¿Por qué seguir conmemorando el día de la mujer trabajadora?


el Roto feminista

El 8 de mayo se celebró internacionalmente el día de la mujer, “El día de la mujer trabajadora”, para ser más exactos. La fecha fue proclamada en 1910 por las socialistas europeas, vinculada a los movimientos sufragistas y de derechos laborales para las mujeres obreras. No obstante, el hito que más se vincula a este día es el incendio ocurrido un año después en la fabrica de camisas Triangle Shirtwaist en Nueva York, donde casi centenar y medio de mujeres -y algunos hombres también- murieron quemadas y asfixiadas por el fuego y el humo. Murieron así porque no pudieron escapar del edificio que era su lugar de trabajo, donde fueron encerradas para evitar que se unieran a las protestas de movimientos sindicalistas promovidos por otras mujeres por esos días. Encerradas para producir en obediencia y silencio, encontraron la muerte.

Desde el origen, la conmemoración del día mundial de la mujer está relacionada con la necesidad de igualdad de derechos y participación de las mujeres en los menesteres y beneficios de la forma de vida que llamamos modernidad. Por ejemplo, igualdad de derecho a trabajar, con horarios y salarios adecuados, y sin las injustificables diferencias de condiciones laborales y de sueldo entre hombres y mujeres; igualdad de derecho a participar en la toma de decisiones sobre la vida colectiva, ya sea como votante o como miembro de partidos políticos y gobiernos; y efectiva igualdad de acceso a los beneficios y respeto proclamados como derechos humanos, derechos laborales o derechos de salud, entro otros, así como no recibir un acceso diferente a dichos derechos por motivos religiosos, económicos, ideológicos o biológicos. En este sentido, toda mujer que se pruebe en el campo laboral sabe cuánto pesa en sus oportunidades el hecho de encontrarse en “edad fértil”. En definitiva, las mujeres trabajadoras, las mujeres ciudadanas, las mujeres emprendedoras, las mujeres participantes reivindican su derecho a participar en igualdad de condiciones de los espacios y beneficios por las cuales han votado, peleado, resistido y trabajado, a la par con los hombres.

Aun hoy, en el nivel de los consensos del vivir juntos, las condiciones laborales y legales de las mujeres en el mundo siguen siendo vergonzosamente desiguales. Por ejemplo, en las fábricas textiles de Bangladesh, donde se hace gran parte de la ropa de las más renombradas y populares marcas globales, las condiciones de encierro son similares a las de Triangle Shirtwaist de 1911, donde las mujeres se enferman física y mentalmente debido a las condiciones laborales. En noviembre de 2012 un incendio mató a 112 trabajadores (la mayoría mujeres) en una fábrica proveedora de textiles para Wallmart, Ikea y otras grandes del retail, reabriendo el debate sobre la desigual distribución de los costos y beneficios de la modernidad globalizada. Lo anterior no sucede solo en países menos “desarrollados” o “ricos”. Incluso en la ejemplar Alemania, las mujeres del estado de Baden-Württemberg, uno de los más ricos del país, siguen ganando un 22% menos que los hombres por el mismo trabajo -cifra similar a la chilena- y las/los representantes del Partido Verde llaman a mantener una actitud activamente crítica frente a las desigualdades ante la ley, en los salarios, en la representación política y en el trato. En Chile el panorama no es muy distinto, pues sólo el 13,9 % de los escaños parlamentarios son ocupados por mujeres, aun cuando la población femenina sigue siendo más del 50% de la nación.

Este año 2013 el día internacional de la mujer se centró en la violencia contra la mujer.   Organismos internacionales como el PNUD, con Antonio Banderas como rostro, llamaron la atención sobre el tema y a la necesidad de simplemente, algunas cosas, no permitir(se)las. El énfasis principal se pone en la violencia directa, física o psicológica, pues esta, en su crudeza, encarna lo peor del abuso de poder de hombres contra mujeres. No obstante, las desigualdades laborales y legales, tal vez menos agudas en su expresión, son igualmente violentas en su cronicidad y pseudo-normalidad. ¿No es acaso violento que el excelente trabajo de una mujer valga menos que el de su colega xy, “porque sí”? ¿O que tenga que optar entre “hacer una carrera” o “hacer familia”? ¿No es violento que en política, mientras se enarbola a mujeres como símbolo de la igualdad de género (y supuestamente no como mera decoración), en la práctica las decisiones se sigan tomando en los clubes de Toby del poder?

Y en el nivel de las prácticas en que vivimos cotidianamente, la desigualdad aparece también de formas sutilmente irritantes. Como muestra, un pequeño experimento que he realizado sistemáticamente durante la última década en territorio nacional: si la situación lo permite, tanto al averiguar por algún interesante servicio para mi familia u hogar, como al responder sobre mi disponibilidad para trabajar horas extra, he respondido: “muchas gracias/muy interesante/creo que sí podría ser, pero quiero primero conversarlo con mi marido antes de tomar una decisión/dar una respuesta definitiva”. En el mundo igualitario que me gustaría vivir, yo considero esto un mínimo acto de respeto hacia mi compañero y co-autor de mi proyecto familiar, con quien comparto no sólo coordinaciones y decisiones instrumentales, sino también la tarea de velar por el bienestar de nuestra prole. No obstante, con más frecuencia de la deseada aparecen las risas socarronas y respuestas del tipo: “Sí, claro, vaya a preguntarle a su marido no más…”. Esto explicaría por qué algunas mujeres encuentran como única opción al machismo la práctica de un feminismo igualmente egoísta. No obstante, los debates que sostenemos son sobre igualdad de derechos y respeto.

Epílogo. Mi hija de 15 años me preguntó el 8 de marzo: “¿Y hay un día internacional del hombre?”. Luego me enteré que mi hijo de 10 le había preguntado lo mismo a mi marido. Efectivamente, hay un atisbo de día del hombre (19 de noviembre), no obstante confío que en el mundo que ellos construirán se celebrará día a día el derecho masculino a concentrarse en la crianza por sobre la productividad, a sentir la necesidad de conversar sobre lo que les sucede y a tratar realmente a las mujeres con respeto, sin ser sancionados como débiles, “macabeos” o “hechizados” por las malas artes de brujas y Afroditas. Mientras tanto, mientras el discurso siga tan lejano a las prácticas, habrás que seguir  conmemorando y celebrando el día de la mujer.

Patricia Junge Cerda

Candidata a doctora en antropología, Universidad de Heidelberg

Un Comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: