ser plano, dejó de ser Santiago. Aparecieron climas y recursos naturales diversos, problemas diversos (en el norte falta el agua, en el sur hace frío y al parecer no es tan prístino como pensábamos). También apareció esa chilena, parte de la silenciosa mayoría que compone el 80% de la población, que vive en un hogar (de 4 personas) con un ingreso de no más de $800.000 mensuales; donde la deuda promedio del hogar equivale a 7,5 ingresos mensuales. Si el 80% de los chilenos viven en esas condiciones, entonces probablemente de a poco nos descubrimos como endeudados, y de paso estresados, sobre-vendidos y sin muchas posibilidades y oportunidades[i].

Ese luminoso PIB per cápita de US$16.000 anuales toma nuevos matices cuando descubrimos que gran parte de éste se encuentra en muy pocas manos, que son las mismas que ponen las reglas de juego de la salud, educación, economía (bancos, casas comerciales), energía, etc. En este sentido, si bien el tema de la desigualdad ha estado presente en el discurso público en los últimos años, de a poco los datos aparecen presentados de forma más concreta, accesible y también cruda. Cifras con nombre y apellido (para el caso de las familias más ricas del país y también del mundo) que buscan hacer sentido de casos como el de La Polar, los problemas en la educación o la forma en que pagamos impuestos.

Es cierto, Chile cambió. Aparecieron otros y nos descubrimos, de pronto, como el país desigual e injusto que hemos construido (o dejado construir). El carrete se acaba y el Jaguar despierta con resaca. La cabeza duele, es cierto, pero qué mejor momento para empezar de nuevo, a contarnos (y practicar) un mejor cuento.

El anterior sería uno de los elementos fundamentales de las movilizaciones sociales para muchos observadores, entre los cuales me incluyo. Si bien los cambios en el nivel del discurso (y no inmediatamente en el ámbito político concreto) puede parecer poco o insuficiente, este primer paso no deja de ser importante. Clave aquí ha sido, por ejemplo, la masiva distribución de información antes desconocida o no procesada en las redes sociales (tanto virtuales como no virtuales). Ese rol es uno que la sociedad civil organizada debe mantener y afianzar para así generar contenidos y propuestas desde la ciudadanía que permitan presionar en dirección de los cambios deseados.

Colombina Schaeffer

Estudiante de doctorado en Gobierno y Relaciones Internacionales


[i] Datos tomados de columna publicada en El Mostrador por Marco Kremerman, investigador de la Fundación Sol.

  1. Bárbara

    Muy buen análisis y resumen de lo que hemos estado viviendo, y en qué estamos hoy.
    La foto del gatito (jaguarcito) lo simboliza muy bien.
    Valdría la pena ir pensando que se sugiere para lo que viene.

  2. soledad

    Soy patagona, orgullosa de serlo, soy chilena y espero no perder el orgullo de serlo….chile dejó de ser plano y mi región también.
    Que hoy Aysén sea visible para el país se lo debemos a nuestros muchas veces marginales pescadores artesanales, no se lo debemos a los empresarios, ni comerciantes, ni profesores, ni servidores públicos ni a los coyhaiquinos….de una u otra forma todo está dejando de ser plano ¿estaremos creciendo?

  3. Caritè

    De nohaber sido por las politicas neoliberales impulsadas por elgobiernodel General Pinochet,Chile hoy aun arrastraria la mochila de un 45% de pobres y no habria conseguido elnotable standard de calidad de vida y opcion de elegir en libertad que caracteriza a nuestra sociedad actual. La experiencia universal demuestra,una y otra vez, que solo las politicas neoliberales son capaces de superar la pobreza en elmundo,ejemplo reciente y espectacular esa el casode India.

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