Verdeseo

WikiLeaks: su historia, su valor y sus contradicciones


Julian-Assange-007

WikiLeaks (WL), el sitio web más subversivo del planeta, fue registrado el 2006 por Julian Assange, un joven australiano de anfibológico pelo blanco, conocido en el submundo de los hackers como Mendax. Este genial y controvertido personaje de la era online explica en su libro de conversaciones sobre criptografía que la misión de WL es recibir información de whistleblowers, hacerla disponible al público general, y después defenderse de los inevitables ataques legales y políticos (Assange 2012).

Los whistleblowers, o “los que tocan el pito”, son quienes dan la voz de alarma al descubrir graves delitos dentro de las instituciones a las que pertenecen como miembros o empleados. La manera más común de alertar al público es revelar información privilegiada como prueba de las faltas cometidas. WL recibe y publica la información clasificada en su página web, haciéndola accesible a cualquiera que tenga conexión de Internet.

El primer logro de WL es básicamente tecnológico: la información es recibida y publicada de manera anónima, no queda ningún rastro físico o cibernético que indique la fuente. Al mismo tiempo, la página está respaldada por un sinnúmero de servidores secretos en distintos países y es prácticamente imposible de bajar. El sitio puede desaparecer del aire cibernético algunos días, pero luego vuelve a surgir desde un nuevo servidor cargada con los mismos secretos.

Daniel Domscheit-Berg, mano derecha de Assange durante los años más prolíficos de WL, declara que el proyecto buscaba subyugar el poder que se ejercita a  puertas cerradas del escrutinio público, con el objetivo de generar trasparencia allí donde más se necesita. Los logros en dicha dirección no tienen precedentes: desde los manuales de Guantánamo Bay (2007), pasando por las comunicaciones internas del Banco Julius Bär (2008), los manuales de Cientología (2008), el video “Asesinato Colateral” (2010), los Diarios de Guerra Afganos (2010), los Registros de Guerra de Iraq (2010), hasta los cables diplomáticos de los Estados Unidos (2010); Wikileaks ha abierto una ventana a las operaciones internas de instituciones publicas y privadas. Con ello la organización no sólo ha puesto al descubierto procesos de toma de decisión y el tipo de influencias que los alimentan, sino también a develado crímenes y delitos[1] que de otra manera seguirían bajo el impune velo del secreto (Domscheit-Berg, 2011).

Una de las publicaciones más importantes en la historia de WL hace referencia a las comunicaciones internas del banco suizo Julius Bär. Los documentos apuntan a una evasión de impuestos a gran escala por parte de un sinnúmero de clientes del banco. Los montos no declarados variaban entre 5 y 100 millones de dólares por cliente (Domscheit-Berg, 2011). El banco demandó a WL en California y logró la deshabilitación del sitio “wikileaks.org”. A pesar de las presiones legales, WL mantuvo los documentos disponibles desde otros sitios web y se ganó el apoyo de organizaciones norteamericanas como la Unión de Libertades Cívicas, la Electronic Frontier Foundation y de medios como Associated Press, Gannett News Service y Los Angeles Times; lo que llevó finalmente a que el fallo judicial se revirtiera. El banco y sus clientes solo lograron echar más luz sobre sus delitos, de modo que WL demostró que podía sostenerse frente a la coacción legal (Leigh, 2011).

Otras publicaciones de WL entregaron evidencia de crueles prácticas de coerción (y tortura) institucionalizadas tanto en la prisión de Guantánamo Bay como al interior del controvertido grupo pseudo-religioso “Cientología”. El documento clasificado de Guantánamo Bay: “Campamento Delta Procedimientos Operacionales Estándar”, acusa del uso de perros para la intimidación de los prisioneros en interrogaciones, los distintos niveles de acceso que se le brinda a la Cruz Roja para tener contacto con los reos (siendo algunos de ellos ocultados completamente de la organización), y las tácticas de manipulación psicológica usadas entre otras prácticas (Wired, 2007).

Al mismo tiempo, los manuales de Cientología revelan que algunos miembros que no han podido, según dicta el dogma cientológico, superar [entiéndase literalmente] el maligno espíritu extraterrestre que yace en su interior, pueden caer en las manos del Proyecto de Fuerza Rehabilitadora (PFR). La PFR opera sobre una marina privada forzando a los miembros en rehabilitación a vestirse con un traje de goma negro de cuerpo completo, comer sobras, dormir un máximo de siete horas, correr de un lado a otro (en vez de caminar) y trotar por la cubierta del barco en círculos; por supuesto, sin quitarse el enterito de goma. Los tripulantes en rehabilitación también deben limpiar letrinas a mano y realizar otras tareas para el mantenimiento de los barcos (Domscheit-Berg, 2011).

 Por otro lado, se presume que las cuatro grandes publicaciones del 2010: el video “Asesinato Colateral”, los Diarios de Guerra Afganos, los Registros de Guerra de Iraq y los cables diplomáticos de los Estados Unidos; son parte de un gigantesco cuerpo de documentos clasificados que Bradley Mannig, un joven analista de inteligencia del ejército de los Estados Unidos, habría entregado a WL después de copiarlos en un CD regrabable bajo la música de Lady Gaga. Estos documentos develan graves crímenes militares y son un importantísimo aporte a la construcción histórica de la guerra en Afganistán y en Irak. Revisemos brevemente cada uno de ellos.

En primer lugar, el video publicado bajo el provocador título “Asesinato Colateral” muestra la perspectiva del cañón de un helicóptero Apache, el cual dispara sobre dos inocentes empleados de la agencia de noticias Reuters. Más sorprendente que las imágenes es la risa y la aparente diversión de las personas detrás del arma[2].

En segundo lugar, en los Diarios de Guerra Afganos se encuentra más evidencia de uso de fuerza excesivo en contra de civiles. Se registran un sinnúmero de eventos en que tropas estadounidenses, británicas, polacas y alemanas disparan en contra de cualquier vehículo que se acerca demasiado. Los documentos develan, a la vez, la existencia de la Task Force 373, un grupo secreto de asesinos cuyos blancos están escritos en una lista confidencial. Esta tropa resultó ser responsable del incidente en que se disparó un cohete sobre una madraza matando siete niños, así como muchos otros eventos antes escondidos bajo el velo de la desinformación. A raíz de esta filtración, hoy se sabe de casi 150 incidentes en Afganistán en los cuales las fuerzas aliadas han matado o herido civiles, la mayoría de los cuales nunca habían sido reportados (Leigh, 2011).

En tercer lugar, los Registros de Guerra de Irak entregan un imponente aporte numérico. Antes de que esta información se hiciera pública no había claridad respecto a cuantos iraquíes civiles habían sido muertos desde su “liberación” por parte de los gobiernos británicos y estadounidenses (Leigh, 2011). La respuesta del general estadounidense, Tommy Franks, había sido “no contamos los cuerpos” (Global Security, 2002). Lamentablemente, la política de silenciar este tipo de estadísticas se propaga hasta hoy. Sin embargo, el documento filtrado demuestra que de hecho el ejército contaba con un registro numérico detallado donde se daba cuenta de 66.081 muertes violentas de civiles. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el registro empieza a fines del 2004, omitiendo las altas bajas del 2003, y termina el 31 de Diciembre del 2009. Además, las figuras estadounidenses son poco fiables por lo sensible de la información en sí misma: muertes civiles causadas directamente por sus actividades militares (Leigh, 2011).

En cuarto lugar, los cables diplomáticos de los Estados Unidos consisten en 251,287 comunicados internos del Departamento de Estado escritos por 251 embajadas en 180 países. La cantidad de información es abrumadora. Entre el ruido de las afirmaciones escasamente diplomáticas y los innumerables pelambres trasatlánticos, se discuten abusos a los derechos humanos, casos de corrupción y dudosas alianzas financieras entre los líderes de las grandes potencias mundiales. Además, los cables develaron que el gobierno de EE.UU requería de sus delegados información personal privada (como por ejemplo, números de tarjetas de crédito) de figuras claves de las Naciones Unidas y en particular del secretario general, Ban Ki-moon. La cantidad y el tipo de información requerida apuntan a un aparente espionaje por parte de la administración en Washington (Leigh, 2011).

Ahora bien, en estos últimos años WL se ha mantenido activa publicando documentos sobre espionaje comercial, correos electrónicos internos de la compañía de seguridad Strarfor y millones de correos electrónicos mandados por el gobierno Sirio, entre otros (Times, 2013). Sin embargo, ha sido Assange mismo quien ha estado en la mira de la prensa mundial después de que en noviembre del 2010 fuera sujeto de una Orden de Arresto Europea por cargos de abuso sexual en Suecia. Después de que la Corte Suprema del Reino Unido revocara su apelación a dicha orden de arresto el año 2012, Assange ha permanecido en la embajada de Ecuador en Londres, donde se le ha conferido asilo diplomático. Recientemente WL ha brindado apoyo legal y diplomático a Edward Snowden, quien en junio de este año entregó a la prensa información clasificada sobre los programas de vigilancia masiva llevados a cabo por los gobiernos de EE.UU y el Reino Unido. La semana pasada el equipo de WikiLeaks ayudó a Snowden a salir legalmente de Hong Kong y a buscar asilo político (Times, 2013).

WikiLeaks no es simplemente otro medio de comunicación. La organización y sus fuentes operan en el terreno de la ilegalidad, pues develar información privilegiada es un delito penalizado por ley en cualquier nación. Para muchos, y con especial fuerza para aquellas autoridades implicadas en las filtraciones, las acciones de WL y sus contribuidores representan graves delitos y deben ser penalizadas. En este sentido, los detractores de WL argumentan que las filtraciones son una amenaza a la seguridad nacional y que ponen en peligro a la ciudadanía. Esta es la posición adoptada por el gobierno de Obama, el cual ha montado una campaña sin precedentes en contra de los whistleblowers[3].

Cabe destacar el procedimiento jurídico-militar en contra de Bradly Manning, quien se encuentra preso desde mayo del 2010 y enfrenta una posible condena de cadena perpetua bajo cargos que incluyen espionaje y ayudar al enemigo (Times, 2013). No obstante, para muchos, Bradly Manning, hoy nominado al Premio Nobel de la Paz, es un héroe, no un criminal. En un chat con Adrian Lamo, ex hacker que luego lo denunciaría a las autoridades, Manning pregunta: “¿si tú tuvieras rienda suelta sobre redes clasificadas, digamos 8-9 meses, y vieras cosas increíbles, cosas horribles, cosas que pertenecen al dominio público, y no a un servidor guardado en un cuarto oscuro en Washington DC, qué harías?”. Y luego afirma: “Dios sabe qué va a pasar ahora: ojalá discusión a nivel mundial, debates y reformas. Si no, entonces estamos condenados como especie… Quiero que el mundo vea la verdad… porque sin información no se pueden tomar decisiones informadas como público”. [Se presume: Bradly Manning] (Leigh, 2011).

Hay algo profundamente conmovedor en las afirmaciones de este joven que, con tanta ingenuidad como valentía, se enfrentó al Pentágono. Hay también un sentido del bien que va mas allá de lo legal y que trasciende las autoridades nacionales. Si nuestros gobiernos y autoridades, si las compañías e instituciones en las que confiamos y, por cierto, financiamos, esconden graves delitos y ponen un velo sobre información que afecta a la población, entonces la revelación de estos secretos no es sólo justa, sino también necesaria. Los whistlerblowers ayudan a la restitución de un balance frente a situaciones de abuso de poder. Estos individuos, poniendo sus vidas y su libertad en peligro, le devuelven el poder de decisión a la ciudadanía, poder que ha sido subyugado bajo los secretos institucionales y de Estado.

Sin embargo, el camino de la denuncia cibernética de WL no está exento de contradicciones. Por un lado, tanto Assange como WL han adoptado una marcada posición política que afecta la línea editorial del sitio. En otras palabras, distan de ser, la persona y la organización, paradigmas de trasparencia y neutralidad periodística. En este sentido resulta interesante el testimonio de Daniel Domscheit-Berg en cuanto el proceso de pérdida de neutralidad al interior de WL. El científico computacional declara que en los inicios del WL se publicaban en orden de llegada todas las denuncias que llegaban al sitio y se hacían disponibles a todos los medios de comunicación por igual. No obstante, una vez que WL ganó fama mundial, hubo que elegir qué publicar y se le dio prioridad a las filtraciones más noticiosas (y en particular aquellas en las que se involucraba a los EE.UU). Además cabe destacar que la página empezó a editar el material y ponerle título como por ejemplo el video “Asesinato Colateral”. La idea era hacer el material más impactante, pero a la vez se fue perdiendo el punto de vista neutro (Domscheit-Berg, 2011).

Por otro lado, Daniel también da testimonio de que diversos medios de comunicación realizaron donaciones a WL (y en ocasiones directamente a Assange) a cambio de ser los primeros en tener acceso a la información filtrada (Domscheit-Berg, 2011). No se sabe hasta qué punto esta acusación es certera, pues la mayoría de los medios en cuestión la niegan. No obstante lo que sí está claro es que WL no rinde cuentas de sus gastos e ingresos de manera trasparente.

El aporte de WikiLeaks en pos de la trasparencia y el derecho ciudadano a elegir de forma informada es innegable, no obstante es insuficiente, y como vimos, no exento de defectos. En esta era del Internet y de la revolución de las comunicaciones el ideal de la libertad de expresión está lejos de ser alcanzado. Una parte importante de la lucha por acercarnos a dicho ideal es buscar formas extra-oficiales de resistencia al abuso de poder como WL, pero también debe haber una lucha interna a las instituciones y a nuestros sistemas judiciales. Necesitamos leyes que protejan, en vez de castigar duramente, a aquellos que denuncian y dan prueba de graves delitos. La ciudadanía jamás puede bajar la guardia frente a su derecho a saber, pues en él se juega su posibilidad de autodeterminación y en ello el futuro de la democracia.

Por Xaviera Ringeling

Bibliografía

  1. Assange, Julian, et. al. (2012). Cypherpunks, Freedom and the Future of the Internet, London and New York: OR Books.
  2. Domscheit-Berg, Daniel (2011). Inside WikiLeaks, My time with Julian Assange at the world’s most dangerous website, Traducido al inglés por Jefferson Chase, London: Jonathan Cape.
  3. Global Security (2002). Success in Afghan war hard to gauge, disponible en: http://www.globalsecurity.org/org/news/2002/020323-attack01.htm,visitado por última vez el 26/6/2013.
  4. Leigh, David y Harding Luke (2011). WikiLeaks, Inside Julian Assange’s War on Secrecy, London: Guardian Books.
  5. Times (2013). Offering Snowden Aid, WikiLeaks Gets Back in the Game, disponible en: http://www.nytimes.com/2013/06/24/world/offering-snowden-aid-wikileaks-gets-back-in-the-game.html?pagewanted=all&_r=2&, visitado por última vez el 26/6/2013.
  6. Wired. (2007). Sensitive Guantánamo Bay Manual Leaked Through Wiki Site, disponible en: http://www.wired.com/politics/onlinerights/news/2007/11/gitmo, visitado por última vez el 26/6/2013.
  7. WikiLeaks (2010) Collateral Murder, disponible en: http://www.collateralmurder.com, visitado por última el 26/6/2013.


[1] Algunas de las revelaciones del sitio han sido de directo interés para Chile, como los dos documentos que prueban que Chile rechazó ayuda extranjera en primera instancia después del terremoto del 2010, o los cables diplomáticos que develan las afirmaciones del actual embajador ante la OEA sobre el presidente Piñera. Cabe destacar también que los cables sacaron a la luz el fuerte lobby por parte de Washington a favor del grupo AES-Gener para la aprobación del polémico proyecto Campiche.

[2] En la página de WL también está disponible un testimonio del soldado estadounidense que rescató a dos niños quienes resultaron gravemente heridos en el incidente.

[3] Thomas Drake un ex oficial de la N.S.A. y John Kiriakou ex agente de la C.I.A. también han sido procesados por hacer pública información confidencial después del 2012.

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