Verdeseo

Ojalá que la desigualdad no aprenda a andar en bicicleta


valenbisi

Hace unas semanas se anunció el lanzamiento del programa “BikeSantiago”, iniciativa que desplegará una avanzada red de bicicletas públicas en Santiago y que espera alcanzar las 3.000 bicicletas en un plazo de cuatro años.

El proyecto resulta, a todas luces, aplaudible. El fomento al uso de la bicicleta pasa indudablemente por facilitar el acceso a ellas e instancias como ésta debiesen tener una incidencia positiva en la calidad de vida de las y los santiaguinos. Más allá de movilizarse hacia el centro de trabajo o estudio, estos programas promueven un uso recreativo de la bicicleta. Qué mal puede hacer reconocer la ciudad pedaleando.

Lamentablemente, creo, existe un “pero” asociado al programa: tal como se ha anunciado, la instalación de docks se realizará en primera instancia en la zona Oriente de la capital, partiendo por la comuna de Vitacura. La cuestión no estriba en que esas comunas no necesiten de sistemas de transporte público alternativo y accesible, el problema es que no sólo la zona Oriente demanda tales mejoras. El mismo efecto que el plan podría tener en la descongestión por el potencial descenso en el uso de automóviles podría darse en zonas donde se aliviaría el uso del metro –o en aquellos lugares donde el servicio de buses no funciona del todo bien. ¿No les suena Santiago?

Es necesario entender que los sistemas de bicicletas públicas le agregan una nueva “capa” a la ciudad. De la misma forma en que el metro resignifica el espacio urbano, las bicicletas públicas tienden a hacer lo mismo. Por ejemplo, uno de los efectos no deseados de la instalación del programa de bicicletas públicas en Londres dice relación con la exclusión de la zona sur de la ciudad, que es también (¡oh, sorpresa!) la de menores recursos; recién en 2014 y tras años de funcionamiento las “Boris Bikes” (denominadas así en nombre al alcalde de la ciudad) cruzarán la ribera sur del Támesis.

Otro aspecto a considerar tiene relación con la infraestructura asociada a la instalación de un sistema de esta amplitud en la ciudad de Santiago (ver más aquí): ¿por dónde se espera que transiten las nuevas bicicletas de Santiago? ¿Qué sucede con las medidas de seguridad, considerando que el uso de casco es obligatorio en Chile?

Es necesario, finalmente, hacer presente un factor que no ha sido mencionado en medio de la alegría de la noticia. Las bicicletas, tal como se ha confirmado, contarán con sistema GPS –probablemente por razones de seguridad. Ahora bien, ¿quién manejará esa información?, ¿qué uso se le dará? Considerando que los asociados al sistema entregarán permanentemente los datos sobre desde y hacia dónde se movilizan los usuarios, tal cuestión no es menor. Esa información es muy valiosa, y se puede hacer mucho con ella para mejorar la ciudad –tal como se ha hecho en otras latitudes (link en inglés). Lo importante es pensar estas cosas desde ya, antes de la implementación del proyecto.

La implementación de una idea como la de “BikeSantiago” es una muy buena nueva, pero ello no resta que en Chile –ni en Santiago– estemos en posición de mantener un esquema de desigualdades que, en todo nivel, segregan crecientemente a la población. Es también relevante considerar otros aspectos asociados a un cambio de este nivel a la ciudad. Es bueno tomar buenas ideas, pero no podemos seguir copiando sin más afán que la pretensión.

Patricio Velasco Fuentes

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