Especial Febrero 2013: El futuro del extraparlamentarismo: De Berlín a Aysén


Para iluminar los tiempos oscuros se necesita vencer el conformismo, los ayseninos están dando un gran paso, pero todavía queda mucho por delante.

Unos de los legados de la Segunda Guerra Mundial fue el modelo de la democracia protegida. Bajo esta solución se establecía como deber del Estado defender a la democracia de sus potenciales enemigos excluyéndolos de sus procesos. Para realizar este movimiento se emplean mecanismos relativamente indirectos como el diseño del sistema electoral o la existencia de instituciones deliberativas excluidas del control democrático. En Alemania se emplearon estas herramientas, luego del fin de la guerra, primero bajo el argumento de impedir la ascensión de grupos nazis al poder y luego con la intención de combatir el comunismo.

El modelo de democracia promovido por Konrad Adenauer y su partido la CDU (Unión Demócrata Cristiana) se basaba en una desconfianza total respecto a los alemanes. Adicionalmente, la desconfianza se conjugaba con una actitud cínica frente a las responsabilidades que cabían a quienes habían participado o apoyado el nacional socialismo, aún más, muchos de esos personajes fueron llamados a formar parte del gobierno e incluso llegaron a algunos de los más altos cargos públicos luego de las leyes de amnistía. Con el correr del tiempo las facultades de exclusión fueron empleadas para mantener a los grupos de oposición política a raya (incluso a la prensa como en el caso del hallanamiento a Der Spiegel en 1962) y asegurar las cuotas de poder de los partidos “oficiales”.

En estos mismos años Alemania vivió su llamado milagro económico, un crecimiento que puso la atención de los alemanes en la adquisición de electrodomésticos y estatus frente a sus pares más que en cualquier asunto político. Responsablemente iban a las urnas cuando correspondía votar, pero para la gran mayoría no parecía una necesidad buscar otras vías de participación política. Al alero del creciente bienestar económico y el silencio agotador de una sociedad conservadora empezaron a surgir movimientos sociales en varias escalas, en un principio al alero del principal partido de oposición, el Partido Social Demócrata (SPD). Pero al notar que la SPD siempre abandonaba a los grupos de bases haciendo a acuerdos con la CDU e incluso llegando a acuerdos de cohabitación en el gobierno, los grupos de protesta fueron haciendo su nicho más allá de los partidos con representación parlamentaria.

Muchos de estos movimientos extra-parlamentarios desembocaron en las acciones de la así llamada generación del ’68. Estos grupos se radicalizaron frente a la insistencia del gobierno por marginalizarlos y encasillarlos como extremistas o violentistas. Sus demandas en contra de las armas nucleares, a favor de una reforma del sistema educacional, o por un modelo de seguridad social más justo no tenían eco en los partidos políticos, por tanto no tenían lugar en una democracia con una concepción tan estrecha de la participación. Por muchos años en lugar de abrirse a la posibilidad de considerar el contenido de las demandas políticas de la generación de postguerra la respuesta fue la represión violenta de estos grupos y su criminalización; por parte de los movimientos la respuesta fue la resistencia, en algunos casos llegando hasta el punto del terrorismo.

En 1983 muchos de los movimientos que habían estado por décadas luchando por un espacio en el debate político alemán hicieron su entrada al parlamento de la mano de los representante electos por el Partido Verde. En 1980 se forma este partido con el objeto de buscar representación para quienes no tenían lugar en una democracia protegida y elitista como la que se había ido estructurando en Alemania. Entre los principios que iluminaban su accionar se encontraban democracia de bases, no violencia, justicia social y sustentabilidad ecológica. Desde su debut en el congreso los verdes han sido uno de los principales motores de la democratización en Alemania, abriendo los espacios de decisión y desafiando las convenciones en torno a los límites de la libertad en una sociedad democrática.

En Chile hemos visto un espiral de protestas por causas que no concitan ninguna clase de representación parlamentaria creíble. Este espiral se desata cuando se vuelve evidente que el modelo de democracia protegida ha sido agotado y ha dejado de ser democrático. La dictadura en Chile impuso un modelo político que limita la participación y adicionalmente altera, a través del sistema electoral, el peso de las preferencias, subsidiando a un grupo particular. Este modelo fue negociado y aceptado por la que luego sería la Concertación, bajo argumentos similares a los que ocupaba Adenauer en Alemania. En lugar de insistir en un modelo de democracia abierta se optó por una salida que con el correr de los años se ha mostrado mutuamente satisfactoria para quienes tomaron parte en las negociaciones de la transición.

Por décadas se ha guardado un incómodo silencio justificando todo en pos del supuesto bien mayor del desarrollo. Ha aumentado la renta del país y se han masificado los bienes de consumo, pero la provisión de los servicios básicos como salud o educación es abiertamente insuficiente y en algunos casos miserable. En una extraña mezcla de ternura y humor macabro todavía muchos esperan que las instituciones funcionen y desde el Gobierno se llama a confiar en estas. Lamentablemente esas instituciones sí están funcionando y lo hacen de un modo abiertamente injusto y anti democrático, tal como fue su misión de origen. Las pocas propuestas que hasta el momento han aparecido por parte de los políticos con oficina en el congreso son abiertamente conservadoras y vienen cargadas con los mismos mecanismos de exclusión que los del modelo vigente. Si la apuesta por un cambio sigue en pie, está más que claro que no se materializará desde dentro del sistema político.

Esa es la encrucijada hoy para los distintos movimientos sociales que han ido ganando espacio durante los últimos meses. Bajo las condiciones ofrecidas sólo ganarán palos y escupos de parte de un gobierno conformado por políticos y empresarios que perderían bastante de lo que tienen asegurado por ley en caso de ceder frente a las demandas ciudadanas. La meta para estos movimientos extraparlamentarios no se encuentra en ganar una negociación, en unos puntos más o menos de tasa de interés o en unos pesos más o menos de impuesto de combustibles. La búsqueda debe ser por ganar puestos de representación con una agenda de cambios políticos claros, las demandas de cada territorio son importantes, pero hay una causa que está por encima de ellas a la hora de asegurar que mendigar al poder central deje de ser una herramienta institucional.

Por fuera de los mecanismos de la democracia sólo replicaríamos los errores de quienes negociaron la transición o incluso de quienes criminalmente hicieron el golpe de Estado. Ni la revolución ni la conspiración darán luz a un futuro libre y democrático. Claramente el desafío es enorme y como ya muchos líderes lo han señalado puede tomar varios años, pero la oportunidad es grande. El ejemplo de la Alemania de posguerra y el ascenso los Verdes alemanes puede ser de gran utilidad para inspirar los movimientos por venir y al mismo tiempo tomar precauciones frente a los tremendos riesgos del poder. Por ahora la responsabilidad colectiva está en fortalecer este movimiento ciudadano, que no vaya ni a la derecha ni a la izquierda, sino que hacia delante.

Leonardo Valenzuela

Candidato a Doctor en Geografía, Universidad de Sídney

  1. Juan Valverde Calderón

    Muy interesante el artículo, pero las realidades de Chile y Alemania son diferentes aunque los objetivos van por el mismo camino. En Chile existe un partido cominista que este año cumple 100 años y en estos momentos tienen en al parlamento 3 diputados y en el movimiento social en el ámbito estudiantil tienen a Camila Vallejos. Existen otros partidos y movimientos que actúan en casi todasa las protestas sociales: Igualdad, Mas, IC. etc.etc. Por ùltimo existe un partido que también se dicen comunistas -PC(AP)- y están en contra del proceso electoral.
    Soy peruano y vivo inintirrumpidamente 19 años en Santiago de Chile.

    • Leonardo Valenzuela

      Hola Juan,

      Ciertamente las trayectorias de cada país son únicas, pero así como descartaría decir que los casos son idénticos, también me cuidaría de señalar que son absolutamente diferentes. Francamente no veo en el Partido Comunista una alternativa viable, considerando que su valoración de la democracia es débil y en términos de contenidos tienden a favorecer una visión del mundo muy determinista. Yo apuesto por un partido verde competitivo, pero a la vez practique activamente una democracia de bases (grassroots) inclusiva.

  2. Jaime

    Ciertamente la historia es el faro del futuro, pero sólo lo ven aquellos que la conocen y logran sacar lecciones de ella y aplicarlas. Haciendo una analogía con lo planteado en este artículo y lo que sucede en el caso chileno, lo acontecido en 1968 en Alemania es lo que está sucediendo en Chile ahora (2012), donde luego el movimiento Aleman vió coronada su acción políticamente en 1983 y siendo optimista en Chile eso sería en 2027. Creo que eso es mucho tiempo, pero sin duda en algún momento hay que comenzar.

    • Leonardo Valenzuela

      Hola Jaime,

      Creo que la historia suele ser muy frecuentemente abusada en la búsqueda de generar una visión unitaria del mundo. Obligamos con la historia en lugar de negociar con ella. Mi intención al hacer un recuento parcial como el del artículo, tiene que ver con mostrar que no es en vano resistir desde el extra parlamentarismo, lo cual además en la eventualidad de una inclusión parlamentaria tiene como ventaja la experiencia de haber estado en esa trinchera.

      El caso alemán tiene condiciones sumamente particulares, no haría equivalencias tan concretas con el caso chileno como para establecer plazos o ritmos. Además, la vida en común carece bastante de linealidad, por lo que un evento x podría desencadenar las más inesperadas consecuencias.

  3. Mario Silva

    Ningún movimiento ciudadano organizado es genuinamente espontáneo.
    Siempre hay detrás sectores comunistas y anarquistas, a veces escondidos y disimulados bajo la masa aparentemente “espontánea”, usándolos como tontos utiles sin perder jamás el norte de establecer, a la larga, un sistema antidemocrático y antilibertario, al costo que sea necesario.
    Por ello estos movimientos ciudadanos no son mas que movimientos de tontos utiles guiados sus hilos por la izquierda antidemocratica, lobos con piel de oveja, y deben ser combatidos con energia.

    • Leonardo Valenzuela

      Hola Mario,

      Concuerdo en que un movimiento ciudadano organizado no es espontáneo, desde el momento que como tu bien dices, es organizado. Ahora, creo que poner el foco del asunto en si es espontáneo o no da lo mismo, si a la larga lo que importa es evaluar cuan justas son las causas y cuan capaz es el movimiento de llevarlas adelante, haciendo públicas sus demandas a pesar de as adversidades.

      Respecto a la idea, un poco acalorada, de que hay “sectores comunistas y anarquistas” que además están “a veces escondidos bajo la masa”, creo que deberías explayarte un poco más y establecer concretamente cómo tales sectores utilizan a los movimientos sociales, de qué modo los convencen y cual es la ganancia que se obtiene de tal acuerdo para ambas partes. Adicionalmente me gustaría que explicaras la relación entre las demandas de movimientos como el de Aysén, Calama, Arica o el estudiantil con un regimen antidemocrático y anti libertario. Si es que es necesario evaluar con esas coordenadas sería el diseño de represión por el que ha optado el gobierno el que ha hecho evidente sus concepciones autoritarias, antidemocráticas y anti libertarias.

      Respecto a combatir a los movimientos con energía, a quiénes llamas a combatir? en tu mente quiénes son tus aliados? Qué tiene de democrático combatir con energía (como tu llamas a hacerlo) a quienes se manifiestan? Bajo tu esquema debería existir trabajo infantil, esclavitud y los indígenas no deberían ser humanos, las mujeres todavía deberían ser consideradas por ley inferiores y carecer de todo derecho político, no deberían existir límites para las jornadas laborales y no nos deberíamos preocupar por las violaciones a los derechos humanos alrededor del mundo y menos tener ninguna clase de consideración por los problemas ambientales que han deteriorado tan intensamente la calidad de vida humana en el planeta. Muchos movimientos sociales en esa línea han alcanzado históricos triunfos, sin que el mundo se lo haya tomado el anarquismo o el comunismo ni que nos hayamos convertido por arte de magia en una radical dictadura anti libertaria. Alucinaciones en política son el germen del extremismo.

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