CELCO y el desastre del Río Cruces: un giro inesperado


cisne

La historia de la planta de celulosa Valdivia, del grupo Celco-Arauco, y el desastre ambiental del Río Cruces ha estado cargada de mentiras y negaciones. El año 2004, cuando la planta de celulosa entró en funcionamiento, existían múltiples irregularidades e incumplimientos con el Código Sanitario y la Resolución de Calificación Ambiental, que fueron destapándose lentamente, a medida que los impactos de la planta, como malos olores y muerte de cisnes y otras aves, se hacían evidentes. La respuesta de la empresa en ese tiempo era una negación absoluta de su responsabilidad, que se hacía patente a través de una fuerte campaña de lobby para seguir operando en el status quo. Abundan ejemplos de este tipo de actuar de la empresa, pero dentro de los más emblemáticos – o quizás los que por ser valdiviana recuerdo más vívidamente– se encuentran los siguientes.

El año 2005, Celco contrató al Centro de Estudios CASEB de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC)[1] un estudio paralelo para descalificar y quitar validez al estudio contratado por CONAMA a la Universidad Austral de Chile[2], donde se aseveraba que las actividades de la planta de celulosa habían afectado significativa las condiciones ambientales del humedal del Río Cruces. Recuerdo también una charla a la que asistí en el año 2005 en la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la PUC, donde Alejandro Pérez, entonces Gerente General de Celco, afirmaba que en el momento de emplazar el proyecto la empresa desconocía la existencia de un santuario de la naturaleza y humedal de importancia aguas abajo de la planta. Ese mismo año el profesor de Economía de la PUC, Ernesto Fontaine, en una carta a El Mercurio, hacía cálculos económicos, mal intencionados a mi juicio, preguntando cuánto costaba un cisne y comparaba esto con las utilidades que generaba la empresa, llegando a la conclusión de que si se tomaban las medidas para regular o disminuir la producción de la planta, cada cisne recuperado tendría un “costo” de US$100.000 para el país. De igual forma durante el transcurso del juicio iniciado el año 2005, que se llevaba a cabo por una demanda del Consejo de Defensa del Estado en contra de la empresa Celco-Arauco, ésta hacía todo lo posible por entorpecer el proceso y negar constantemente su responsabilidad en los hechos, incluso hasta mayo[3] del 2013.

Hace 10 años y en este contexto, ¿quién podría haber imaginado que hoy el grupo empresarial Celco-Arauco estaría reconociendo su responsabilidad en los impactos ambientales negativos sobre el humedal del Río Cruces? Increíblemente, esto es exactamente lo que ocurrió. En agosto de este año, luego de que el Primer Juzgado Civil de Valdivia condenara a la empresa por el daño ambiental en el humedal, ocurrido el año 2004, Arauco decidió no apelar a este fallo y emitió un comunicado público donde reconoce la responsabilidad de la empresa en cuanto “los problemas ambientales del Humedal Carlos Anwandter en el año 2004 fueron causados principalmente por la planta de Celulosa Valdivia”[4]. Además explicitan que han tomado esta posición porque permite una pronta y efectiva implementación de las medidas en favor del humedal, lo cual debe llevarse a cabo en un “proceso que debe ser transparente, participativo y técnicamente riguroso, que permita a la comunidad valdiviana, de la cual formamos parte, cumplir con su anhelo respecto del humedal”. Esta posición y planteamiento de la empresa, tan distinta a su tradicional modus operandi en este conflicto, merece un análisis y reflexión, especialmente por lo que podemos aprender de este proceso.

Como bien menciona Claudia Sepúlveda[5], socióloga valdiviana ligada desde sus inicios a este conflicto a nivel personal y profesional, este es un hecho histórico que muestra un fuerte cambio en la cultura interna y organizacional de esta empresa y en la manera de relacionarse con la sociedad. Es un giro en 360⁰, desde una empresa que estuvo 10 años peleada con parte importante de la comunidad valdiviana, a una empresa que es capaz de reconocer sus errores e invitar a re-construir juntos el humedal. Sepúlveda también plantea que este hecho es fruto directo de la acción y presión ciudadana ejercida a lo largo de estos 10 años, que influyó, en conjunto con otros factores, en la reestructuración de la institucionalidad ambiental del país. Claramente Celco-Arauco aprendió algo en estos 10 años y tuvo que realizar importantes cambios al interior de la empresa para que existiera un clima que posibilitara el reconocimiento de su responsabilidad. Esto no ocurrió de un día para otro, e hicieron falta cambios drásticos, como una renovación de la planta gerencial de la empresa, para que esto se facilitara.

Quizás estos cambios ya estaban en marcha hace algún tiempo, pero habían sido mal interpretados por la comunidad, y con justa razón dada la historia del conflicto. Por ejemplo, en el año 2009, apareció un video[6] bastante controversial donde Eugenio Tironi defendía su asesoría de imagen a Arauco, que incluía recomendaciones como el tipo de lenguaje a usar para referirse a los cisnes (por ejemplo, no utilizar las palabras “pájaros” o “bichos” para referirse a los cisnes), y convencerlos de que su negocio dependía de estos animales. Frente a las críticas, Tironi defendía su asesoría, afirmando que si la empresa no estuviera realmente dispuesta a adaptarse y cambiar, él no se habría involucrado. En ese momento pocos creyeron estas palabras y se interpretó esta asesoría como un simple lavado de imagen, un camuflaje de las verdaderas intenciones de la empresa. Sin embargo, al parecer un cambio real estaba sucediendo al interior de Celco-Arauco, que redundaría este año en la aceptación de su responsabilidad en los impactos ambientales al santuario del Río Cruces.

Cabe entonces preguntarse cuáles han sido las motivaciones de Celco-Arauco para movilizar este cambio. Algunos lo atribuyen al proceso de certificación FSC en el cual se encuentra la división forestal de Arauco desde el año 2011, que responde principalmente a la presión de consumidores y mercados internacionales. Sin embargo, pensar que ese es el único incentivo en juego sería perder de vista la larga historia de este conflicto y el rol que han jugado los movimientos ciudadanos, encabezados por Acción por los Cisnes (www.accionporloscisnes.org), en el diálogo (y a veces enfrentamiento) con la empresa. Podríamos decir, que el fuerte movimiento ciudadano que luchó desde sus inicios por un conflicto que era completamente negado por la empresa y las entidades de gobierno responsables, coincidió con una presión en los últimos años por parte del mercado internacional, que ha obligado a Celco-Arauco a certificarse y demostrar que su actividad productiva no está reñida con altos estándares de desempeño ambiental y social.

Todo esto ha hecho que hoy estemos frente a un escenario completamente distinto, donde la empresa forestal más grande del país y la segunda productora mundial de celulosa ha empezado a asumir que los impactos sociales y ambientales de su actividad económica SÍ son su problema. Esta empresa, que hace diez años sencillamente operaba fuera de la ley con una serie de incumplimientos a los permisos y regulaciones ambientales[7], lentamente ha ido entendiendo que su desempeño social y ambiental también es parte de su negocio. En cualquier caso no hay que cantar victoria antes de tiempo, ya que la etapa más importante de este proceso de reconocimiento recién comienza para Celco-Arauco. La verdadera prueba será la forma en que la empresa lidere el proceso de reparación de los daños ambientales y sociales causados al humedal, y la incorporación de lo aprendido durante estos 10 años de conflicto en su actuar futuro. En este proceso de restauración social y de recuperación de confianzas, Celco-Arauco aún debe probarle a la comunidad  que genuinamente se siente responsable de los impactos que generó en el humedal y que su actuar futuro estará inspirado en esta nueva ética de la responsabilidad y el respeto, que va más allá de un cambio técnico en los modos de producción.

Este tipo de cambios encienden una luz de esperanza en varios sentidos. Primero, nos muestran la importancia de la movilización ciudadana en este tipo de conflictos, y que esas luchas que tantas veces parecen no conducir a nada, como si estuviéramos gritando a oídos de sordos, sí pueden generar cambios y tener desenlaces inesperados[8]. Segundo, revelan que actitudes que parecen tan arraigadas en la cultura organizacional y en los altos mandos de algunas empresas, como la arrogancia y falta de respeto por leyes ambientales y sociales pueden cambiar dadas las condiciones y presiones necesarias. Por último, son una señal de que algunas empresas del rubro de los recursos naturales finalmente están empezando a entender que su actividad productiva depende directamente de las relaciones sociales y ambientales que éstas tejen, y que por lo tanto está en su mejor interés hacerse cargo de estos aspectos, en vez de considerarlos como antagónicos a su actividad económica.

Por Montserrat Lara Sutulov

Bióloga y Master en Medio Ambiente


[1]                      Desde el año 2002, la PUC mantiene una alianza con las Empresas Copec, a la cual también pertenece Arauco, a través de la Fundación Copec UC.

[2]                      Universidad Austral de Chile (2005). Estudio sobre origen de mortalidades y disminución poblacional de aves acuáticas en el Santuario de la Naturaleza Carlos Andwanter, en la Provincia de Valdivia. Valdivia: Universidad Austral de Chile.

[3]                      http://www.biobiochile.cl/2013/05/17/cde-no-acepto-conciliacion-con-celulosa-arauco-sentencia-seria-comunicada-en-julio.shtml

[4]                      http://www.arauco.cl/noticias.asp?idq=4485&tipo=2&parent=0

[5]                      Ver columna de El Mostrador: http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/08/28/historico-reconocimiento-de-celco-arauco-el-hito-de-un-cambio-cultural/

[6]http://www.youtube.com/watch?v=nkHjRsLs-o8&feature=channel_page

[7]               Un recuento de estas infracciones se encuentra en: http://www.accionporloscisnes.org/index.php?option=com_content&task=view&id=14&Itemid=29

[8]               Para otros ejemplos de este tipo en relación a campañas como Patagonia Sin Represas, ver: https://verdeseo.cl/2013/08/05/especial-mundos-en-movimiento-vidas-sin-represas/

  1. Pamela Torres

    Una súper buena retrospectiva! Aunque las causas de este mea culpa probablemente seguirán siendo una incógnita, es alentador saber que en 10 años algo ha cambiado.

  2. Excelente artículo, desconozco la normativa ambiental de Chile, pero me pregunto si es una reserva ecológica, ¿Por qué no estaba protegida? ¿Quiénes fueron los responsables de autorizar la construcción de una planta de celulosa? y una vez resueltas las preguntas ¿Por qué no hacen público el Manifiesto de Impacto Ambiental y las medidas de mitigación que la empresa propuso para hacer uso de los factores de producción. Es un orgullo ver que la gente de Chile tenga esta consciencia por el medio ambiente y que siguen peleando por soluciones por sus reservas ecológicas.
    Saludos desde México.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: