Verdeseo

La inversión más natural 2.0


fotos varias

El Parque Nacional Vicente Pérez Rosales es el más antiguo de nuestro país (fue creado en 1926). También es el más visitado, recibiendo a 332,334 personas durante el año 2012. Tiene una variedad de paisajes que van desde el lago Todos los Santos hasta las cumbres de los volcanes Osorno y Tronador. Es el parque que alberga los saltos del río Petrohué, ícono turístico de la Región de Los Lagos, que muchos seguramente hemos visitado en algún viaje al sur.

Desde el año 2001 que no visitaba el parque y la sorpresa que me llevé, al ver el estilo de desarrollo que había tomado, no fue para nada agradable. Lo primero que llamó mi atención fue encontrarme en el acceso de los saltos con un estacionamiento que algún oportunista intentaba cobrar, siendo que ese sector está dentro del Parque Nacional y para ingresar uno debe pagar la entrada de todas maneras.

La segunda sorpresa fue un cartel frente al estacionamiento, donde se hacía propaganda a un nuevo edificio “Proyecto Saltos Río Petrohué”, que estaba en construcción. Como si eso fuera poco, al inicio del sendero que lleva a los saltos se había instalado una señalética de madera que listaba los servicios concesionados del parque, y sus respectivas empresas que eran 12. A estas alturas, yo ya estaba completamente desencantada con la experiencia, pero en fin, seguí caminando por el sendero hasta llegar a la boletería del Parque Nacional. Al momento de pagar me fijé en un anuncio que había en la boletería, donde se mencionaba los derechos de los visitantes en cuanto a recibir un servicio de calidad dentro del área protegida.

Sin embargo, no existía ninguna información sobre los deberes de los visitantes, tales como no remover la flora y fauna, no hacer fogatas, etc. Caminé sin muchas ganas por las pasarelas que van sobre el río y que llevan al mirador desde donde se observan los saltos, cuando comencé a escuchar un fuerte ruido de motores. No entendía muy bien de dónde provenía, hasta que vi la fuente del desagradable rugido: una lancha con dos motores que se paseaba por el río, otorgando a los visitantes una “novedosa y emocionante” forma de experimentar los saltos del río Petrohué. Afortunadamente el río seguía tan hermoso como siempre, con su agua color turquesa y los saltos con su fuerza característica. La única diferencia es que, si antaño uno podía disfrutar del paisaje en un relativo silencio y tranquilidad, ahora el zumbido de los motores dominaba parcialmente la escena.

De regreso por el sendero me crucé con un kiosco donde vendían algo de comidas locales y también se encontraba una persona que promocionaba la increíble experiencia en “jet boat” por el río Petrohué. Al comentarle que el sonido de sus motores era bastante perturbador, respondió que en realidad era una queja común de los visitantes.

Sorprendida por el nuevo rumbo que había tomado el desarrollo turístico de los Saltos del Río Petrohué, seguí camino por el Parque Nacional hacia el sector de Petrohué, esperando encontrar algo más cercano a los recuerdos que tenía del parque. Sin embargo, mi sorpresa fue aún mayor ya que la localidad de Petrohué estaba convertida en un desorden de construcciones, estacionamientos, cafetería y demases, todos ofreciendo algún tipo de servicio sin ninguna fuerza orientadora que diera algo de organización al paisaje de este hermoso lugar. Donde antiguamente sólo existía una hostería, escuela, posta, guardería de Conaf y el botadero de lanchas de la comunidad local a orillas del lago Todos los Santos, ahora se podía encontrar un sinfín de edificaciones sin orden ni planificación aparente, que lo que menos recordaba era a un Parque Nacional. Desilusionada por el estado de mi recordado Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, y sin poder encontrar ese espacio de conexión con el paisaje y el entorno “natural”, partí rumbo a Ralún, donde por lo menos sí me encontré con la riqueza del mundo rural del sur de Chile que todavía sabe a experiencia real sin ese gustillo a sobrevendido y artificial que me había dejado el parque.

El modelo impulsado

El modelo de desarrollo que se está instaurando en las áreas protegidas de nuestro país es la gallina de los huevos de oro, donde el gobierno y los privados ven sendas oportunidades de negocio que se pueden llevar a cabo gracias a la existencia de toda una infraestructura (caminos, baños, soberanía, etc.) gestionada por el Estado a través de CONAF y otras instituciones, y por lo tanto pagada con los impuestos de todos los chilenos. Sernatur, Ministerio de Economía, Ministerio de Agricultura y la administración central de Conaf están convencidos de que la solución para la conservación de las áreas protegidas es convertirlas en polos de desarrollo turístico para impulsar su actividad económica.

Sin embargo, pareciera olvidarse el verdadero objetivo de un área protegida, que es la conservación y protección del patrimonio natural de Chile (Ley que crea el SNASPE Nº 18.362). En el caso del P.N. Vicente Pérez Rosales esto ha llegado al extremo de pretender licitar la administración del parque, moción que afortunadamente no llegó a buen término, en parte, por una fuerte oposición de las comunidades locales, el municipio de Puerto Varas, e incluso del sindicato de trabajadores de Conaf.

Modelos exitosos de cogestión público-privada en áreas protegidas existen en varios países, donde ciertos servicios que se identifican como necesarios para los visitantes se licitan a privados, pero siempre dentro de los lineamientos del área protegida, sin pasar a llevar los objetivos primordiales de ésta. Esta aproximación pasa por un proceso en sentido inverso a lo que se está haciendo en Chile, donde se debería comenzar pensando en el objetivo del área protegida y a partir de esto identificar qué tipo de servicios se requieren, para luego evaluar si estos pueden ser mejor provistos por el Estado o privados. Esto requeriría la existencia de planes de manejo actualizados (el plan de manejo del P.N. Vicente Pérez Rosales no se ha actualizado desde el año 1994); un proceso participativo de identificación de áreas de desarrollo, servicios, necesidades de los turistas y comunidades locales, etc.; un entendimiento compartido entre las distintas instituciones del Estado del objetivo de las áreas protegidas y el rol del Estado en éstas; entre muchos otros requisitos.

Sin embargo, el proceso de licitaciones en áreas protegidas que se está llevando a cabo pareciera entender el problema como un simple proceso de oferta y demanda, donde los privados podrán ofrecer los servicios turísticos que serán licitados por el Estado. Como efectivamente esto es buen negocio, corremos el riesgo de terminar con lugares como Petrohué replicados a lo largo de todas las áreas protegidas del país, y no estoy segura de que esto es lo que todos queremos. Este modelo, a mi parecer, no es para nada sustentable y nos llevará a una situación donde perderemos el foco y verdadero objetivo de las áreas protegidas, que es la protección y conservación del patrimonio cultural y natural del país (ver Ley 18.362).

En ningún caso estoy proponiendo que no se promueva un turismo ligado a la naturaleza en las áreas protegidas de nuestro país, pero sí creo que este turismo debe estar supeditado a los objetivos primordiales de las áreas protegidas y no pasar por sobre ellos, solo por las grandes oportunidades de negocio que ello significa.

Montserrat Lara Sutulov
Bióloga y Master en Medio Ambiente

  1. Que bueno el artículo ya que es un tema importante, de algo que está pasando en Chile y no sé está hablando mucho. Creo que es fundamental tener ojo con los objetivos; si el objetivos de las área protegidas son conservar parte del territorio por su belleza escénica y su importancia ecológica, entre otras, entonces otras actividades, como el turismo, pueden estar presentes pero tienen que respetar el objetivo primordial. Las concesiones son un negocio para el que las administra, y como regla general un negocio o empresa busca maximizar sus utilidades. Ese es su fin. Por lo tanto, ese contexto el gobierno, o en este caso la gerencia de áreas protegidas, tiene que poner las reglas para estas empresas de modo que el fin de la áreas protegidas no sea pasado a llevar por el de una empresas.

    Para esto es necesario realizar una correcta evaluación de las actividades, infraestructura, capacidad de carga, potenciales impactos, etc. (aunque no me gusta mucho el modelo de las concesiones en los parques, por lo menos si se hace tiene que hacerse bien). Y ahí no estamos muy bien; se empiezan a buscar beneficios económicos que pueden traer las áreas protegidas, pero no se hacen cargo de las responsabilidades. ¿Quien evalúa estos proyectos? ¿Con que criterios? ¿A quien consultan? No lo sé, pero una muy mala señal es lo que menciona Montse; el plan de manejo ni siquiera está actualizado, y esto ya lo he visto antes, en la RN Río Cipreses, se licitaron concesiones (que no se llevaron a cabo finalmente) sin estar el plan de manejo actualizado. Estos en un criterio mínimo para decidir que se puede hacer en un área protegida.

    • Jorge Oporto Marín

      Si se continúa a ese ritmo, no cabe duda que Los Saltos del Petrohué serán contaminados y vulnerados sin vuelta atrás. Cuando los visite el año 2007, no pude ver su belleza pues el flujo de agua era mínimo y la entrada muy cara. Como bien dice Montserrat, las personas estacionaban sus vehículos en cualquier parte, existían bolsas y envases de bebidas diseminados por varios sitios y faltaban letreros llamando a cuidar y proteger el medio ambiente, pareciera que las personas que ofrecían algún servicio sólo se preocupaban de hacer su negocio, pero habían olvidado un turismo sustentable. Es una verdadera lástima y la gran responsabilidad o irresponsabilidad es de la autoridad pertinente pues no fiscaliza y también parecen olvidar el principal motivo por el cual se crearon los parques nacionales y áreas protegidas: conservarlas para las generaciones venideras y el disfrute de todos, como también para que nuestro planeta, nuestro hogar, siga VIVO. Un abrazo a Montserrat.

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